Sajonia-Anhalt cambia Europa
Deia, , 12-09-2026La victoria de Alternativa para Alemania en Sajonia – Anhalt no es una elección regional más. Por primera vez, la ultraderecha alemana se aproxima realmente al ejercicio del poder en un Land. El 43,8% obtenido por AfD rompe una frontera que durante décadas parecía infranqueable. Pero, sobre todo, convierte una tendencia política en una posibilidad concreta de gobierno. Alemania descubre que el cordón sanitario puede impedir una coalición, pero no detener a los votantes. Y Europa contempla cómo su principal potencia entra en una etapa de profunda incertidumbre política. La derrota de la CDU golpea directamente al canciller Friedrich Merz y cuestiona su estrategia. El problema ya no consiste únicamente en contener a AfD, sino en comprender por qué sigue creciendo. Inmigración, economía, identidad y desconfianza hacia las instituciones alimentan un mismo malestar. Sajonia – Anhalt demuestra que una parte creciente del electorado quiere romper con el sistema establecido. Y cuando esa ruptura comienza en Alemania, sus consecuencias terminan llegando a Bruselas.
La primera consecuencia de estas elecciones afecta al propio corazón de la política alemana. AfD no ha conseguido la mayoría absoluta, pero ha dejado de ser simplemente un partido de protesta situado en los márgenes del sistema. Su victoria transforma la pregunta fundamental: ya no se discute únicamente cómo impedir que gobierne, sino cuánto tiempo podrá mantenerse una arquitectura política construida esencialmente para excluirla. La CDU ha sufrido una derrota devastadora y Friedrich Merz afronta uno de los momentos más difíciles de su liderazgo. Su estrategia de endurecer el discurso conservador para recuperar a los electores desplazados hacia AfD no ha producido, al menos en Sajonia – Anhalt, el resultado esperado. La ultraderecha conserva el original mientras los conservadores corren el riesgo de convertirse en una copia insuficiente. Y aparece entonces un dilema formidable para la democracia cristiana alemana: mantener el cordón sanitario obliga a construir coaliciones cada vez más complejas entre partidos ideológicamente alejados; romperlo supondría modificar uno de los grandes consensos políticos de la Alemania de posguerra. Cualquiera de las dos decisiones tendrá consecuencias históricas.
La segunda consecuencia llegará inevitablemente a Europa. Alemania no es un Estado miembro más: es la mayor economía de la Unión, uno de sus principales contribuyentes y una pieza imprescindible para cualquier acuerdo. Una Alemania políticamente debilitada significa también una Europa con mayores dificultades para decidir. AfD mantiene posiciones profundamente críticas con buena parte de la integración europea, reclama una política migratoria mucho más restrictiva, cuestiona las sanciones contra Rusia y rechaza aspectos esenciales de la estrategia europea hacia Ucrania. Aunque las competencias de un gobierno regional son limitadas, la importancia de Sajonia – Anhalt reside en el precedente. Si AfD demuestra que puede transformar una victoria electoral en poder institucional, desaparecerá una de las últimas barreras psicológicas que todavía limitaban su crecimiento. Otros movimientos observarán atentamente el experimento alemán. La normalización de fuerzas que durante años permanecieron fuera del perímetro gubernamental ya se ha producido en varios países. Alemania parecía constituir la gran excepción. Desde este domingo, esa excepción resulta bastante menos segura.
Pero quizá la lección más importante sea otra. Europa cometería un error si interpretara cada avance de la ultraderecha exclusivamente como un problema moral que puede resolverse mediante cordones sanitarios. Millones de ciudadanos están expresando con su voto una insatisfacción profunda con el funcionamiento de sus democracias, con la inmigración y con unas instituciones que perciben demasiado alejadas de sus preocupaciones. Eso no significa aceptar las soluciones de AfD ni relativizar posiciones incompatibles con los valores fundamentales europeos. Significa comprender que aislar políticamente a un partido no elimina las razones por las que los ciudadanos lo votan. Sajonia – Anhalt debería servir de advertencia a Berlín, pero también a Bruselas. Europa necesita recuperar crecimiento, seguridad, capacidad de decisión y confianza ciudadana si quiere detener esta corriente. La batalla contra el populismo no se ganará prohibiendo preguntas incómodas, sino ofreciendo respuestas mejores. Porque lo verdaderamente inquietante de Sajonia – Anhalt no es solamente que AfD haya ganado. Es que casi la mitad de quienes acudieron a las urnas decidió que el sistema necesitaba una ruptura.
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