Cosas que no se pueden hacer en Ceuta

La Voz de Galicia, César Casal González , 15-09-2026

ay un dicho que atribuyen a los siux que afirma que no opines sobre nadie sin haberte puesto antes su calzado y haber hecho unas cuantas millas para sentir lo que él padece antes de hablar. Es muy fácil poner el grito en el cielo o en el infierno con Ceuta. Es muy fácil, de forma especial, hacerlo desde cualquier ciudad de la Península, sin sufrir nada de lo que allí está pasando. Ves la tele, lees a los tuyos y ya está. Sabes más que cualquier ceutí. Con España polarizada sin remedio, es bueno pensar en las cosas que no pueden hacer los habitantes de esa ciudad desde primeros de agosto. Cosas que tú realizaste en agosto y sigues a ello sin problema. No pudieron irse de vacaciones. Quién se va y deja su casa cuando de golpe tiene a ochenta mil invasores en sus calles. Todavía quedan unos quince mil. No pudieron volver a pisar ninguna playa en agosto. Ni en septiembre. Y mira que tiene playas Ceuta. Playas urbanas, como A Coruña o Vigo. Pues mientras tú bajabas a Riazor cruzando una calle o te ibas a Samil, en Ceuta el verano, que no el calor, se acabó de golpe. El calor se convirtió en una caldera que mezcla todo tipo de olores y odios. Los comerciantes tuvieron que dejar de vivir de sus negocios. Muchos los han cerrado, porque les roban en su cara. Otros los han abierto con el miedo en el cuerpo. Necesitan vender algo para salir adelante. Y lo necesitan sus vecinos, que tienen que comer. Claro que es una crisis humanitaria. Pero con dos afectados. El ejército de menores y mayores de edad que empujaron desde Marruecos a España y que todavía tiene tomadas las playas, las calles, los campamentos que les van improvisando. Y toda la población de Ceuta. Toda. Sigo. Las madres y los padres de Ceuta no pudieron dejar salir a sus hijos a la calle en el último mes de vacaciones del año. Las madres y los padres de Ceuta tuvieron que llevar con terror a sus hijos al colegio. ¿Llevaste tú a tus críos con gas pimienta en la mochila? Los chavales de Ceuta que fueron a clase lo hicieron con seguridad privada en los centros. Pero los ceutíes no fueron los únicos que han dejado de hacer cosas absolutamente normales, a pesar de tener la misma nacionalidad que cualquier español. Los policías destacados allí denuncian que no descansan. Que no libran. Que están en peores instalaciones que los migrantes que han logrado plaza en uno de los nuevos campamentos. Han mostrado fotos de camas en las que tú no echarías ni un minuto de siesta. Ya sabemos que es una situación extraordinaria. Pero a la velocidad que va el Gobierno tiene toda la pinta de que lo extraordinario se está convirtiendo en ordinario. Y eso es el terror para un habitante de Ceuta, que no sabe lo que es salir a pasear con su novia. Que no sabe lo que es ir al parque con sus hijos. Estamos hartos de ver la playa del Tarajal tomada por migrantes en una situación de hacinamiento intolerable. Ya le llaman la playa del Carajal. Marruecos está consiguiendo su objetivo. Que Ceuta no parezca lo que era: una ciudad europea.

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