Ceuta, el laboratorio soñado por la extrema derecha
Como en otras situaciones de crisis, el contingente habitual de perfiles, cuentas falsas y pseudomedios ultra ha irrumpido en la conversación digital
El País, , 14-09-2026De todas las conversaciones que he cruzado con ceutíes durante los últimos 45 días, ninguna me ha impresionado tanto como la que mantuve con una mujer que me explicaba el proceso de transformación interior que ha experimentado desde la entrada masiva de migrantes del 30 de julio y, con ella, la mutación de Ceuta. De ciudad alegre y amable, hemos pasado a un escenario cuasibélico, con soldados armados hasta los dientes en las puertas de los supermercados. “Me asusto de lo que siento”, confesaba. Su talante apacible, humanista y solidario convive ahora con un fuerte rechazo a los inmigrantes que han ocupado calles, parques, montes y playas. Simplemente, prefiere no verlos. Mi vecina ha pasado el verano sumergida en una batalla de emociones, renunciando a paseos, noches fuera y cenas en terraza como un autoimpuesto régimen de supervivencia. Y como ella, otros muchos ciudadanos. Estos son los “fachas” o “racistas” que tan alegremente señalan algunos ignorantes de la realidad de la ciudad.
El fantasma del odio merodea estos días por Ceuta en medio de un escenario humano de gran vulnerabilidad, para regocijo de una extrema derecha que sabe espolear la desgracia con maestría desde que las redes sociales irrumpieron en nuestras vidas y lo cambiaron todo. En Ceuta no lo tienen difícil: convergen todos los elementos que necesitan. No precisan inocular miedo porque ya se lo han encontrado.
Para muchos ciudadanos, redes como X o Facebook no son solo una vía complementaria de información, sino la ventana desde la que interpretan la crisis, comentan su evolución y expresan sus miedos, sus enfados, más que justificados, y una sensación de traición y abandono generalizada. En medio de la zozobra, cualquier canal que acompañe y sea capaz de generar una comunidad unida frente a la adversidad es bienvenido.
Como en otras situaciones de crisis, el contingente habitual de perfiles, cuentas falsas y pseudomedios ultra ha irrumpido en la conversación digital. Detectan la temperatura emocional local y producen contenidos que la elevan. Triunfan porque encajan con lo que la audiencia siente y cabalgan a lomos de un algoritmo que favorece cualquier emoción desbocada. Su “empatía” no es sino una recarga adicional de miedo, ira, enfado y odio inoculada a una audiencia sensible y necesitada de escucha y soluciones.
En la realidad de Ceuta conviven dos conceptos: españolidad a ultranza y reto migratorio. Con ellos, las fuerzas ultras hacen estos días encaje de bolillos en las plataformas digitales a base de épica e inteligencia artificial. La derecha radical no ha generado la españolidad de Ceuta, pero ha comprendido su profundidad y trata de apropiársela cuando se trata de un sentimiento transversal a ideologías, clases sociales y religiones. Los ceutíes son españoles sin complejos, algo que todos los partidos deberían comprender al afinar sus estrategias de comunicación hacia la ciudad autónoma.
La crisis de Ceuta es también perfecta para manosear a placer la inmigración, uno de los grandes tótems electorales de la derecha radical. Permite hablar de inseguridad, pérdida de soberanía, amenaza cultural y fracaso institucional. Un argumentario global que ha animado a medios e influencers ultraconservadores extranjeros a viajar a Ceuta buscando escenas útiles para sus propias batallas políticas.
“Quieren ir a EE UU”, aseguró el domingo el trumpista Joey Mannarino desde la playa del Trampolín, junto a afirmaciones como “el sueño europeo se ha terminado” o “si Franco estuviera gobernando España, Ceuta no tendría ni un solo marroquí acampado en la playa”. Junto a él, otra conocida influencer del ramo se encuentra en la ciudad para ejercer el periodismo ciudadano. Eso sí, con la nariz tapada: “Hoy tuve el gran deshonor de interactuar con algunos de los migrantes que invadieron Ceuta”.
El paraperiodismo ultra aterriza en la playa al tiempo que resurge otro viejo conocido de sus estrategias: el acoso a medios nacionales y locales. Del tuit a la calle, donde reporteros han sufrido empujones, insultos y sabotajes.
En una ciudad como Ceuta, donde los musulmanes representan casi la mitad de la población, la extrema derecha es el peor compañero de viaje. Pero este interminable y agónico drama humanitario, migratorio y social le regala un campo de juego inmejorable. “La democracia no sirve si la gente no puede cubrir sus necesidades”, aseguraba ayer en este mismo periódico el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Existe en Ceuta una urgente necesidad de normalidad y un riesgo real de que el miedo, el cansancio y la sensación de abandono terminen transformándose en una identidad política. Ahí es donde la extrema derecha espera, paciente, ofreciendo fórmulas sencillas para problemas extraordinariamente complejos.
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