Ceuta ya tiene su segunda Lampedusa

Centenares de marroquíes, entre los que predominan los del norte del país, se asientan en Playa de Benítez junto a la desalinizadora tras los conflictos con sus compatriotas del sur en el TrampolínEl 'boom' de las reformas caseras en Ceuta con mano de obra (barata) inmigrante

La Vanguardia, Joaquín VeraJoaquín Vera, 15-09-2026

A la playa del Trampolín, que desde el inicio de la crisis de Ceuta se convirtió en el símbolo del desbordamiento migratorio ante la impotencia de las autoridades, le ha salido competencia. Al otro lado de la desaladora –una infraestructura crítica para el abastecimiento de agua en la ciudad–, en la playa de Benítez se están expandiendo las chabolas, cada vez más robustas, a un ritmo vertiginoso. Las chozas, levantadas con materiales que sus inquilinos recogen en montes, calles o vertederos, ganan terreno sobre la orilla mientras los inmigrantes se afianzan en ellas, aunque no pierden la esperanza de entrar en un centro de acogida. Pero, ¿cómo es posible que germine una nueva Lampedusa en Ceuta, 45 días después de la entrada masiva, cuando se han abierto 4.300 camas humanitarias y los trámites para las expulsiones alcanzan una supuesta “velocidad de ­crucero”?

Brahim lleva en la playa de Benítez desde el fin de semana posterior a la avalancha. Aquellos días no había más de una decena de tiendas de campaña en la zona. Ahora superan el centenar. La experiencia que le otorgan sus casi 50 madrugadas a la intemperie en Benítez le sirve para explicar que detrás del éxodo a su playa está el hostigamiento que grupos de marroquíes de ciudades del sur como Casablanca y Fez están realizando contra sus compatriotas autóctonos de urbes del norte como Tetuán, Castillejos y su Tánger natal. A las hostilidades –reyertas, agresiones, robos– se suman argelinos o tunecinos, según sople el viento. Brahim lleva días recibiendo a sus paisanos, indicándoles sobre dónde pueden levantar sus cabañas. Aunque es consciente de que la arena de las playas de Ceuta es un enorme barril de pólvora.

La emboscada que le tendieron a Abderramán hace tres noches mientras dormía en las inmediaciones de la desaladora le ha llevado a instalarse en Benítez. Cuenta que por las noches el alcohol y el Rivotril corren como en una rave entre los grupos de migrantes que buscan follón. Él dice que se identifica con los que han llegado a España en busca de un empleo. Recuerda que no tuvo tiempo de reaccionar cuando un palo le cruzó la cara. Mientras trataba de levantarse, unos le patearon el costado, como evidencian los moratones en su cuerpo; otros le robaron el móvil y los pocos ahorros que tenía. Setenta euros, para ser exactos. A Adnan le tocó la madrugada del sábado: agresión con arma blanca. Cuenta, mientras enseña las heridas que apenas han cicatrizado, que le atendió la Cruz Roja, que no se atreve a ir al hospital por miedo a ser deportado. Muestra un grupo de WhatsApp en el que se leen mensajes que advierten de que la Policía está acelerando los procedimientos de expulsión.

El ministro del Interior, Fernando Grande – Marlaska, señaló ayer que los triajes de migrantes previos a iniciar los procedimientos de asilo o devolución van a “velocidad de crucero” desde que hace una semana se abriese el centro de atención temporal de extranjeros (CATE). Allí, un centenar de policías, incluidos agentes de Frontex, trabaja “con la mayor celeridad que la propia ley permite”. Pero la norma es tremendamente garantista, por lo que a cada migrante hay que asignarle un expediente individualizado. Se han abierto unos 1.800, aunque aún no se llega a los cien diarios que el Gobierno pronosticaba. Fuentes policiales los sitúan en torno a los 75 por día.

El responsable de Interior también cifró en 5.300 los retornos voluntarios desde el inicio de la crisis. El mismo Grande – Marlaska aseguró el 1 de agosto que, tras la avalancha, solo quedaban en Ceuta alrededor de 2.500 personas.

Las dos Lampedusas de Ceuta están haciendo visible que las estimaciones del Gobierno se quedan cortas. Cuando el Ministerio de Migraciones termine de habilitar “en las próximas fechas” las plazas temporales pendientes, que superarán las 6.000, seguirá quedando –mucha– gente en la calle. La ministra de Infancia, Sira Regó, informó el pasado fin de semana que son unos 2.100 los niños migrantes filiados que continúan en la ciudad. Pero no se atrevió a pronosticar cuántos quedan sin filiar. Adam, de 17 años, es un tangerino que sigue siendo invisible para el sistema español. También sus hermanos de 12 y 15 años, que le acompañan en Benítez.

Ninguno de los tres hermanos quiere volver a Marruecos porque necesitan ayudar a su padre, un viudo de casi 50 años que sobrevive mendigando en las calles de Tánger. Al mayor, Adam, también le robaron el teléfono móvil en una reyerta nocturna, de la que también salió escaldado. Como el inocente que se ve en la necesidad de demostrar que no es culpable, se levanta el apósito de su espalda para mostrar la secuela del navajazo: cinco puntos.

Brahim, que ahora hace de padre de ellos –y de muchos otros marroquíes del norte que van llegando a Benítez–, pide que se refleje que no quieren problemas. Pero avisa de que “todo tiene un límite”. Y si se llega a ese punto, “buscarán ­venganza”.

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