«El trabajo de pastor exige un nivel técnico muy especializado»
Roberto Urrutia, ganadero de ovino de leche en Artaiz, junto a las faldas del monte Izaga, recibió los premios al mejor puesto y queso durante la pasada feria Autentika. Comenzó en este oficio en 2012 y considera que se trata de un trabajo «con un conocimiento y un nivel técnico muy especializado».
Gara, , 13-09-2026La ganadería extensiva se encuentra en una encrucijada y paradoja innegables. Es un oficio esencial que debería pervivir, pero cada vez las condiciones para su existencia son más adversas. Roberto Urrutia también lo percibe en su caso particular. «No soy muy optimista sobre su futuro», admite, pero tampoco renuncia a seguir peleando por un mundo diferente al «modelo productivista y extractivista», y aplaude que lleguen nuevas generaciones de pastores para renovar el sector.
¿Cómo se inclinó por el oficio de pastor?
Vengo de una familia de pastores. Mi abuelo emigró a América y, a su vuelta, lo que ahorró lo invirtió en un rebaño de ovejas. Se arruinó por varias enfermedades animales, pues en la posguerra no había fármacos para combatirlas. Mi padre también emigró, pero a París. Al cabo de los años, regresó a su tierra y también se dedicó al pastoreo, concretamente en la zona de la Txantrea. Su corraliza estaba en el Polvorín de Ezkaba que se incendió hace casi cuatro años, y ahí estuvo un cuarto de siglo.
¿Cogió su relevo?
En aquellos momentos, yo tenía otros intereses, estaba estudiando y quería hacer muchas cosas en la vida. A la vuelta de 20 años, me lancé a la piscina porque siempre había tenido el gusanillo de ser pastor y me surgió la oportunidad de acceder a un comunal, con aprisco incluido, en Artaiz, un pueblo que está en la falda del monte Izaga. Eso fue en el año 2014, presenté un proyecto de primera instalación y opté a algunas ayudas que, por cierto, parte de ellas nunca me terminaron de llegar.
«Me apasiona mi oficio, disfrutar del campo y verte guiando el rebaño, es algo que me aporta placidez»
¿Se encontró con muchos problemas en esos inicios?
Sí, la verdad. Para recibir ayudas, es obligatorio adquirir útiles nuevos y ello supone una inversión brutal. Además, al no disponer de una superficie lo suficientemente grande, tuve que dedicarme al ovino de leche y, de primeras, se la vendía a la industria. Al final, trabajaba para ellos y te acaban empujando a entrar en una economía de escala, teniendo rebaños más grandes para disponer, a base de volumen, de rentabilidad. Así que decidí lo contrario, que también me iba a dedicar a la transformación, con una marca de queso propia y aprovechando como obrador una bajera familiar en la Txantrea, pequeña, pero que me permitía no tener que realizar un gran gasto y en la que podía cumplir con todas las normativas sanitarias.
¿Qué balance realiza tras estos 12 años como ganadero?
Me apasiona mi oficio, disfrutar del campo y verte guiando el rebaño, me aporta placidez. Esa es la parte positiva. En la negativa, hay que meter muchas horas, se trabaja más de lo que se debería y eso te impide disfrutar de, por ejemplo, unos días de vacaciones o estar tranquilo en una comida con la cuadrilla. Resulta complicado porque mi economía no me permite tener a alguien trabajando conmigo y tampoco encuentras a alguna persona que sea tu socia y se involucre al cien por cien en un proyecto como este.
¿Es esa una de las razones por las que este trabajo está tan desprestigiado?
Y también porque tradicionalmente se relegaban a este oficio a aquellas personas que se entendía que no servían para otra cosa. Sin embargo, los pastores tenemos hoy día un conocimiento y nivel técnico muy especializado, además de capacidad para adoptar las decisiones más adecuadas. Se trata de un trabajo de alta cualificación, en el que es necesario saber manejar rebaños en extensivo, planificar las andadas, atender partos, ordeñar, elaborar el queso y disponer de conocimientos en sanidad animal, entre otras cuestiones. Eso exige un nivel técnico muy especializado.
Roberto Urrutia recibe el premio al mejor queso en la segunda edición de la feria Autentika. (NAIZ)
Esa imagen negativa, ¿se ha potenciado también desde el propio sector?
Ocurre más en la ganadería que en la agricultura donde, por ejemplo, el cultivo de cereal ya está muy adaptado a la tecnología puntera, lo que trae consigo que el trabajo no sea tan sufrido y sí bastante más llevadero. Cuando se manejan animales, es otra cosa muy diferente, te exigen un compromiso diario y para algunos jóvenes que heredan una granja, esto se convierte en una maldición. No soy muy optimista sobre el futuro de la ganadería extensiva.
¿Considera entonces que corre el peligro de desaparecer y que su espacio sea ocupado por macrogranjas?
Ovejas siempre va a haber, pero entiendo que se va a tender hacia grandes rebaños en extensivo, con muchas cabezas de ganado y que las explotaciones medianas o pequeñas vamos a desaparecer. Para nosotros, resulta muy complicado poder acceder a pastos y es una realidad que cada vez hay menos gente que se lanza a una primera instalación en ovino. Creo que ha llegado el momento de que las instituciones locales comiencen a valorar también el que se incluyan cuestiones ecosistémicas en sus pliegos de condiciones para optar a dichos pastos.
