Sajonia Anhalt y el caso español

La fragmentación política fruto del hundimiento de los dos grandes partidos tradicionales ya ocurrió aquí hace 15 años

La Vanguardia, Lola GarcíaLola García, 10-09-2026

No sólo Sajonia Anhalt es uno de los estados federados de Alemania con escasa inmigración (un 7%), sino que incluso en las zonas de ese territorio donde menos población foránea reside es precisamente donde mejores resultados ha obtenido un partido ultra como la Afd. Esa constatación da para múltiples reflexiones acerca de las percepciones sociales actuales y cómo se difunden. Es probable que en estos últimos días muchos alemanes hayan conocido de repente dónde está Ceuta. Pero también cabe preguntarse si la inmigración es un factor más de un conjunto de motivos que alimentan el voto a formaciones de extrema derecha y, en el caso alemán, también excomunistas. Si destacable es el ascenso inapelable de la Afd, más relevante resulta el hundimiento de los dos principales partidos, conservadores y democristianos de la CDU y socialdemócratas del SPD, que han sostenido el sistema democrático en las últimas décadas. ¿Puede ocurrir lo mismo en España?

De hecho, ya ha pasado. Así responde Héctor Sánchez Margalef, investigador principal del CIDOB y experto en nuevos movimientos políticos y democracia. En su opinión, Alemania está viviendo una implosión de su sistema tradicional de partidos que en España ya se produjo a raíz de la Gran Recesión. Aquella crisis financiera fue el detonante de una fragmentación que puso en jaque en España a los partidos que se habían alternado en las últimas décadas. En 2014 eclosionó Podemos y por esas fechas Ciudadanos dio el salto a la política española. Apenas dos años después, los socialistas sufrían una debacle histórica, con 85 escaños y solo el 22% de los votos, a manos de una fuerza como la de Pablo Iglesias, que ya acariciaba el sorpasso. Y tres años más tarde ocurría lo mismo al otro lado: el PP cosechaba su peor resultado con 89 diputados y un 16% de los votos, con Ciudadanos mordiéndole los talones.

En Sajonia Anhalt hemos visto algo parecido, aunque con salvedades. El fenómeno es muy similar en el caso de la CDU, que se ha quedado con el 17% de los votos, y la Afd, que se ha disparado hasta el 44%. En la izquierda, el SPD ha aguantado, pero en realidad su caída ya había sido anterior y no ha logrado recuperarse. Otras formaciones como Los Verdes han crecido, pero la fuerza tradicional del este alemán, Die Linke (La Izquierda) sigue a la baja, mientras irrumpe la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), una formación de izquierda nacionalista y populista que nos da pie a comentar el caso particular de Catalunya.

De forma tímida, pero cada vez más, Vox y Aliança Catalana van coincidiendo en votaciones, a pesar de que les aleja su vertiente nacionalista. Al eje derecha – izquierda, en Catalunya hay que superponer el independentista – españolista con todas sus gradaciones. Es posible que en el futuro las formaciones catalanas de derecha coincidan en el Parlament y pongan en dificultades a un ejecutivo de la Generalitat de izquierdas pero, aunque aritméticamente sumaran esas fuerzas, sería imposible que formaran gobierno por sus diferencias en el plano nacional. En Alemania ocurre algo parecido con el eje este – oeste. Sánchez Margalef apunta que éste tiene influencia en el rechazo a la inmigración, en especial en el este, donde los ciudadanos son especialmente receptivos a esos mensajes contra la población foránea.

Sajonia Anhalt es un estado que, 36 años después de la reunificación, sufre una progresiva despoblación y cuyos ciudadanos se sienten abandonados por Berlín. En principio, la inmigración debería ser bienvenida, pero se produce un fenómeno de rechazo ante los mensajes de “invasión” extranjera que corren por doquier y que sus habitantes sienten como un peligro para la idiosincrasia de ese territorio. El temor a que una identidad propia se diluya ante la llegada de migrantes se reproduce en algunas zonas de Catalunya y es una de las bazas de un partido independentista como AC. En este caso, Aliança per Catalunya cuenta con ventaja respecto a Vox, ya que funciona de manera más intensa el resorte de una lengua amenazada. “Cuando hay miedo al futuro, la gente se refugia en el pasado”, comenta Sánchez Margalef. Y eso es algo que funciona en el caso de la antigua Alemania del este, por ejemplo, con la irrupción de BSW, formación antiinmigración y prorrusa.

En Sajonia Anhalt se evidencia un sistema político debilitado, el que han conformado la CDU, SPD y los liberales durante mucho tiempo. El auge de la ultraderecha proviene no solo del voto radicalizado de la derecha tradicional, sino sobre todo de la abstención, lo que significa que la desafección con las instituciones y los gobiernos de una parte importante de la población se ha transformado en un voto de protesta. Uno de los principales factores que han propiciado ese proceso es la inflación. El alza de los precios en sociedades en las que las clases medias y trabajadoras ven cómo sus ingresos cada vez dan para menos ya fue determinante en el voto a Trump. De hecho, históricamente ha sido uno de los factores más desestabilizadores, desde el Imperio romano a la ascensión del nazismo pasando por regímenes populistas de Latinoamérica, la variación de los precios afecta de manera directa a la calidad de vida de las personas a través de su capacidad de compra. En Alemania, además, se suma la incertidumbre de un proceso de desindustrialización, con la amenaza china en ascenso.

En Sajonia Anhalt se han hundido la CDU y el SPD porque ambos han colaborado en la gobernabilidad en los últimos años y, por tanto, el descontento los hace responsables a ambos. En España, en estos momentos, tanto el PP como el PSOE mantienen un suelo de votantes más o menos sólido, aunque lejos de mayorías absolutas. Los populares, por ejemplo, conservan un 32% del voto, según la encuesta de 40db publicada recientemente en El País, mientras Vox roza el 18%. Para que el partido de Santiago Abascal siga los pasos de la Afd en Sajonia Anhalt necesitaría convertirse en una formación atractiva para un votante más transversal. Que eso ocurra está en manos también de los dos partidos principales que, de momento, se lo están poniendo fácil.

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