La tasa de temporalidad baja del 25 al 15% por el efecto de la reforma laboral de 2021

El beneficio es más intenso entre jóvenes, mujeres e inmigrantes, según un estudio del centro vasco Iseak sobre la calidad en el empleo

Diario Vasco, Mikel Madinabeitia, 14-09-2026

Durante décadas, España ha arrastrado una de las tasas de temporalidad más altas de Europa, un factor con consecuencias directas sobre la pobreza y la desigualdad social. La economía nacional funcionaba con un núcleo estable de trabajadores blindados por contratos indefinidos y un segmento masivo de empleados temporales que rotaban continuamente entre empleos precarios. La reforma laboral de 2021, que llevó el sello de la ministra de Trabajo Yolanda Díaz (Sumar), se propuso revertir esta dualidad estructural y el objetivo numérico se ha cumplido con creces, ya que la temporalidad contractual ha caído del 25,8 por ciento al 15,5 por ciento entre 2019 y 2024, según un informe elaborado por Lucía Gorjón, Gonzalo Romero e Imanol Lizarraga, de la Fundación Iseak. Este hito histórico ha situado al país por debajo de la media europea por primera vez en los últimos decenios. Sin embargo, el informe plantea una reflexión más profunda y se pregunta si ese cambio en el nombre del contrato provocó una mejora real en la estabilidad del empleo en España.

Para responder a esta cuestión, los investigadores de Iseak han medido la supervivencia de los contratos a través del estimador Kaplan – Meier, analizando la probabilidad de que un vínculo laboral siga activo una vez superado un determinado umbral de días. La conclusión de este centro vasco de investigación y transferencia económica y social especializado en el diagnóstico de problemáticas sociales y la evaluación de impacto de políticas mediante la analítica de datos es esperanzadora. Confirma que los nuevos contratos firmados presentan una mayor probabilidad de seguir activos tras la reforma. Antes del cambio normativo, en 2019, la probabilidad de que un contrato siguiera en vigor tras el primer mes era inferior al cincuenta por ciento, concretamente del 49,1 por ciento. Tras la reforma, en 2022, esa supervivencia a treinta días escaló al 56,3 por ciento, lo que supone una mejora de algo más de siete puntos porcentuales. Se trata de un salto estadístico notable que demuestra que el mercado no solo ha cambiado la nomenclatura burocrática, sino que ha otorgado un horizonte más extenso a los trabajadores.

Aquí es donde entra la gran paradoja que desvela el estudio. Aunque la estabilidad general ha mejorado enormemente y los episodios laborales temporales se han reducido casi a la mitad, el empleo indefinido tiene hoy una menor duración tras la reforma. Podría sonar contradictorio, pero tiene una explicación lógica ligada a un cambio en la composición de las personas que acceden a él.

Imaginemos un club exclusivo donde solo entran las personas con los sueldos más altos de la ciudad; la media de riqueza de ese local será altísima. Si de repente el club abre sus puertas a toda la clase media, la riqueza particular de cada persona no cambia, pero la media aritmética de dinero de los asistentes dentro del local bajará drásticamente. En el mercado laboral ha ocurrido exactamente lo mismo, ya que el informe constata que «existe un trasvase de personas trabajadoras hacia la contratación indefinida». Quienes antes habrían firmado un contrato temporal con alta probabilidad de interrupción, ahora firman un indefinido, por lo que el colectivo general es mucho más heterogéneo y eso reduce la probabilidad de supervivencia global del contrato fijo.

Esta asimilación de la antigua precariedad también se observa claramente en la figura del fijo discontinuo, una modalidad que se multiplicó por cuatro desde la entrada en vigor de la norma legislativa. Varios estudios cifran en más de 8 millones los contratos de este tipo registrados en España en los últimos cuatro años, 110.000 de ellos en Euskadi. Aunque los datos de la Fundación Iseak muestran que estos contratos tienen una supervivencia descendente tras la reforma y claramente inferior a la de los convencionales.

Tal y como detalla el documento, estos fijos discontinuos «habrían absorbido parte de la precariedad que antes canalizaban los temporales». A efectos prácticos, un camarero que antes firmaba cinco contratos eventuales distintos para cubrir los picos de trabajo de los meses de verano o Semana Santa, ahora tiene un único contrato fijo discontinuo en el que persisten los periodos de inactividad, lo que se traduce en curvas de supervivencia más bajas en el papel.

Pese a estos matices analíticos, el balance es indudablemente positivo para los sectores históricamente más castigados del tablero laboral. El documento señala de forma explícita que «los colectivos más beneficiados son las mujeres, los menores de 30 y las personas extranjeras». Las mujeres, que partían de una posición de mayor precariedad que los hombres, han visto aumentar la supervivencia de sus contratos tras el primer mes en 7,6 puntos porcentuales en 2022, reduciendo la distancia con el sector masculino, si bien la investigación advierte de que la brecha de género persiste en la actualidad.

Las personas jóvenes (16 – 29 años) son quienes más han mejorado. La supervivencia un mes después del inicio del episodio de empleo pasó del 44,9% en 2019 al 53,6% en 2022 (8,7 puntos), y a los seis meses, del 39,2% al 46,9% (7,7 puntos). A pesar de esta mejora, la mayor de todos los grupos, siguen siendo el colectivo con menor estabilidad contractual.

El camino hacia un mercado de trabajo saneado no termina con estos buenos datos. La Fundación Iseak lanza una propuesta final para seguir avanzando en la reducción de la pobreza laboral y sugiere que la siguiente tarea pendiente es «aplicar la misma lógica de esta reforma a la jornada parcial». Su recomendación estructural pasa por establecer la jornada completa como la forma ordinaria de contratación en España, reservando la parcialidad únicamente para situaciones plenamente justificadas.

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