Una polémica cada 45 días: la resistencia sin límites de Marlaska
La clasificación política de informadores remata un verano de contradicciones con Defensa y enfrentamientos con la justicia por la gestión fronteriza
Diario Vasco, , 13-09-2026«Roca inamovible», «superviviente nato», «ministro de teflón», «junco», «pararrayos po – lítico», «corcho», «rostro de cemento»… Los calificativos sobre la resistencia de Fernando Grande – Marlaska al frente de Interior se agotan entre amigos y enemigos. Desde junio de 2018 ha encadenado 67 polémicas sin que nunca peligrara la cartera. Una cada 45 días, aproximadamente, durante ocho años. La última, el dosier elaborado por su equipo para clasificar a periodistas y tertulianos por su supuesta orientación política, remata varias semanas infernales. Decenas de peticiones de dimisión en el Congreso después, sigue en el cargo.
Es la polémica número 67 de un recuento discutible, pero abrumador: reprobaciones, tragedias fronterizas, ceses anulados, contratos, nombramientos, investigaciones sobre subordinados, broncas institucionales y corrupción en estructuras de Interior.
La supuesta ‘lista negra’ corona un verano horribilis. El 2 de julio, Santiago Pedraz acordó investigar a Mercedes González, directora de la Guardia Civil, y al DAO Manuel Llamas por prevaricación y obstrucción en el ‘caso cloacas’. Indaga si ayudaron a la ‘fontanera’ de Ferraz contra la UCO. Marlaska mantuvo a ambos. Las supuestas cloacas alcanzaban ya a la cúpula del instituto armado.
Luego llegó Ceuta. Entre el 30 y el 31 de julio, decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos. Marlaska negó que los informes anticiparan la avalancha. Margarita Robles afirmó que el CNI había avisado. Apareció un documento del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras con alertas previas sobre agentes marroquíes. Marlaska alegó que nadie le informó y habló de una ‘policía patriótica’ haciéndole la cama.
La bronca con Robles venía de fábrica. Marlaska cesó en 2020 a Félix Azón, hombre de Defensa en la Guardia Civil, sin consultarla; Robles faltó a las posesiones de María Gámez y del DAO Pablo Salas; chocaron por las funciones policiales del Ejército en la pandemia, la UME en Filomena y el cese del enlace con el Estado Mayor por vacunarse antes; tras Ceuta 2021, Robles cuestionó la capacidad de su colega; en agosto de 2026, proclamó que Ceuta y Melilla eran «españolísimas» mientras Marlaska elogiaba la cooperación «extraordinaria» con Marruecos. Dos jueces, dos ministerios, ocho años con los dientes apretados.
Ceuta reservaba otra bronca al ministro de hierro. La jueza María Tardón exigió reserva a los policías investigadores. Marlaska escribió a Isabel Perelló, presidenta del Supremo y del CGPJ, porque no informaban a sus superiores políticos. Perelló recordó a todo un magistrado de la Audiencia Nacional que no podía interferir ni revisar una decisión jurisdiccional y que la Policía Judicial debía auxiliar a la instructora con «el máximo respeto».
El método consiste en resistir hasta que una polémica tape la anterior. Funcionó desde el estreno: concertinas; presos del procés; cese del jefe de la UCO, Manuel Sánchez Corbí; acercamiento de presos de ETA; devolución acelerada de 116 migrantes; marcha atrás sobre los tatuajes. Seis charcos en cuatro meses. El Gobierno bonito ya tenía ministro impermeable.
En 2019 llegó el informe sobre el Orgullo que responsabilizaba a Ciudadanos pese a los empujones e insultos; siguió la tensión por los CDR y Félix Azón; y terminó con la cena del ministro en Chueca mientras Barcelona ardía. Enero de 2020 aportó la salida de Ana Botella de Seguridad; la escala de Delcy Rodríguez en Barajas pese a su veto Schengen; la aplicación masiva de la ley de seguridad ciudadana durante el confinamiento; y el general José Manuel Santiago hablando de «minimizar» el clima contrario al Gobierno…
Mayo de 2020 dejó la cicatriz institucional más profunda. Marlaska destituyó a Diego Pérez de los Cobos por no informarle de la investigación del 8 – M. La caída arrastró al DAO Laurentino Ceña y a la cúpula. El Supremo anuló el cese en 2023. La ilegalidad no mermó la confianza del presidente.
