FP y población inmigrante, una historia de amor correspondido

La Formación Profesional se afianza como una puerta para la integración y el desarrollo profesional de los residentes extranjeros

El País, Elena Sevillano, 14-09-2026

Mohamed Cisse nació en Costa de Marfil en 2001; en 2016, siendo menor, llegó a España y quedó bajo la tutela de la Diputación Foral de Bizkaia. Al cumplir los 18 se apuntó al programa Gazte On: una formación intensiva de seis meses de duración desarrollada por varios centros de Formación Profesional (FP) adheridos, con certificado de profesionalidad. Los cursos se diseñan ad hoc para las empresas, según el perfil que necesitan en cada momento. “Hemos dado una vuelta al sistema”, incide la diputada de Empleo, Cohesión Social e Igualdad, Teresa Laespada. Cisse se especializó en Tratamientos Superficiales (pintura) y entró de prácticas en Haizea Bilbao, que diseña, fabrica y monta grandes estructuras metálicas y cimientos para aerogeneradores. Al acabar su ciclo formativo fue contratado.

Gazte On se dirige a jóvenes tutelados que alcanzan la mayoría de edad y han de salir del sistema; no va enfocado específicamente a población migrante, aunque esta constituya el grueso de sus beneficiarios. Ha dado una oportunidad a Mohamed Cisse, quien necesitaba imperiosamente trabajar para ganarse la vida; pero también ayuda a solucionar el déficit de talento que padece la industria vasca. Un win win en toda regla, que pone cara a la evidente simbiosis entre la FP —tanto la reglada o grados D como la orientada al empleo— y las personas extranjeras. Su matriculación subió a mayor ritmo que el conjunto general en la FP educativa entre los cursos 2018-2019 y 2022-2023: un 47,3% frente a un 29,1%, según un monográfico de CaixaBank Dualiza de 2025.

Luis García, presidente de FPEmpresa —asociación que reúne a los centros de FP de España—, observa este crecimiento año a año en las aulas. “Son chicos y chicas que buscan cualificaciones más cortas, con la finalidad de pasar lo antes posible al mundo laboral”, explica. Los ciclos formativos duran menos, y los públicos —que son los que eligen en su inmensa mayoría— salen más baratos que los grados universitarios. Además, garantizan prácticas obligatorias que abren una puerta al mercado de trabajo. García constata en paralelo un interés de los centros por captar población inmigrante, y aquí no hace distinciones entre privados, concertados o públicos. La reciben como savia nueva capaz de revitalizar programas formativos con muy baja demanda entre el alumnado nacional —“Algunos incluso hay que cerrarlos por falta de matrículas”, admite el presidente de FPEmpresa— pero con muchas salidas profesionales. Técnicos industriales, de mantenimiento, electricidad o construcción.

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“Quizá nos falta orientación para hacer ver lo buenas que son estas formaciones”, lamenta García. La pedagogía habría que hacerla en todo caso con la población española. Las personas que vienen de fuera se lanzan a por esta oferta con el sambenito de poco atractiva ante la posibilidad de trabajo rápido, estable y con un salario adecuado. “Llegan para labrarse un futuro y necesitan formación; son un target relevante”, concede Julio Gil Iglesias, director general de la Fundación Laboral de la Construcción (FLC): un 41,1% de los más de 124.000 profesionales que pasaron por sus aulas en 2025 fueron migrantes.

En junio pasado, FLC anunció un proyecto piloto de formación orientada al empleo —con asesoramiento e intermediación laboral con empresas del ramo— dirigido a extranjeros residentes en España que se encuentren en proceso de regularización extraordinaria. Gil Iglesias está convencido de que dicho proceso nutrirá aún más la FP de talento no español. Un fenómeno al alza “en un contexto de crisis demográfica y déficit de talento”, remachan los investigadores de CaixaBank Dualiza.

Ciclos cortos y presenciales
El curso para trabajadores regularizados de la FLC será presencial y de corta duración (de 30 a 60 horas), pondrá especial énfasis en prevención de riesgos laborales y se centrará en “oficios tan demandados como albañilería, la instalación de placas de yeso laminado, yesista, solador-alicatador, pintura y operador de maquinaria de obra pública”, informa esta fundación en nota de prensa; a continuación, tiene previsto implementar acciones formativas de mayor duración y especialización. Se trata de otro win win de libro entre un sector demandante de mano de obra y una población sin tantos recelos y estereotipos respecto a la construcción, según lo ve Gil Iglesias. “En algunos países, trabajar en esto se considera un oficio de prestigio y estatus social. También es un sector que permite el emprendimiento”, valora.

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Gazte On arrancó en 2020 formando a 120 chicos y chicas. Ya van por 1.054. “Con varias de estas formaciones tienen la posibilidad de sacarse la FP”, expone Laespada. Destaca que la Diputación es una institución muy pegada al territorio, y que por eso puede ejecutar el papel de mediador, triangulando con el mundo formativo y el empresarial. Haizea Bilbao fue una de las primeras empresas en colaborar. Desde 2021 ha ofrecido prácticas a 62 alumnos del programa; contrató a 42, de los cuales 40 continúan en plantilla. “Los resultados son muy buenos; nuestro objetivo es seguir impulsando este tipo de iniciativas para la formación y captación de talento industrial”, declara la diputada.

Mohamed Cisse cuenta en conversación telefónica que estudió una Formación Básica, y después un Grado Medio en el CIFP Elorrieta-Erreka Mari; hizo el programa Gazte On en el centro de FP de Somorrostro, y de ahí entró en Haizea Bilbao. “Estoy muy bien, me gusta el trabajo. Espero tener oportunidades para seguir aprendiendo y formándome profesionalmente en esta empresa”, concluye.

Radiografía de la diversidad
CaixaBank Dualiza concibe la Formación Profesional (FP) como una herramienta estratégica para afrontar los retos derivados de la inmigración, y para promover la cohesión social. Según sus datos, en el curso 2014-2015 había 56.595 estudiantes extranjeros matriculados en toda la FP educativa (grado básico, medio y superior); en el 2024-2025 eran 129.161. Más de 87.000 se concentraban en centros públicos. Las mayores proporciones se dan en las familias profesionales de Instalación y Mantenimiento (48,50%); Textil, Confección y Piel (43,50%); Vidrio y Cerámica (40,60%); Hostelería y Turismo (49,20%); Edificación y Obra Civil (47,20%); Comercio y Marketing (43,70%).

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