Las escuelas de Gaza se preparan para una vuelta a clases entre ruinas y sin libros: “La Franja se resiste a la muerte a través de la educación”

Se calcula que 658.000 niños se han visto privados de una educación en condiciones. Tres años después del inicio de la ofensiva israelí, las familias no pueden permitirse comprar cuadernos y los docentes imparten clase en precarias tiendas de campaña

El País, Mohamed Solaimane, 11-09-2026

El agotamiento se refleja en el rostro de Israa Yasin mientras lava a mano la ropa de sus cuatro hijos en una gran palangana de plástico en una vieja tienda de campaña en Al Mawasi, al sur de Gaza. El más pequeño, Abdul Rahman, de seis años, no deja de preguntar, enfadado: “¿Dónde está mi ropa del colegio?“. El nuevo curso comenzará el próximo 19 de septiembre, pero el pequeño no irá a la escuela. “Mis hijos estaban muy ilusionados”, cuenta Yasin, conteniendo las lágrimas, “sobre todo el pequeño, que va a empezar la escuela por primera vez en su vida. Quiere ropa y zapatos nuevos, cuadernos y bolígrafos; cosas que ha oído a sus hermanos mayores comentar que compran cada año. Pero este año es imposible”. En Gaza, 658.000 niños como Abdul se han visto privados de la educación debido a la devastación y a la miseria que han dejado los ataques y el bloqueo de Israel, según datos de Unicef.

El padre de los niños no tiene trabajo desde que empezó la guerra, hace ya casi tres años, y las finanzas de la familia están al límite. En cuestión de días, su esposa entrará en su noveno mes de embarazo y necesita costosos artículos para el parto, que tampoco puede permitirse. Se encuentra, dice, entre dos dilemas igualmente devastadores. “¿Compramos ropa para el colegio o lo que necesita el nuevo bebé? Es una pregunta que no puedo responder, porque no puedo permitirme ninguna de las dos cosas”, afirma.

Abdul se sube al regazo de su madre y le enseña, en su móvil, vídeos de sus hermanos preparándose para el colegio antes de la guerra. También ha encontrado vídeos publicados por estudiantes de otros países árabes comprando material escolar. La decepción se refleja con claridad en su rostro y sus tres hermanos mayores tratan de consolarlo. Aseguran que, si estuviera en sus manos, harían lo posible por comprarle al menos algo de lo que él quiere.

“Si Dios quiere, todo saldrá bien de alguna manera”, dice la madre, tratando de tranquilizarlos. Su marido, asegura, ha intentado ponerse en contacto con comités de ayuda para obtener material escolar. Le han hecho promesas que nunca se han cumplido. Aun así, la pareja no ha perdido la esperanza de recibir algo.

Omar Dahlan, profesor de la Universidad Al Aqsa de Gaza, especializado en educación en situaciones de crisis y emergencia, no es optimista sobre el estado de la enseñanza de cara al nuevo curso escolar. “La educación en Gaza se encuentra entre la vida y la muerte”, afirma. “Todo el mundo intenta no perder el aliento, pero esto no durará mucho más sin los medios reales de reanimación y recuperación”.

Gaza se resiste a la muerte a través de la educación
Omar Dahlan, profesor de la Universidad Al Aqsa de Gaza
El enclave palestino ha pasado de tener uno de los mejores sistemas educativos de la región a estar en estado crítico. Antes del 7 de octubre de 2023, solo un 2% de la población mayor de 15 años de la Franja era analfabeta: era una de las tasas más bajas del mundo árabe.

Pero, ahora, el 60% de los niños y niñas en edad escolar no tienen acceso a clases presenciales y casi el 92% de los edificios escolares están total o parcialmente destruidos, de acuerdo con la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (Unrwa, por sus siglas en inglés).

Un informe del Ministerio de Educación de Palestina, que abarca el periodo de 2023 a 2026, muestra que la asistencia escolar se ha reducido de 200 días lectivos al año a 60, y que las horas lectivas semanales han bajado de 30 a 12. En la práctica, dos tercios del curso escolar han desaparecido de la vida de los alumnos. “Como resultado, un año de guerra tiene actualmente un valor inferior al 30% en términos cognitivos con respecto a un curso académico normal”, incide el documento.

Aunque la ayuda humanitaria trata de atender a la infancia gazatí, no cuenta con fondos suficientes. Unicef, en su más reciente informe, indica que se requieren 114 millones de dólares (98 millones de euros) para atender las necesidades educativas. Pero la brecha de financiación es del 50%.

Se prevé que este curso se matricularán unos 350.000 alumnos, según explica Ahmed al Najjar, director general de relaciones públicas e internacionales del Ministerio de Educación. Es un 30% más que en 2025, cuando se inscribieron 270.000. Al Najjar sostiene que es una señal importante de la determinación de los habitantes de Gaza por reclamar su derecho a la educación a pesar del devastador panorama.

“Gaza se resiste a la muerte a través de la educación”, sostiene el profesor Dahlan, “y lucha, a pesar de no tener casi nada, por volver a la enseñanza presencial, por muy difícil que sea. Se trata de intentos serios, pero necesitan el apoyo del mundo y de las personas que quieren que termine la guerra y que permitan que llegue lo que la educación necesita para funcionar”.

