La violencia contra los migrantes estalla en las calles de Ceuta entre disparos, cacerías y amenazas

Este lunes, un niño de ocho años fue herido tras disparos con perdigones en el asentamiento del Príncipe. Es el tercer episodio de este tipo que se produce este mes en Ceuta.

El País, Laura Anido, 10-09-2026

Un niño de ocho años resultó herido en la cabeza la noche del pasado lunes después de que varios encapuchados le dispararan con un rifle de perdigones mientras estaba junto a su familia.

Se llama Ali y es uno de los niños migrantes que llegaron a Ceuta el pasado 30 de julio. Cruzó a nado desde Marruecos junto a sus padres y su hermano de tres años. La familia, que se encontraba en el asentamiento de El Príncipe cuando se produjo la agresión, ha explicado a laSexta que no han denunciado los hechos porque tienen mucho miedo a que los servicios sociales les separen.

La ONG Sur Acoge, que se encuentra trabajando en Ceuta, confirma a Público que han visto a encapuchados varias veces por la ciudad autónoma y que iban armados, aunque no han presenciado agresiones, “lo cual no quiere decir que no estén sucediendo”, aclaran. De hecho, unos días antes de este ataque, se habían producido dos denuncias por hechos similares. El 1 de septiembre se disparó a una persona migrante en una zona cercana a El Príncipe. Y el 2 de septiembre fue dirigido contra una persona ceutí de origen marroquí en Loma Colmenar.

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Las agresiones se producen bajo un escenario que las organizaciones sociales llevan tiempo advirtiendo que puede terminar derivando en episodios de violencia. “Mientras no se resuelva la situación de emergencia que viven las personas migrantes y los vecinos de distintos barrios, va a permanecer ese riesgo”, apunta Mauricio Valiente, director general de CEAR, a Público.

Una violencia que, de hecho, ya llevaba semanas gestándose en las redes sociales. Tan solo en los dos primeros días de la crisis de Ceuta, el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE) detectó 9.590 publicaciones de odio, tres veces más de lo habitual. El 40% contenía, además, narrativas deshumanizadoras.

Este discurso del odio no se queda en las redes, sino que es a través de ellas desde donde se movilizan los grupos ultras. Público ha comprobado que hay perfiles en Instagram y TikTok que están difundiendo carteles con fotografías de migrantes, donde señalan que son personas “peligrosas” y, en algunos casos, se ofrece hasta una recompensa por encontrarlas. “No les deis ni agua ni comida”, “si los veis limpiad las calles”, señalan algunas de las publicaciones.

Mientras que, mediante WhatsApp, se organizan patrullas vecinales que, en sus palabras, buscan “limpiar” Ceuta de personas migrantes. El País ha tenido acceso a estos chats donde grupos de vecinos se coordinan para perseguir migrantes que se ocultan en los montes y el extrarradio por el temor a ser devueltos a Marruecos. “Aunque seamos [solo] siete me da igual. Vamos a por todos. Ellos corren [porque] tienen miedo”, “Yo tengo pasamontañas y todo el coche lleno de cosas, venid”, escriben algunos de los integrantes del grupo, según recoge el diario, que también aporta imágenes de las agresiones que un migrante marroquí afirma haber recibido por parte de estos grupos.

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Ataques racistas a población ceutí
Estos ataques racistas no están afectando únicamente a las personas que han llegado a Ceuta desde Marruecos, sino que también son víctimas los propios vecinos de la ciudad. Es el caso de una niña de 13 años natural de la ciudad autónoma, hija de padre vasco y madre ceutí, que durante la manifestación del pasado domingo fue “confundida” con una persona migrante por sus rasgos físicos.

La menor relató a El País que una mujer de unos sesenta años se acercó a ella y comenzó a increparla. “¿Tú qué haces aquí, invasora? Fuera, invasora”, relata. La mujer siguió persiguiéndola y preguntándole de dónde había salido. “Yo le dije que de casa de mi madre”, cuenta la niña. Según su relato, la señora también se dirigió al resto de manifestantes, señalándola y asegurando que la había visto el día anterior en el hospital, porque tenía tuberculosis y que era una de las personas que había cruzado la frontera el pasado mes de julio. “Tengo miedo de que me vuelvan a insultar o agredir”, ha asegurado la joven.

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Mauricio Valiente considera que este caso refleja hasta qué punto se han instalado ciertos prejuicios sobre la población ceutí y reclama que estos episodios y llamamientos a la violencia sean perseguidos por las autoridades. “Se asocia que el ceutí es católico y de determinado barrio, cuando la población de Ceuta es plural. Hay muchos españoles musulmanes que también están sufriendo esta situación, que han dado una muestra ejemplar de solidaridad en las barriadas que primero han ayudado a los migrantes viven una mayoría de musulmanes y que muchas veces son víctimas de una presión totalmente injustificada”, apunta.

Responsabilidad de Vox y PP
El director general de CEAR también señala la responsabilidad de determinados dirigentes políticos que, a su juicio, han alimentado los discursos de odio. “Ha sido totalmente irresponsable la actitud de algunos responsables políticos que se han sumado a esos señalamientos y que, además, yo creo que no va a beneficiar a nadie en Ceuta”, manifiesta.

De hecho, Vox ha defendido el derecho de los ceutíes a usar la violencia para la ‘autodefensa’. “Cuando ves amenazado lo tuyo, tu zona de confort, tu familia, tus hijos, tienes todo el derecho del mundo a defenderte. Que cada uno defienda a su familia con todo lo que tenga en su mano. Con un palo y con lo que sea”, declaró en Ceuta el portavoz de Seguridad e Inmigración de la formación, Samuel Vázquez, policía nacional de profesión.

Mientras, el PP también centra su discurso en caracterizar a las personas migrantes como “invasores” y una amenaza para el país. “Cuando determinados dirigentes presentan sistemáticamente a la población migrante como fuente de problemas, no solo están tratando de obtener un rendimiento electoral. También están desplazando los límites de lo que resulta aceptable decir públicamente. Expresiones que hace unos años se consideraban abiertamente xenófobas pueden acabar incorporándose al lenguaje político cotidiano y normalizarse”, explica a Público Juan José García, profesor del departamento de Sociología y Política Social de la Universidad de Murcia.

Aunque es legítimo que se pueda debatir sobre el control de las fronteras, la capacidad de acogida o las políticas migratorias, García considera que el problema aparece cuando se hace una “una asociación sistemática entre migración, inseguridad y amenaza”. “Entonces se produce una generalización que convierte a personas muy diferentes entre sí en una única categoría sospechosa”, denuncia el sociólogo.

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