Los nuevos equidistantes

Sucede que la extrema derecha no es derecha. No asume la cosmovisión de la derecha y la supera, sino que ni siquiera llega. En realidad, son infraderecha

ABC, José F. Peláez, 13-09-2026

La derecha es mala. Por lo tanto, la izquierda es buena. Y la extrema izquierda, extremadamente buena. ¿Por qué conformarse con ser de izquierdas –es decir, solamente bueno– cuando puedes ser extremadamente bueno? Eso es lo que deben pensar el 23 por ciento de españoles … que, según el CIS, afirman ser de extrema izquierda, es decir, españoles a los que no les vale la democracia como vía para sus fines y prefieren una revolución que nos lleve a la dictadura del proletariado y a la abolición del Estado. Algo parecido sucede al revés. Como el PSOE es el mal y el PSOE es de izquierdas, la derecha ha de ser necesariamente el bien. Y la extrema derecha –que pasa del 2 al 9 por ciento–, el superbién. ¿Por qué limitarse a oponerse a Sánchez cuando lo puedes hacer desde la atalaya del superbién? Optar por el superbién ayuda a mostrar más compromiso público, a dejar claro que odias a Sánchez más que los del bien a secas. ¿Por qué apostar por la sutileza de la tradición liberal-conservadora –los asquerosos moderaditos– cuando puedes hacerlo desde la radicalidad antisistema?
Hasta aquí la sofisticación intelectual española. Si no te gusta nada Sánchez, eres de derechas. Y si Sánchez no te gusta nada de nada, eres de extrema derecha. Por su parte, si no te gusta nada la extrema derecha, eres de izquierdas. Y si no te gusta nada de nada, eres de extrema izquierda. Y todo esto sin que ni unos ni otros hayan abierto la boca para decir qué piensan, en qué creen ni sobre qué postulados construyen su ideología.

Solo que sucede que la extrema derecha no es derecha. No asume la cosmovisión de la derecha y la supera, sino que ni siquiera llega. En realidad, son infraderecha. Comparten más con la izquierda que con la derecha: por la revolución, contra el Rey, contra la Constitución, contra el libre mercado, contra las élites, contra el IBEX, contra la Iglesia, contra la UE, contra la OTAN, contra la globalización y contra las instituciones. Vamos, que la infraderecha es la izquierda de siempre, pero con xenofobia y nacionalismo. Por eso crece en barrios obreros y estados excomunistas, porque apelan a lo mismo y quieren destruir lo mismo: el Estado de derecho, la división de poderes y los derechos individuales.
No se puede construir desde un negativo. Solo sabiendo qué defendemos podemos saber de quién habremos de hacerlo. Pero cuando surge alguien que lo tiene claro y critica con igual intensidad los tics iliberales de unos y de otros, lo llaman equidistante. La solución parece ser criticar solo a unos y dejar de defender unas ideas para pasar a defender unas siglas, es decir, dejar de ser periodistas para convertirnos en activistas. Tras Sajonia-Anhalt han nacido los nuevos equidistantes: siempre en algún lugar entre la libertad y sus enemigos. Ya verás cuando se enteren de esto los vomitadores de tibios.

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