“Hay que salir de la cajita mental de confort y no tener miedo a intentar algo nuevo”
Al frente de la Fundación Koine Aequialitas, dedicada al desarrollo social y la empleabilidad, desgrana los retos a los que se enfrenta el sector social
Diario de Noticias, , 13-09-2026Myriam Flores (Pamplona, 1980) apuntaba hacia el periodismo hasta que un día hizo un voluntariado en Aspace y cambió su primera inclinación por el Trabajo Social. Ha trabajado en el ámbito de menores y también se ha especializado en discapacidad y en la orientación sociolaboral. Asimismo ha trabajado en cooperación al desarrollo y en atención a personas migrantes, y cursó además estudios de Antropología sociocultural, con máster incluido. Hoy dirige la Fundación Koine Aequalitas, enfocada al desarrollo social y la mejora de la empleabilidad.
Combina mucha teoría y práctica en su currículum. —Muchas veces lo teórico se queda en las ideas y no aterriza en tierra.Se dice que la universidad está muy focalizada al mercado laboral.—Lo importante es combinar ambas mentalidades. La universidad tiene que estar en el desarrollo teórico, porque a los demás no nos da suficiente tiempo. La figura del profesor asociado es importante. Nosotros colaboramos mucho con la Universidad Pública y con la de Mondragón. La diversidad, en general, enriquece los equipos humanos.¿Qué aprendió de la antropología para su actual labor en Koine?—Un marco para pensar críticamente. Me ayudó a ver de otra manera a las personas en situación de exclusión social o de vulnerabilidad. Muchas veces las encajamos en unos cajones muy estancos y simples. No es lo mismo ser una mujer con discapacidad que un hombre, que esa mujer esté racializada o no, o la diversidad sexual. La vulnerabilidad tiene diferentes componentes. Somos muy de etiquetar.—Todas las personas, en un momento determinado, necesitamos herramientas de apoyo para salir adelante y desarrollarnos. Las hay que por sus determinantes pueden necesitarlas más. Y las que igual no tienen esos apoyos personales o no han adquirido esas herramientas.¿Ven mucho desarraigo? —Me preocupan las personas mayores y las jóvenes. Se supone que estamos en una sociedad superconectada, pero la conexión personal se está yendo. Llevamos años trabajando en la prevención de la soledad no deseada; personas que se sienten forzadas a estar solas, empeoran sus relaciones sociales, carecen de red de apoyo, arrojan datos preocupantes en salud, por ejemplo en la cuestión mental y deterioro cognitivo. Esto es perentorio abordarlo.—Son personas que viven solas, que nadie sabe nada de ellas, nos preocupa el aislamiento social, sobre todo porque es un problema muy oculto.¿Sí?—La Administración Pública cada vez es más consciente; el jueves fue el día del suicidio, los datos de menores de treinta son aplastantes, y creo que todo está relacionado. Tenemos muchos amigos de cara al escaparate, una red social con 500 amigos… Pero a la hora de verdad la cosa cambia… Háblenos de la Fundación. —Somos 62 personas, entre la ofician de la Avenida de Gipuzkoa y la de Etxaburua, ambas en Berriozar, y personas volantes en proyectos a pie de calle.¿Cuántas personas receptoras se pueden beneficiar al año de su labor?—Alrededor de 5.000 beneficiarias de manera directa. ¿Cuál es el día a día de Koine?—El de un equipo humano muy implicado con ganas de generar impacto y transformación social. Trabajamos proyectos en coordinación muy estrecha con unidades de barrio de Pamplona, con servicios sociales en Navarra o con el Servicio Navarro de Empleo. Con una cartera de empresas colaboradoras, fundamentales.“En Koine buscamos dar soluciones nuevas a retos sociales nuevos y antiguos. Para transformar la sociedad hay que innovar”Encontrarán contrastes potentes entre el medio urbano y rural.—El rural con una dificultad añadida. Quienes necesitan de nuestros proyectos muchas veces no tienen capacidad para transportarse de un sitio a otro, y en nuestra comunidad los medios de transporte funcionan de forma mejorable. Hay mucha demanda de personas trabajadoras a las que no les importaría nada ir al medio rural, pero no tienen ni cómo llegar ni dónde alojarse.Esa es otra.—Porque no hay viviendas en alquiler. Tenemos un proyecto de repoblación para generar oportunidades a personas que quieren afincarse en el medio rural. Muchas veces las ciudades expulsan a las personas, y en situación de vulnerabilidad mucho más. De nuevo la interdependencia…—Sí, todo se interrelaciona. No descubro nada, uno de los grandes retos es la vivienda. Con trabajo pero sin manera de poder acceder a una vivienda no hay mejora ni desarrollo. El tema está afectando a toda la sociedad, ya no solo a las personas en situación de vulnerabilidad o exclusión.Y a la igualdad de oportunidades.