Ceuta, comprensión de ida y vuelta

Diario de Noticias, Koldo Aldai Agirretxe, 09-09-2026

He permanecido el verano alejado de la puntillosa actualidad y ahora septiembre nos presenta los bosques adelantados en sus ocres, los campos amarilleados al extremo nunca visto y la humanidad también fragmentada en exceso.

Los septiembres acostumbran a volvernos a acercar a un mundo confrontado y dividido, pero en esta ocasión Ceuta ha acentuado esa confrontación. Volcados ya plenamente en el problema, seguimos sin ver sobre la tez morena de esos jóvenes que vagabundean por la ciudad autónoma la sola palabra de “expulsión”, igual también quepa el vocablo “solidaridad”, o por qué no, los menos utilizados de “misericordia” o “compasión”. Los jóvenes que deambulan por ese recalentado asfalto quizás no sean ángeles alados, pero sí merecen un mínimo de humanidad, no sólo la moneda de nuestro rechazo, cuando no de odio.

Ceuta bien podría ser una oportunidad de abrazar una solidaridad aún más comprometida. Ceuta no debiera representar ariete contra el gobierno, sino un esfuerzo de comprensión que fuera en todas las direcciones, fundamentalmente vecindario e inmigrantes. El conjunto de nuestros problemas no lleva el apellido Sánchez, lo mismo que mañana cuando ocurra el relevo no llevará el apellido Feijóo. El jefe de la oposición hoy no será mañana un redentor. Sin embargo, preocupa esa fobia desmedida contra nuestro presidente como si fuera el origen de todos nuestros males. ¿No estaremos manifestando de esa manera nuestra impotencia para afrontar con generosidad y valentía nuestros cada vez más extremos desafíos?

Ceuta no resucite dragones cuyo fuego creímos ya apagados. Unos y otros tienen su parte de razón en la crisis ceutí, pero nos blindamos, nos negamos a ver siquiera la mínima parte de cabalidad que acerca el otro. Cuando señalamos que a Marruecos también le asisten sus razones, cuando relativizamos en África la marca España, se cierra todo diálogo, se abre la caja de los truenos. Todos tenemos que hacer nuestro recorrido hacia la unidad. No sólo los que tirábamos hacia afuera desde la periferia, igualmente quienes desde el centro creyeron que su órbita era incuestionable, quienes sacralizaron la marca y la convirtieron en intocable.

La inercia de la imposición no ha terminado de ceder. Dando descaradamente la espalda a nuestro propio pasado, llevamos tiempo no sólo acercándonos a la marca “España”, sino auspiciándola. Deseamos enterrar la idea de la opresión centralista y pujar por la unidad humana, la unidad de los pueblos. Sin embargo, los tradicionales detentores de la marca España siguen sin culminar su indispensable recorrido, sin salir de la pretérita inercia impositiva, obviando el esfuerzo de los otros, siguen con sus “verdades elementales”, incuestionables.

Cada quien cumpla su parte. La marca España en cuanto a imposición y no diálogo, entendimiento y acuerdo debería ceder en todas partes. La demonización de la incomodidad encarnada en las bandas de jóvenes inmigrantes también debería caducar. Si se han plantado hasta tan adentro, no sólo las porras y las alambradas han de ser solución, también la solidaridad en la medida en que nuestro corazón colectivo y nuestras posibilidades reales lo permitan.

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