Oleada racista en Catalunya: Manresa, kilómetro cero

La muerte de un conocido vecino de la capital del Bages, cuya autoría la ultraderecha adjudicó falsamente a menores inmigrantes, ha contaminado el debate sobre la seguridad en Catalunya. Una preocupación que, al calor de los incidentes en Ceuta, algunos partidos atizan para sacar rédito político.

Gara, Àlex Romaguera , 09-09-2026

Desde hace una semana, Manresa acapara el foco de la actualidad en Catalunya. Es habitual que sea noticia por su ferviente actividad cultural, pero un hecho luctuoso ha sacudido de lleno la convivencia: la muerte de Carles Vilajosana, un hombre que pese a residir en el pequeño municipio de Castellnou de Bages, era muy popular entre los ambientes sociales de la comarca central del país.

Su muerte ocurrió tras ser apuñalado en plena calle justo cuando abandonaba la Fiesta Mayor Alternativa que se desarrollaba en la parte vieja de la ciudad, y nada más desvelarse su identidad, desde Aliança Catalana y Vox se apresuraron a señalar a jóvenes magrebís como los autores del crimen.

No era la primera vez que ambas formaciones atribuían hurtos y peleas a chicos de origen inmigrante. Pero en esta ocasión, el perfil de la víctima y el mensaje que el fatal suceso llevaba la firma del colectivo musulmán se viralizó como la pólvora. De nada sirvió que el alcalde, el republicano Marc Aloy, y la consellera de Interior, Núria Parlon, desmintieran este extremo.

Aunque los menores detenidos, de 15 y 16 años, son autóctonos y están arraigados en la ciudad –uno es hijo de catalanes y el otro de familia inmigrante–, convocaron ante el consistorio un acto para culpabilizar a la comunidad magrebí del incidente y denunciar al consistorio por no atajar este tipo de sucesos.

Manresa no padece ningún problema que no compartan otras ciudades de la Catalunya central: la vivienda se ha encarecido, la especulación inmobiliaria se ceba en el núcleo histórico y, junto a la inflación, los jóvenes encuentran cada vez más dificultades para emanciparse y trazar una vida al margen de la precariedad.

Del mismo modo que, fruto del salto demográfico que experimenta el área metropolitana, la morfología ha mutado hasta niveles desconocidos, especialmente en la capital del Bages, donde la llegada de inmigrantes ha sido muy superior a otras regiones. Así lo desvela el Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat), según el cual en dos décadas la comarca ha pasado de tener censados 23.129 foráneos a los 54.925 actuales; y de estos, los marroquíes son, con diferencia, el colectivo con más peso porcentual, concretamente el 39,2%.

Orriols en la sombra

«La extrema derecha lleva tiempo aprovechando cualquier incidente para alimentar el odio religioso y racial hacia el colectivo inmigrante, en particular el musulmán», subrayan las entidades antirracistas, para las cuales este hecho está dañando su imagen a marchas forzadas.

Tanto es así que, el último barómetro publicado por la Diputación de Barcelona, correspondiente al periodo 2024-2025, revela que los problemas asociados a la inmigración preocupan ya al 25,4% de los vecinos de Manresa, casi 17 puntos más que el anterior informe.

En palabras del Moviment Popular de Manresa y Unitat Contra el Racisme i el Feixisme (UCFR), parte de estos prejuicios se han incrementado mediante los bulos que lanza Aliança Catalana, cuya irrupción en la ciudad se ha consolidado gracias a la popularidad de Sílvia Orriols, su histriónica presidenta, y de Oriol Ges, su secretario de organización y vecino de Manresa; además de Sergi Perramon, concejal de la formación ultra Grup Nacionalista, e Inmaculada Cervilla, la única electa de Vox.

Pero no solo estas voces han contribuido a demonizar a la inmigración. Desde la CUP-Fem Manresa se subraya el acoso que padecen el grupo de mujeres marroquíes Al Noor, el rechazo de la derecha a la mezquita Mosâb Ibn Umair, las redadas contra menores de apariencia magrebí, el racismo inmobiliario que sufren las familias musulmanas y la marginación a la cual se ven abocados los jóvenes extutelados al cumplir la mayoría de edad. Todo ello, remarca, se está utilizando para criminalizar y excluir a la inmigración.

Así es como la muerte de Carles Visajona, sumado a las imágenes que llegan de Ceuta, la cuales han avivado la cruzada islamófoba en determinados sectores, hacen que en Manresa la convivencia cuelgue de un hilo, de ahí la llamada de los movimientos sociales a conjurarse para que «la ultraderecha no emplee lo que ha pasado para generar más violencia contra los otros vecinos y comunidades de la ciudad».

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