Si ganase Le Pen

La líder de la extrema derecha francesa arranca una campaña que puede llevar al poder, con efectos destructivos para Europa y Francia

El País, , 14-09-2026

El camino hacia el palacio del Elíseo es siempre largo e incierto, pero Marine Le Pen cree que esta vez, en su cuarto intento para conquistar la presidencia de la República, lo logrará. La líder de la extrema derecha francesa lanzó este domingo su campaña para las elecciones de la próxima primavera con un mitin en el municipio de Hénin-Beaumont, su feudo en el norte, golpeado por décadas de crisis industrial. Le Pen siente que el viento de la historia sopla a su favor. La victoria aplastante de AfD en el land alemán de Sajonia-Anhalt es el mayor éxito de esta corriente ideológica en Alemania desde 1945, aunque ella se haya distanciado de esta formación por considerarla demasiado radical. Los sondeos indican que, si las presidenciales se celebrasen ahora, la líder del Reagrupamiento Nacional (RN) sería la candidata más votada con claridad en la primera vuelta, con cerca del 30% de votos, y ganaría en la segunda fuese quien fuese el otro candidato. Sus rivales están divididos y esto refuerza sus opciones, y también se ha deshecho de su competidor interno y antiguo delfín, Jordan Bardella. Ha demostrado, además, ser inmune a los problemas con la justicia: la reciente condena judicial por malversación no ha tenido ningún impacto en sus expectativas electorales. Para un número creciente de franceses ya no asusta como lo hacía su padre, Jean-Marie Le Pen, y esto se debe a que ha logrado avanzar a pasos agigantados en su objetivo de desdiabolizar el RN y hacerlo pasar ante la opinión pública como un partido homologable, tan democrático y capaz de gobernar como los demás.

No lo es. Y la tarea prioritaria del resto de partidos —el arco que va de la izquierda ecologista y socialdemócrata a la derecha moderada— es unirse, ofrecer alternativas creíbles y no resignarse a un resultado que no sería un relevo más como los que se han sucedido desde que el general De Gaulle fundó la Quinta República en 1958. No es necesario remontarse a los orígenes del RN, fundado por antiguos colaboracionistas con los nazis y miembros de la OAS, el grupo terrorista contrario a la independencia de Argelia que intentó asesinar a De Gaulle. Ni tampoco hace falta recordar el historial antisemita y xenófobo del Frente Nacional, su antecesor. Basta constatar las implicaciones reales de sus propuestas. En inmigración, impondría la discriminatoria “prioridad nacional” y chocaría en muchos puntos con la Constitución y las normas europeas. En economía, sus promesas ilusorias poco harían para sacar al país del marasmo, y lo agravarían. En política exterior, Francia daría un giro prorruso, que dejaría a Ucrania en la estacada, y descaradamente antieuropeísta (“Soy profundamente euroescéptica”, proclamó en una entrevista con EL PAÍS). Si llegase a la presidencia quien ha coqueteado con el Frexit y la salida del euro, y cuenta además con las simpatías de Vladímir Putin y Donald Trump, los efectos serían corrosivos, si no directamente destructivos, para el proyecto europeo. Y para Francia, que sería un país más débil y más dependiente de potencias extranjeras. Menos soberano. Las críticas a AfD —mucho más alejada que el RN del poder a escala nacional— o los intentos por normalizarse no deberían distraer de las consecuencias nefastas de su victoria para los franceses y todos los europeos. Nunca esta posibilidad ha sido tan real.

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