Ceuta y la idea de la política
Si una gran mayoría de los ciudadanos no cree en las explicaciones del Gobierno es que algo va rematadamente mal
El País, , 11-09-2026Lo que tienen de bueno los escritores es su habilidad para transmitir a las palabras las ideas, los sentimientos y las emociones que el resto de los mortales no conseguimos expresar de ninguna manera, o de manera harto pobre, banal, abundando en lugares comunes. Viene esto a cuento a propósito de la crisis de Ceuta y de lo que significa la política. Richard Ford trata de este último asunto en un breve libro que se publicó hace poco, En palabras sencillas (Feltrinelli), donde se pregunta si es “un escritor político” y lo hace tomando en consideración sus primeras novelas. La cita que abre el volumen es de Stendhal: “La política en medio de una obra literaria es un pistoletazo en medio de un concierto, una zafiedad a la que, sin embargo, no se le puede negar atención”.
Así que una zafiedad, pero que no se puede obviar. Richard Ford parte de la idea de que un libro que incluye la dimensión política lo hace mejor. Y por eso se pone a reflexionar sobre los inicios de su obra, para explorar si supo entonces incorporar lo político, tomarlo en consideración, incrustarlo en lo que empezaba a ser su literatura. Por entonces, cuenta, no pensaba en la política, ni en la historia, ni en ninguna abstracción de ese tipo. Le interesaba “todo el enjambre de la vida” y procurar decir “lo indecible” sobre las personas y los lugares donde habitan. Nada de un pistoletazo, algo más fino y elaborado.
De vuelta a lo que ha ocurrido en Ceuta, suena mucho a lo que Richard Ford explica en el primer capítulo refiriéndose a los años en los que empezaba a escribir. “En mi infancia y adolescencia —finales de los cuarenta, y toda la década de los cincuenta—, en Misisipi, arriba significaba oficialmente ‘abajo’, y abajo significaba oficialmente ‘arriba”, escribe. Y se explica: “Cuando las declaraciones estatales resultan ser mentiras descaradas, las consecuencias de esas mentiras para el ciudadano medio pueden ser el distanciamiento y la falta de fe en la estabilidad que supuestamente proporciona el Gobierno, así como la alienación de la maquinaria política que lo sustenta, cuando, en un mundo lejano y mejor, como decía Aristóteles, ‘todos los hombres aspiran a lo que consideran bueno”. Luego se pregunta: “¿De qué modo puede sobrevivir moralmente una persona inteligente en un entorno político degradado?”. Conviene señalar que en la encuesta de 40dB. publicada el lunes en este periódico el 89% de los que fueron preguntados consideran que el Gobierno de Marruecos tuvo mucha o bastante responsabilidad en la entrada masiva de inmigrantes a Ceuta durante los dos últimos días de julio. Justo lo que La Moncloa procuró negar desde el primer minuto.
Y si una gran mayoría de los ciudadanos no cree en las explicaciones del Gobierno es que algo va rematadamente mal. Tampoco la oposición ha estado a la altura, instalada siempre en la hipérbole —lo que no contribuye a entender nada—, con lo que el panorama es todavía peor. Richard Ford se acuerda en su libro del poeta inglés W. H. Auden, a quien “al leer cualquier poema, lo primero que le interesa es establecer la noción del bien en el poema”. La política solo tiene sentido si persigue un bien para la sociedad. “Pero no puede faltar una idea del bien, aunque no podamos especificar cuál es esa idea”, apunta Ford. Todo esto es seguramente demasiado ingenuo, cierto, pero respecto a lo ocurrido en Ceuta sigue brillando por su ausencia cualquier idea de bien. Lo que hay es otra cosa.
(Puede haber caducado)