¿Somos más de derechas?
Cada vez más votantes que se consideran de centro eligen al PP y Vox
La Vanguardia, , 17-09-2026Primer descenso de una fuerza de ultraderecha en Europa y victoria, aunque por la mínima, de los progresistas. Si bien el resultado responde en buena parte a condicionantes internos, Suecia ha dado la sorpresa en un contexto que acelera en dirección contraria. Demócratas de Suecia (SD) ha sufrido un descenso notable (se queda en el 17,5% de los votos) tras dos décadas de curva ascendente, mientras que los Moderados lograron el sorpasso y recuperan la hegemonía en ese espacio político. ¿Es un indicio de algo?
En realidad, la SD ha logrado un triunfo en los últimos años: formar parte del ecosistema de partidos, dejar de ser un paria político. Ha pasado de mantener conexiones neonazis en los años 80 y 90 a apoyar a los conservadores en el Parlamento y, durante la última campaña, consiguió que la derecha tradicional aceptara formalmente su entrada en el gobierno si ganaban. Más aún, han logrado que no solo los Moderados, sino también los socialdemócratas, hayan virado en algunas de sus posiciones ideológicas, sobre todo en materia migratoria y en el discurso sobre la seguridad.
Los progresistas suecos no han llegado a adoptar las posiciones de sus colegas daneses, pero han evolucionado desde sus tradicionales postulados humanitarios a unos bastante más restrictivos. En la crisis de los refugiados de 2015, Suecia fue uno de los países más aperturistas con los desplazados. La líder socialdemócrata sueca, Magdalena Andersson, ha considerado ahora que aquello fue un error y, aunque no ha perdido el enfoque de la defensa de los derechos de los migrantes, enfatiza mucho más el control en las fronteras y las exigencias de integración. El llamado modelo danés, por su parte, combina la socialdemocracia económica (protección del Estado del bienestar, defensa de los impuestos y de los derechos laborales) con una política migratoria muy restrictiva, lo que convierte a la primera ministra de ese país, la progresista Mette Federiksen, en “la Meloni del norte”, enfrentada con Pedro Sánchez. Hasta tal punto los socialdemócratas que gobiernan Dinamarca siguen el dictado de la extrema derecha en inmigración acompañado de un fuerte nacionalismo cultural, que pusieron en marcha la llamada “ley de guetos”, que permitía al Ejecutivo redactar listas de vecindarios según el nivel educativo, de desempleo, criminalidad o ingresos y, si en ellos existía más de un 50% de población procedente de fuera de la UE, se le aplicaban condiciones particulares, como penas de cárcel agravadas o menos vivienda social para buscar su dispersión. Se justificaba esa distinción precisamente en la necesidad de evitar los guetos, pero la justicia europea dictaminó que incurría en discriminación.
En cualquier caso, son dos muestras de cómo partidos socialdemócratas han asimilado un discurso de mayor dureza contra la inmigración respecto a hace algunos años. Y, si eso ocurre a la izquierda, es obvio que también pasa en la derecha tradicional. Los Moderados suecos que han recuperado fuelle lo han hecho asimilando el discurso de los extremistas en ese aspecto. Se supone que la sociedad se ha escorado y esas fuerzas consideran necesario adaptarse a las nuevas exigencias de sus votantes antes que dejarlos en manos de formaciones de extrema derecha. Pero no en todos los casos ocurre lo mismo. En Alemania, el canciller Friedrich Merz no consigue ese efecto ante el ascenso de la Afd.