Pero el parte siguió: hacinamiento en Arguineguín; cinta de correr para la residencia oficial; defensa de la «patada en la puerta» durante la pandemia; entrada de unas 10.000 personas en Ceuta en mayo de 2021; devolución ilegal de menores a Marruecos; falsa agresión homófoba de Malasaña; segunda marcha atrás con los tatuajes; guerra por la equiparación salarial; reforma interminable de la ley mordaza; pistolas «Ramón» denunciadas por fallos. Punto y coma tras punto y coma, el ministro ponía puntos finales que la realidad convertía en suspensivos.
El 24 de junio de 2022 llegó el episodio más devastador. Al menos 23 personas murieron en el paso del Barrio Chino de Melilla, según Marruecos, y hubo cientos de heridos. Las imágenes de cuerpos amontonados persiguieron a Marlaska, que sostuvo que no hubo muertos en suelo español y defendió la actuación marroquí. El Congreso lo reprobó. Hubo cadáveres, vídeos y reprobación parlamentaria. ¿Y qué? No hubo dimisión.
Pegasus en el teléfono del ministro; cartas con balas de las que nunca más se supo; desaparición de OCON Sur; Frontex cuestionado por el Defensor; fusiles baratos del proveedor de las pistolas discutidas; caso Mediador y general Espinosa; caso Cuarteles y obras presuntamente amañadas; dimisión de María Gámez por la investigación a su marido; Mercedes González, 78 días, salida electoral y regreso… Cambiaban las caras. La única plaza vitalicia parecía la del ministro.
El resto de 2023 y 2024 tampoco se quedó sin número: Tráfico a Navarra; récord de llegadas a Canarias; expedientes por criticar la amnistía; colapso del asilo en Barajas; bronca con Marimar Blanco; Koldo como Pedro por su casa vendiendo mascarillas a Interior; nuevos ascensos contra Pérez de los Cobos; reaparición y fuga de Puigdemont; regreso de Mercedes y otra tensión con Defensa; comandante Rubén Villalba, colabora – dor de la ‘trama Koldo’; Víctor de Aldama, condecorado; supuesto chivatazo de Leo – nardo Marcos, sin prueba hallada por la UCO; venezolanos amigos de Aldama entrando por la puerta de atrás; Ábalos y el almacén de mascarillas. Una trama, un mando, una medalla, una fuga, un ascenso. El inventario necesitaba índice onomástico.
En medio quedó Barbate. El 9 de febrero de 2024, una narcolancha mató a dos guardias civiles enviados contra ella en una zodiac. Dos años después, otros dos agentes murieron en una persecución en Huelva. El mar acumulaba muertos; Marlaska, abucheos de familias que denunciaban la falta de medios. Dio igual.
Paiporta y los «grupos ultras» que las primeras detenciones no acreditaron; pacto con Junts sobre competencias migratorias; varapalo del Supremo por los menores solicitantes de asilo en Canarias; munición israelí que Sánchez ordenó rescindir; Leire Díez contra la UCO; dimisión de Rafael Pérez, número dos de Interior… Y en febrero de 2026, la investigación por una presunta agresión sexual contra José Ángel González, DAO de la Policía. Marlaska admitió que falló el protocolo antiacoso. Dimitió el mando.
Devoluciones automáticas de quienes alcanzan Ceuta a nado; bronca por las comparecencias en el Senado; informe policial conocido por la prensa; pulso con Tardón; reprimenda de Perelló; respaldo de la Audiencia Nacional a la jueza; desclasificación parcial sobre Ceuta; dosier ideológico de periodistas. Sesenta y siete episodios y derivaciones. Cerca de setenta ocasiones para pronunciar la palabra responsabilidad y una sola res – puesta práctica: que pase el siguiente. Robles y Luis Planas también continúan desde 2018, pero sus hemerotecas caben en una carpeta razonable. La de Marlaska exige archivadores, anexos y quizá otra oficina que, en lugar de hacer dosieres sobre periodistas, clasifique los escándalos. En Interior, todos acaban por tener fecha de caducidad. El ministro, no.
(Puede haber caducado)