—Eso es. Las entidades sociales somos expresión de la voluntad ciudadana. Trabajamos para transformar la sociedad, en colaboración con la Administración pública, las empresas, las personas voluntarias y el resto del tejido social. Lo mejor es que una persona a la que hayamos atendido nunca más vuelva. Eso quiere decir que le hemos ayudado, le hemos dado herramientas para que se pueda desarrollar ella sola. A veces traspasan las fronteras de Navarra.—En este momento estamos trabajando tanto en el País vasco, el año pasado también en La Rioja, y en colaboración con otras entidades a nivel estatal. Somos agencia de colocación y trabajamos en procesos de recolocación, y nos llaman desde todo el Estado. Incluso con proyectos europeos, este año con Francia, y el que viene empezaremos otro con Escocia y la zona de Lombardía, y otro donde conoceremos a nuestras socias de Italia y de Chipre. Sin olvidar a nuestras compañeras de asociaciones colombianas con las que hemos empezado a trabajar en desarrollo.Usted conoce aquel país, trabajó en cooperación.—Con un proyecto de recuperación nutricional infantil y de empoderamiento de mujeres. ¿Y qué aprendió entonces que haya quedado en su bagaje?—La importancia de escuchar a otros y la gran capacidad profesional que hay en Latinoamérica y a las situaciones complejas a las que se tienen que enfrentar.¿Encuentran ahora más escepticismo sobre la labor social?—La gente más escéptica lo manifiesta más y se le escucha más, pero no quiere decir que haya más. Tenemos una avalancha de personas que quieren colaborar y apoyar a otras que lo necesitan, por ejemplo. ¿Aún hay un sesgo de género en las profesiones de carácter más social?—Sí (se ríe). Tiene que ver con los roles que desde los 3 años están dentro de nosotras y vosotros. Las mujeres tenemos más tendencia a las profesiones de cuidado y los hombres a las ingenierías y demás. De hecho, a veces no encontramos el perfil masculino.¿Para?—Un joven varón se siente mucho más a gusto con otro hombre. La confianza…—Nos cuesta encontrarlos, pero poco a poco hay más chicos que cursan este tipo de profesiones. Tampoco vas a contratar al hombre por serlo. Contratas el talento, y si lo tiene una mujer debe ser ella. Hablando de talento, ¿cómo se crece en este ámbito social?—Hay que salir continuamente de la zona de confort, de tu cajita mental, y relacionarte con otras entidades y otros territorios. Es clave acudir a congresos o espacios de relación. Muchas veces nos da entre pereza y ansiedad salir de nuestro día a día del despachito, porque luego se nos acumula el trabajo que no hemos hecho. Pero esos espacios son los que te abren la mente y donde aprendes. Apuntado.—Y sobre todo el no tener miedo a intentar idear algo nuevo, una herramienta, una forma de intervención nueva . Con miedo nunca haremos las cosas de otra manera y haremos siempre lo mismo. “Muchas veces nos da entre pereza y ansiedad salir del despacho, pero los congresos y los espacios de relación son claves, y te abren la mente” ¿También desde la necesidad de explicarse mejor?—Totalmente, tenemos un discurso muy técnico que llega poco a la gente. Hemos pasado de un enfoque muy caritativo y de penita a uno muy profesional. Con gente que podría estar discutiendo dos horas de si el término es integración o inclusión. Es importante que seamos capaces de comunicar la importancia de lo que hacemos para toda la sociedad. Nosotras contamos con dos profesionales que intentan traducir lo que decimos.Innovación y creatividad, en una labor que se asocia con trámites administrativos.—Por desgracia tenemos una profesión muy asimilada a la gestión de prestaciones y a la burocracia. No tiene nada que ver con eso, el ámbito social es creativo, estamos todo el día intentando dar soluciones nuevas a los retos antiguos y a los nuevos. Trabajamos mucho en la innovación. Para transformar la sociedad hay que hacerlo. Hace 20 años no se me hubiera ocurrido decirle nada de la soledad no deseada. Esto llega ahora, y mucho más en jóvenes. A finales de los noventa costaba pensar en esa idea.—O en violencia de género, que tampoco existía, aparentemente. En esos momentos se hablaba mucho de tercera edad, toxicomanías, reclusos, exreclusos…No idealicemos aquellos años.—Eso es, la época de las narcosalas. Se trabajaba mucho con otro tipo de exclusión, y para nada se hablaba de igualdad de género, ni de migraciones. Recuerdo, estudiar en Bilbao el nivel de desempleo que había habido tras la reconversión industrial. Se hablaba de orientación e inserción sociolaboral como parte de la vida; en cualquier momento nos podemos ver sin empleo. Ahora con la problemática digital.—Van a surgir nuevos empleos, pero no estamos dando respuesta a las necesidades actuales. A día de hoy las empresas demandan soldadura, fontanería, electricidad, construcción… Nosotros trabajamos para que las personas tengan sobre todo competencias técnicas para poder entrar en el mercado laboral, según las necesidades de empresas concretas.
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