Habla de las instituciones, ¿qué papel juegan para impedir que este sector no acabe muriendo?
Es cierto que su discurso actual se centra en apoyar al pequeño y mediano, frente al más grande, pero la realidad después es muy distinta. Las grandes explotaciones tienen mayor capacidad para acceder a subvenciones y ayudas, están vigilantes a este tipo de cuestiones. Muchos proyectos se justifican con los que estamos al pie del cañón, pero el dinero al final se queda en intermediarios, ingenieros, vendedores de maquinaria, etc.
«La escuela de pastores Gidari es una iniciativa muy bonita, que espero cuaje y forme a futuras generaciones de pastores»
Pese a esta coyuntura tan negativa y aunque solo sea un goteo, sigue incorporándose gente joven a la ganadería, cada vez más con fórmulas que no les obliguen a ser tan dependientes de su trabajo.
Como he comentado antes, es difícil encontrar alianzas para dividir el trabajo diario, pero sí que es cierto que hay jóvenes que se animan a plantearse una explotación ganadera y forman cooperativas con ese objetivo. También se han formado empresas de sustitución, que se pueden contratar durante unas vacaciones o un periodo de baja. Hay una que comenzó desarrollando su labor en el Alto Aragón y ya se ha extendido por la Ribera e incluso reclaman sus servicios desde zonas de Castilla.
También ya está en marcha una nueva escuela de pastores, Gidari, ubicada en el pueblo de Erronkari.
Es una iniciativa muy bonita, que espero que cuaje y forme a futuras generaciones de pastores, pero eso tiene que ir acompañado del apoyo institucional para facilitar el acceso a terrenos y que no ocurra, como hace varias décadas, en las que el que era más fuerte económicamente se llevaba las mejores hierbas mediante un sistema de subasta.
Habla de poner en valor la labor que realiza el ganado en el ecosistema. Poco a poco, afloran experiencias de colaboración para que su intervención evite incendios.
Creo que este va a ser el séptimo año que trabajamos esa cuestión con el Ayuntamiento de Atarrabia, municipio en el que hace 30 años que desapareció el ganado. Apostó por el pastoreo en lugar del desbroce a máquina y tiene que ser un ejemplo que debe cundir, incluso el proyecto recibió un premio oficial. El fuego siempre va a llegar, sea de manera accidental, por una negligencia o por un rayo, por ejemplo, y de lo que se trata es de que haya el menor combustible posible en el monte. En esa tarea, el trabajo que realiza el ganado ovino y caprino es diferente a otros, como el vacuno. La mordida de ovejas y cabras es diferente, ramonea más, y su impacto es potente.
Urrutia dirige a su rebaño por uno de los caminos de Artaiz. (Iñigo URIZ / FOKU)
Una tarea que la combina también con la divulgación educativa.
Sí, cuando estoy en Atarrabia, recibo visitas en el campo de centros escolares y también de la Escuela Agroforestal. Es una experiencia muy directa y vivencial, soy de la opinión de que quien conoce las cosas, las cuida y las ama. Y es necesario transmitir a las jóvenes generaciones este oficio ancestral, que es también nuestra cultura, para volver a recuperarlo. Soy pastor por militancia, creo que es una manera de desafiar a este mundo productivista y extractivista, planteando alternativas para mejorarlo.
¿Ha recibido propuestas similares de otros municipios?
Sí, pero en algunos casos quieren que el servicio sea de carácter gratuito y, en otros, el monte ha llegado a un nivel tal de descuido por no hacerle el mantenimiento adecuado, que es necesario previamente realizar algunas acciones, como la retirada de madera, antes de que pueda entrar el ganado para poner en marcha una conservación más regenerativa y sostenida.
Comercializa su propio queso que lo elabora en un obrador urbano, cosa poco habitual.
Me dicen que es el único obrador de quesos urbano de Euskal Herria. No lo sé, lo cierto es que no tiene mayor mérito, ya que fue por circunstancias, para ahorrar costes, y, si pudiera lo acercaría a mi granja, porque es una complicación, pues me obliga a hacer muchos kilómetros.
«La venta directa es la única manera de que los pequeños ganaderos puedan poner en valor su producto»
Y prioriza la venta directa, ¿por qué?
Porque es la única manera para los pequeños ganaderos de poner en valor su producto. Si en esa comercialización entran intermediarios, los márgenes se reducen mucho. Las grandes cadenas de distribución tienen la fuerza de marcarte el precio y este, a veces, es tan elevado que no está al alcance de todos los bolsillos. La venta directa supone un trabajo extra de ir de feria en feria, pero también permite relacionarte con el consumidor, explicarle el proceso de elaboración del queso y eso ayuda a que valore el alimento que compra. Ahora hemos creado una nueva asociación, Laburki, con la que queremos impulsar este método de venta.
Ha recibido un par de premios en la reciente Feria Autentika. ¿considera que este tipo de eventos ayudan a promocionar al pequeño productor y acercan el mundo rural al urbano?
Es innegable que esta feria es un éxito, la gente quiere conocer y ver animales bien cuidados… es un buen escaparate para las razas autóctonas y la ganadería extensiva. Como reflexión, sí que reclamaría que se dé más protagonismo a las asociaciones que promocionan dichas razas, a los que tenemos ganado y a los que estamos en el día a día.
(Puede haber caducado)