Aquellas palabras de León XIV

En su visita a Canarias dejó mensajes que ahora conviene repasar a la luz de la crisis de Ceuta

Canarias 7, Francisco Suárez Álamo, 09-09-2026

Estaba claro que el obispo José Mazuelos iba a mencionar en su homilía la visita de León XIV a Canarias este año, hecho ciertamente histórico por ser la primera ocasión en que el jefe de la Iglesia católica pisaba el archipiélago y también por el significado de ese desplazamiento y el lugar elegido el muelle de Arguineguín para iniciar la estancia de dos días en las islas. Y si se justificaba la cita a León XIV en las palabras del obispo en la misa en honor a la Virgen del Pino en el día grande sus fiestas, más si cabe teniendo en cuenta lo que vivimos en Ceuta hace cinco semanas y lo que sigue pasando en esa ciudad autónoma.

Aquella visita papal dejó frases que ahora conviene recordar, en especial si lo hacemos acompañando esa segunda lectura con las imágenes de Ceuta y con las declaraciones de unos y otros. Dijo el Papa que «la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar la frontera». Y si de verdad creemos eso sí que es un acto de fe en ello, no queda otra que concluir que lo que sucede un día sí y otro también en algunas playas de Ceuta y en sus calles es indigno. En pleno siglo XXI, una democracia plena como la española no puede ofrecer esa respuesta a los que llegaron. Por muy irregular que fuese su entrada, que lo fue, los derechos humanos, como la dignidad, no se pierden por ello. Si hasta los condenados tienen sus derechos, ¿por qué no van a tenerlos quienes ni siquiera han sido procesados?
Pero no acaba ahí el obligado recordatorio a la visita papal. Dijo León XIV en Canarias: «Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante».

La primera parte del enunciado la imprimiría en letras de oro y se la mandaría a Mohamed VI. Tanto presumir de alianzas con Estados Unidos e Israel, tanto sacar pecho por su creciente influencia en África, tanto invertir en gigantescos estadios de fútbol para el Mundial de 2030, y Marruecos es un Estado que, como vimos aquellos días de finales de julio, no garantiza unas condiciones mínimas de vida digna para los suyos. Porque es verdad que pudieron cruzar la frontera engañados, pero si algo sabían es cómo se vive en su país. Y por eso mismo hay miles que no quieren regresar.

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