Los europeos quieren más Europa, pero no confían en sus líderes

Pedro Sánchez es el gobernante mejor valorado en el último estudio de Centro Europeo de Relaciones Exteriores

La Vanguardia, Xavier Mas de XaxàsXavier Mas de Xaxàs/Barcelona, 09-09-2026

Europa sigue en pie. El proyecto de construcción cuenta con el apoyo de la inmensa mayoría de europeos, pero no muchos confían en que nuestros líderes sean capaces de llevarnos a la tierra prometida de una Europa fuerte, segura, próspera e independiente. El último estudio del Centro Europeo de Relaciones Exteriores, que La Vanguardia publica hoy en exclusiva en castellano, no deja lugar a dudas sobre la enorme brecha que se abre entre las aspiraciones de la ciudadanía y la debilidad de los gobernantes.

El estudio se ha elaborado a través de 5.000 entrevistas hechas con la ayuda de la IA en seis países (entre ellos Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, pero no España).

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es el líder mejor valorado. El 8% de los encuestados aprecia que desafíe a Trump y defienda Palestina, que afirme que “la UE es el proyecto de paz y unidad más importante de la historia” o que diga que “defendemos Europa porque no podemos concebir otra manera de ser y estar en el mundo”.

Sólo un 4% considera que el presidente francés Emmanuel Macron, que lleva una década defendiendo la autonomía estratégica de Europa, sea el mejor líder europeo. Al resto de gobernantes, incluido el canciller Frederich Merz y la presidenta de la Comisión Ursula Von der Leyen, no los apoyan ni el 1% de los encuestados.

El liderazgo de Sánchez contrasta con su aislamiento en Europa, donde hasta los socialdemócratas daneses, a priori sus aliados, le han dado la espalda aprovechando la crisis migratoria de Ceuta.

Italia es el país donde Sánchez es más popular, lo que ayuda a entender también la crítica de la primera ministra Meloni a propósito también de Ceuta. A Meloni, que irá a las urnas dentro de un año, le ha salido un rival aún más radical frente debe ser aún más contundente con la inmigración.

El politólogo Pawel Zerka, autor del estudio, atribuye el pesimismo de la mayoría de europeos a la falta de un liderazgo sensato e ilusionante. El 75% quiere más Europa, pero el 68% aprecia un deterioro progresivo de proyecto europeo y el 56% está convencido de que el futuro de una Unión cada vez más estrecha está en peligro.

Los problemas son enormes. Ninguno más que la guerra en Ucrania –así opina el 47% de los encuestados – , seguido de las dificultades económicas (33%). Lo más grave, sin embargo, es que tres de cada cuatro europeos creen que estos retos no se afrontan bien y culpan de ello a sus gobernantes, a los que critican que piensen más en su futuro personal que en el futuro de sus países dentro de una Europa más integrada.

Los pesimistas, es decir, los que creen que los mejores días de la UE ya han pasado, son muchos: el 39%. Los optimistas, los que consideran que las crisis son oportunidades para mejorar y que la UE sabrá aprovecharlas, son pocos: 19%. Son más, en todo caso, que los que pasan de todo y han desconectado de Bruselas (12%). El grupo más interesante de ciudadanos, sin embargo, son los que dudan, es decir, los que quieren una Europa mejor, pero no son optimistas porque no ven cómo alcanzarla de la mano de sus actuales gobernantes. Suman el 31% de los europeos.

Su quiero y no puedo es tan frustrante que, con frecuencia, se dejan llevar por la corriente pesimista y aceptan las tesis de las fuerzas radicales y antieuropeístas.

Pawel Zerka considera que estas personas tienen una “nostalgia del futuro”. La definición la ha sacado de un álbum de Dua Lipa y le sirve para identificar a los europeos que piensan que “teníamos el futuro al alcance de la mano, pero se nos ha escapado”.

Zerka explica que “cuando el futuro en el que creemos se desvanece, el pasado es un espacio muy atractivo para buscar otro futuro posible. La política de la nostalgia explota este instinto. Ofrece familiaridad en lugar de posibilidad. Nos ofrece versiones del ayer como si fueran respuestas para el mañana”.

El auge de la extrema derecha en Alemania, Francia, Italia, el Reino Unido y España explicaría este fenómeno.

La manera de contrarrestarlo, según Zerka, no es con más propuestas abstractas sobre la construcción europea imposibles de llevar adelante –como un ejército común – , ni con normas tan incómodas o difíciles de entender como los tapones de las bebidas, sino con medidas prácticas y posibles, como una defensa compartida a partir ejércitos mejor dotados e integrados.

Los europeos tienen miedo al futuro, al calentamiento global, a la guerra, a la pérdida de productividad y la amenaza de la IA sobre sus empleos. Pero hubo un tiempo no muy lejano en el que Bruselas ofrecía respuestas muy solventes a estas inquietudes. Distribuyó vacunas durante la pandemia y ha repartido miles de millones para la transición a una economía más verde y digital.

El euro, Schengen, la ampliación al Este y el programa Erasmus aún forman parte de ese momento en el que todo parecía posible. Zerka cree que los líderes europeos “deberían recuperar el sentimiento de que el futuro sigue estando en nuestras manos”. Para ello han de pensar más en el mañana y menos en el aquí y ahora, impulso que decide sus prioridades políticas.

“El tiempo apremia –advierte el politólogo – . No queda mucho para transformar la incertidumbre en aspiración”.

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