Los fenómenos migratorios en Ceuta y Canarias son «vasos comunicantes»

La Cátedra Juan Miguel Sanjuán ofrece un diagnóstico de lo que sucede en la ciudad autónoma

Canarias 7, CANARIAS7 Las Palmas de Gran Canaria, 16-09-2026

Las presiones migratorias sobre Ceuta y la llamada Ruta Canaria «no son eventos inconexos, sino vasos comunicantes». Un incremento drástico en la presión sobre las ciudades españolas en el norte de África altera directamente la dinámica migratoria atlántica en el archipiélago canario, modulada por las complejas alianzas internacionales de España. Así lo considera la Cátedra Juan Miguel Sanjuán, que ha hecho público un diagnóstico sobre lo que sucede en la ciudad autónoma y su paralelismo con las islas.

Cuando Rabat flexibiliza el control fronterizo en Ceuta, «la respuesta inmediata suele ser un refuerzo de la contención en el perímetro terrestre ceutí tras el choque inicial», agrega el informe, que subraya que «el cierre o endurecimiento de la frontera de Ceuta no detiene los flujos del África subsahariana y del propio Magreb, sino que los redirige hacia vías de menor fricción militarizada. La Ruta Canaria se convierte así en la principal válvula de escape».
A diferencia de las fronteras valladas terrestres, «la frontera marítima atlántica de Canarias abarca miles de millas cuadradas. Un taponamiento en el Estrecho empuja a las redes de tráfico de personas a lanzar embarcaciones desde puntos más al sur (costa del Sáhara Occidental, Mauritania y Senegal). Se produce una transferencia de la presión al Atlántico Sur», prosigue el documento.

Asimismo, se incide en que «el refuerzo militar en la verja de Ceuta desplazará el eje migratorio hacia las costas mauritanas y senegalesas, haciendo los trayectos más mortíferos y complejos de interceptar».

También se alerta sobre el hecho de que «Rabat emplea la doctrina del ‘Gran Marruecos’ de forma asimétrica, adaptando la intensidad de sus reclamos según la coyuntura geopolítica». En ese contexto, «Ceuta y Melilla son consideradas por la narrativa oficial marroquí como ‘ciudades ocupadas’. Marruecos utiliza la inmigración masiva como un instrumento de presión demográfica y diplomática para erosionar la viabilidad socioeconómica de ambos enclaves y forzar una eventual negociación sobre su estatus».

En cuanto a Canarias, se señala que «aunque el Estado marroquí no reclama formalmente las Islas Canarias en términos soberanos históricos, sí existe una corriente ultranacionalista que fomenta este irredentismo. El punto crítico real reside en la delimitación de la Plataforma Continental y la Zona Económica Exclusiva (ZEE) al suroeste de Canarias».

Así, «Canarias continuará experimentando picos masivos de llegada de cayucos mientras Marruecos mantenga el control sobre el »grifo« migratorio como palanca diplomática. En paralelo, Rabat busca solapar aguas jurisdiccionales ricas en minerales estratégicos (como el monte submarino Tropic y sus reservas de telurio y cobalto)».

También se hace hincapié en que «la capacidad de España para responder a las maniobras migratorias marroquíes está fuertemente acotada por las relaciones trilaterales de Rabat con Washington y Tel Aviv, en contraste con el titubeante respaldo de la Unión Europea. Desde el reconocimiento por parte de EE UU de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental (en el marco de los Acuerdos de Abraham), Marruecos ha consolidado una posición geopolítica de fuerza».

En cuanto a las consecuencias para España, la Cátedra Juan Miguel Sanjuán destaca que «la OTAN no cubre explícitamente a Ceuta y Melilla (afortunadamente sí a Canarias) bajo el Artículo 5 de su tratado fundacional. Madrid carece de la garantía de que sus aliados occidentales apoyen coercitivamente a España en un diferendo fronterizo o migratorio con Rabat». También se apunta que aunque la UE reconoce a Ceuta, Melilla y Canarias como fronteras exteriores europeas y financia «masivamente a Rabat para el control migratorio, Bruselas prefiere evitar choques diplomáticos directos con Marruecos. La dependencia europea del suministro energético del norte de África y del control antiterrorista limita su firmeza ante estas presiones».

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