Aulas hechas con lonas de plástico
En la escuela Al Hadara, levantada hace un año en Al Mawasi con soportes de madera y enormes lonas de plástico, la directora Alaa al Astal supervisa la limpieza y la organización de las aulas y del pequeño patio que hay frente a ellas. Así preparan las instalaciones para reabrir el centro y recibir a los más de 2.200 alumnos que se han matriculado. La escuela, construida gracias a donaciones de las familias y la comunidad, consta de 10 aulas, cuatro aseos, una sala de administración, una sala de orientación, un pequeño trastero y una cocina. Los profesores, supervisores y psicólogos escolares dedican largos ratos a debatir cuál es la mejor manera de seguir los planes de emergencia para hacer frente a la pérdida de aprendizaje.

Una maestra da una clase al aire libre en la escuela Al Hadara, en Al Mawasi.
Mohamed Solaimane
Al Astal insiste en que el personal elabore planes de ejecución precisos para superar los obstáculos y mejorar la calidad de las clases con los pocos recursos disponibles.

Sin embargo, se enfrenta a una lista interminable de necesidades logísticas que no tiene forma de satisfacer. “Las aulas son pequeñas y escasas, con pupitres y sillas de madera estropeados e inadecuados”, explica la directora. “Las clases se imparten en dos turnos: tres días para los chicos y tres para las chicas, con tres sesiones al día de tres horas cada una. Unos 50 profesores y miembros del personal se encargan de todo el funcionamiento en un espacio de menos de 1.000 metros cuadrados”.

“En resumen”, dice Al Astal, “lo que hay disponible no tiene casi nada que ver con una escuela convencional. La mayoría de los alumnos se sientan y escriben en el suelo”.

La escuela Al Hadara se levantó en improvisadas tiendas de campaña, con lonas y techos con estructuras de madera.
Mohamed Solaimane
El informe del Ministerio de Educación, publicado en mayo, advierte que el daño trasciende las clases perdidas. “Esta crisis se manifiesta claramente en los primeros cursos de primaria, donde muchos niños llegan al colegio sin las habilidades previas necesarias para el aprendizaje”, explica el reporte. Y añade: “Un niño que no haya practicado la lectura y la escritura en un entorno escolar estable, pierde gradualmente la capacidad de leer palabras comunes, comprender oraciones sencillas y producir sus primeras expresiones escritas”.

Un sistema que se adapta a la guerra
Al Najjar reconoce que “un gran número de niños sigue sin acceso a clases presenciales debido a las circunstancias excepcionales que persisten, a la capacidad limitada y a la falta de espacios de aprendizaje seguros en muchas zonas”.

Entre el 7 de octubre de 2023 y el 17 de febrero de 2026, murieron más de 20.000 estudiantes de escuelas, institutos y universidades y alrededor de 1.000 empleados del sector educativo, según datos del Ministerio.

Se calcula que actualmente, en la Franja, hay unos 230 lugares diferentes que aún se utilizan para la enseñanza: desde unas pocas escuelas que sobrevivieron a los bombardeos y otras reparadas parcialmente hasta tiendas de campaña.

“No todos estos emplazamientos son escuelas tradicionales en el sentido en que se entendían antes de la guerra, dada la magnitud de la destrucción sufrida por el sector educativo”, afirma Al Najjar. “Por eso, el Ministerio está trabajando bajo un concepto de educación flexible, que combina escuelas utilizables, centros de aprendizaje temporales, tiendas de campaña destinadas a la enseñanza y clases virtuales”.

También, detalla, faltan pupitres, sillas, pizarras, materiales didácticos, bolígrafos, cuadernos y libros de texto.

Por eso, afirma, aprovechan “al máximo” lo que hay disponible. “Dirigimos la ayuda hacia los lugares más necesitados, colaborando con socios, sobre todo con Unicef”, afirma. “El reto no es solo reconstruir las escuelas”, afirma, “sino reconstruir todo un sistema educativo capaz de acoger a los alumnos y al personal”.

El Ministerio está trabajando bajo un concepto de educación flexible, que combina escuelas utilizables, centros de aprendizaje temporales, tiendas de campaña destinadas a la enseñanza y clases virtuales
Ahmed al Najjar, director general de relaciones públicas e internacionales del Ministerio de Educación
Para hacer frente a los vacíos en la educación, añade, se han impulsado estrategias como el Programa de Aprendizaje Acelerado (ALP) del ministerio, centrado en los cursos de segundo a noveno. Pero, ahora, el objetivo es ir más allá. “La idea es pasar de recuperar las clases perdidas a identificar las competencias básicas que un alumno ha perdido y trabajar de forma intensiva y sistemática para recuperarlas”, explica. El ministerio, añade, ha colaborado con Unicef para formar a directores y profesores en la aplicación del programa y la evaluación de los alumnos.

El profesor Dahlan considera que el programa del ministerio, adoptado este año, no se adapta a las condiciones de Gaza, ya que asume que la pérdida de conocimiento ha sido igual en todos los alumnos. “El aprendizaje acelerado que fusiona las competencias de los dos últimos años en uno supone una carga cognitiva adicional para profesores y alumnos sin un beneficio real”, afirma. “Lo que se debería aplicar, en cambio, es un diagnóstico preciso de los alumnos mediante herramientas adecuadas de evaluación y recuperación, y la formación de los docentes en un sistema educativo diferenciado”.

Por ahora, Dahlan sigue formando a titulados en educación y a docentes en las zonas de desplazamiento a través de varias organizaciones civiles especializadas, pero describe todos esos esfuerzos por recuperar el aprendizaje perdido como, en el mejor de los casos, “un intento de supervivencia”. “Es para mantener viva la educación, nada más”, lamenta.

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