La inteligencia militar sospechó del papel de Marruecos en Ceuta mientras Sánchez lo desvinculaba de la crisis
Un informe del 30 de julio consideró «negligente y pasiva» la actuación de Rabat, apuntó a un posible «descontento» del Majzén por el viaje de Sánchez a Argelia y no descartó que Marruecos explotara la crisis en favor de sus «intereses estratégicos»
La Razón, , 09-09-2026La inteligencia militar española puso sus ojos sobre Marruecos desde el mismo 30 de julio. Mientras decenas de miles de migrantes atravesaban la frontera y el Gobierno desvinculaba a Rabat de la crisis que estaba desbordando
Ceuta
, los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas manejaban un análisis bastante más inquietante sobre el comportamiento del país vecino.
No atribuían a las autoridades marroquíes
la organización de la avalancha
, pero sí apreciaban indicios suficientes para sospechar de su actitud y contemplaban que Marruecos pudiera utilizar lo sucedido para obtener réditos estratégicos.
La valoración elaborada aquel mismo 30 de julio consideraba «muy probable» que las autoridades marroquíes no estuvieran «favoreciendo activamente la oleada migratoria». Esa cautela resulta fundamental: la inteligencia militar no concluía que Rabat hubiera organizado o impulsado la entrada masiva. Pero inmediatamente introducía un matiz de enorme relevancia política. Consideraba que las autoridades del país vecino habían actuado hasta entonces «de forma negligente y pasiva».
El análisis incluso anticipaba un cambio de comportamiento al otro lado de la frontera. «Es probable que las FCS marroquíes incrementen su implicación a partir del 01AGO26, una vez finalizada la Festividad del Trono», señalaba la valoración. La inteligencia española contemplaba así que las fuerzas de seguridad marroquíes aumentaran su intervención precisamente después de que concluyera una de las principales celebraciones oficiales de Marruecos.
Pero el documento no se detenía en la actuación policial.
Los analistas militares introdujeron también una posible explicación política para la actitud de Rabat. «No se puede descartar que exista un cierto nivel de descontento en el Majzén relacionado con la visita del presidente del Gobierno a Argelia», recogía el informe.
La referencia a Argelia elevaba el análisis desde la gestión fronteriza hasta las relaciones diplomáticas. Marruecos y Argelia mantienen una profunda rivalidad regional y la inteligencia militar consideraba suficientemente relevante el reciente movimiento español hacia Argel como para incluirlo entre las hipótesis que podían explicar el comportamiento marroquí durante las primeras horas de la crisis.
La conclusión iba todavía más lejos. «Tampoco se puede descartar que Marruecos intente explotar la situación generada en Ceuta en beneficio de sus intereses estratégicos», advertían los militares.
Activación de las Fuerzas Armadas
El informe refleja además la gravedad con la que los servicios militares contemplaban ya la situación durante aquella primera jornada. Su valoración sostenía que era «casi seguro» que el deterioro de la situación en Ceuta obligaría a activar a las Fuerzas Armadas «a muy corto plazo».
También consideraba probable que se produjeran incidentes de seguridad pública como consecuencia del progresivo deterioro de la situación.
La fotografía que manejaba la inteligencia militar el 30 de julio era, por tanto, especialmente delicada: una crisis que previsiblemente exigiría la intervención del Ejército, riesgo de alteraciones de seguridad pública, unas autoridades marroquíes que no parecían estar promoviendo activamente la avalancha pero que estaban actuando de manera «negligente y pasiva» y la posibilidad de que Rabat terminara utilizando el caos fronterizo para favorecer sus propios intereses.
Ese diagnóstico introduce ahora un elemento relevante en la reconstrucción de lo ocurrido durante aquellas primeras horas. Mientras el Gobierno descartaba públicamente la responsabilidad de Marruecos, dentro del Estado ya se manejaban hipótesis que cuestionaban el comportamiento de Rabat.
No se atribuía al régimen marroquí la autoría de la operación, pero tampoco se consideraba neutral su actuación.
La diferencia es sustancial.
La inteligencia militar no podía acreditar que Marruecos hubiera abierto deliberadamente la frontera, pero tampoco descartaba motivaciones políticas detrás de su pasividad. Y, sobre todo, dejó por escrito desde el mismo 30 de julio que Rabat podía terminar «explotando» la crisis en beneficio de sus «intereses estratégicos».
El documento adquiere ahora especial relevancia después de que el propio Sánchez haya ido matizando el relato inicial del Ejecutivo. El presidente ha terminado reconociendo que durante las horas críticas la actuación de las fuerzas marroquíes no consiguió contener los cruces y posteriormente ha defendido la necesidad de mejorar la capacidad del Estado para hacer frente a «ataques híbridos».
La inteligencia militar ya había introducido esa zona de sospecha mientras la crisis todavía estaba desarrollándose. No señaló a Marruecos como autor de la avalancha. Pero el 30 de julio tampoco estaba dispuesta a exonerarlo de su comportamiento en la frontera.
(Puede haber caducado)