Avisos de alto riesgo para una situación límite

La ultraderecha ya no llama a la puerta. En muchos lugares ya está dentro

Diario Vasco, Alberto Surio, 10-09-2026

Hay algo que cambia antes de que cambien las cosas. No aparece en una encuesta. No sale en el CIS. Tampoco se vota en el Congreso. Pero se nota. Está en la manera en que los propios votantes hablan de su Gobierno. En el tono de los ministros. En los silencios de los socios. En esa sensación cada vez más difícil de disimular de que Pedro Sánchez ha pasado de jugar para ganar a jugar para no perder. Y eso en política es mucho.

La crisis de Ceuta no ha derribado al Gobierno. Tampoco lo hará por sí sola. Pero ha dejado una fotografía incómoda. El presidente intenta enderezar el rumbo. La obstrucción del eje PP – Vox es una constante. La publicación de todos los informes de la crisis ayer mismo inyecta un soplo de transparencia. Y a la vez arroja luz sobre los avisos que recibió el Gobierno antes de la entrada masiva de inmigrantes. La versión de Margarita Robles de que los servicios de inteligencia advirtieron sale reforzada. Y Grande – Marlaska, debilitado.

El Gobierno está obligado a explicar estas lagunas mientras la oposición se frota las manos y sus socios parlamentarios empiezan a mirar más hacia sus propios intereses que hacia una estrategia común. Ceuta ha sido el detonante. El problema es lo que viene detrás. Los gobiernos rara vez mueren de una sola crisis. Mueren de acumulación. Una crisis aquí y otra allá. Un error. Un socio que amenaza y otro que exige. Hasta que un día la gente deja de preguntarse cuándo terminará la legislatura y empieza a preguntarse cuándo terminará el Gobierno. Ese momento es peligroso.

La derecha ha elegido el camino de la sobreactuación. No necesita derribar a Sánchez. Le basta con acompañarlo mientras tropieza. Cada conflicto institucional es munición. Cada enfrentamiento, una oportunidad. Y Sánchez, que durante años ha demostrado una capacidad casi sobrehumana para sobrevivir políticamente, empieza a enfrentarse a algo que no se resuelve con una negociación parlamentaria. Hay un desgaste que no se ve hasta que ya está dentro. Es el cansancio de los tuyos. Ese es el peligro. Un votante socialista puede enfadarse con Sánchez. Puede criticarle. E incluso estar decepcionado. Lo decisivo llega cuando deja de sentirse decepcionado y empieza a sentirse indiferente. Cuando piensa que da igual. Ahí empieza el problema.

La izquierda no puede vivir eternamente con miedo. Sánchez lo sabe. Durante años, parte de la estrategia progresista ha girado alrededor de una idea simple: cuidado, que viene el bloque de la ultraderecha. Y es verdad. La derecha puede volver a gobernar. Y la extrema derecha puede tener cada vez más influencia. El miedo tiene fecha de caducidad. No puedes pedirle a una sociedad entera que vote eternamente contra alguien. Mientras la izquierda discute, hay gente que está pensando en algo mucho más sencillo: ¿Cómo pago el alquiler y llego a fin de mes? Allí se ganará la próxima batalla. No en redes sociales. Sánchez quiere que Europa sea su salvación. La historia todavía no está escrita. Mientras Sánchez se desgasta en España, Europa gira hacia la derecha. La inmigración, la seguridad, la identidad y las fronteras azuzan el miedo. La ultraderecha ya no llama a la puerta. En muchos lugares ya está dentro.

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