En España, las últimas encuestas revelan que Vox sigue al alza y que el PP, que ha endurecido su discurso, se mantiene. Hay algunas voces que repiten que Alberto Núñez Feijóo debería centrar su relato y no competir con Santiago Abascal, pero en el partido creen que eso no haría más que abrir una sangría de votos hacia la extrema derecha. En el fondo, lo que está defendiendo la formación de Feijóo es que el centro político en España se ha desplazado a la derecha. Según esa tesis, el PP solo estaría acompañando las demandas de sus votantes. Veamos algunos datos extraídos del CIS…
La primera constatación es que, según el último barómetro, la suma de los partidos de la derecha supera ya a los de la izquierda. Pero más por la debilidad de éstos que no por un crecimiento propio. En las generales del 2023, el bloque de la derecha atrajo el 46% de los votos y el CIS indica ahora que estarían en el 42%, mientras que la correlación a la izquierda habría pasado del 44% al 40%. La segunda constatación es que dentro de la derecha es Vox la que sigue al alza, con una fidelidad de voto nada menos que del 75% y muy pujante entre los hombres jóvenes.
Sigamos… Cuando se pregunta a los españoles en qué posición se auto ubican en una escala del 1 al 10 entre izquierda y derecha, España arroja una fotografía muy parecida desde hace décadas. Si en 2018, el año en que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa, los entrevistados por el CIS se situaban mayoritariamente en el 4,7, en marzo de este año están… ¡justo en el mismo sitio!
En ese punto de la escala es donde coinciden más del 20% de los electores desde hace muchos años. España seguiría siendo igual de centrista ahora que en tiempos de la UCD… “Lo que cambia es el significado del centro para la población”, apunta Paco Camas, director de investigación de opinión pública de Ipsos – España. Camas añade que el único cambio en esa escala se ha producido en los extremos, cada vez más polarizados. De todas formas, puntualiza que en los años de gobierno de Sánchez se ha ido produciendo una decantación progresiva hacia la derecha, en especial entre los hombres, aunque el último CIS recoge una brusca interrupción de esa tendencia en los últimos meses, algo para lo que no parece haber una explicación clara (ver gráfico adjunto) y que algunos expertos demoscópicos no dudarían en atribuir a un sesgo del director del organismo.
Pese a que la mayoría se siente en el centro, el 80% de la población cree que hay que reforzar las fronteras frente a la inmigración, un asunto del que hace bandera la derecha y que se ha convertido en la segunda preocupación de los encuestados. Dicho de otra forma, seguimos creyendo mayoritariamente que estamos en el centro, aunque hayamos incorporado como prioritarias posiciones tradicionales de la agenda de la derecha como es la inmigración, la seguridad y los impuestos. ¿Representa lo mismo la centralidad ahora que hace veinte años?, ¿o la centralidad es donde se reúnen más votantes? Durante el procés, por ejemplo, algunos dirigentes de Convergència y del PSC se acercaron al independentismo con el argumento de que la centralidad en Catalunya se había desplazado hacia la defensa de la independencia. ¿Sería eso más bien el centro de gravedad sobre el que gira la política en un momento determinado?
Si la agenda se ha volcado en asuntos en los que la derecha se siente más cómoda, el resultado es que el PP y Vox penetran cada vez con más facilidad en el centro sin necesidad de moderar su lenguaje. Lo ponía de manifiesto el sociólogo Ignacio Urquizu en un tuit con un gráfico del CIS en el que puede verse cómo los votantes del PP se sitúan entre el 5 y el 10 en la escala ideológica. Urquizu recordaba que “siempre, el que gana en el 5, gana las elecciones, excepto en 2019”.
En ese mismo gráfico, podemos comprobar cómo el PSOE de Sánchez estaría muy escorado a la izquierda respecto a décadas pasadas y abarcaría del 1 al 4 en la misma escala. Nada menos que el 47% de los que se consideran en el extremo izquierdo votarían al presidente del Gobierno. Los que se sitúan en el centro, centro, es decir, en el 5 de la escala, votarían al PP en casi el 26%, a Vox cerca del 12% y al PSOE el 9%. En definitiva, el PP ocupa ahora más la centralidad (mejor dicho, la percepción de centralidad) que el PSOE. Y Sánchez representa el reverso sueco.
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