Estrella Galán: "Marruecos no es un socio fiable, hay que replantearse la relación"
La eurodiputada de Sumar afirma que, para algunos en la UE, Ceuta "ha sido un espacio perfecto para ajustar cuentas" con Sánchez, a quien pide más "autocrítica". Dice que Inclusión o Interior tuvieron una "ausencia absoluta" en el inicio de la crisis.
El País, , 08-09-2026BRUSELAS.- Estrella Galán Pérez (Madrid, 1971) es una de las personas con mayor conocimiento de las migraciones en nuestro país. Directora general de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) entre 2011 y 2024, ahora es europarlamentaria por Sumar, tras las últimas elecciones comunitarias de hace dos años.
Desde esa experiencia y ese ideario, su mirada sobre la crisis de Ceuta es tremendamente crítica. Contra Marruecos y su juego con las vidas humanas, contra la parte socialista del Gobierno que aún no da las explicaciones oportunas y pone dificultades a algunos ministerios, denuncia, y contra la Comisión Europea, que dobla la cerviz ante los fuertes.
Insiste en reformular las relaciones con Rabat, en abordar este episodio como algo más que un problema migratorio y en poner los derechos humanos por delante. También en que no se normalicen más los discursos de ultraderecha que hacen a Europa perder su brújula de valores.
Pregunta: ¿Le han parecido suficientes las explicaciones que ha dado en el Congreso el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a propósito de Ceuta?
Respuesta: Evidentemente no. Nosotros esperábamos autocrítica en cuanto a la gestión de la crisis que se ha producido. No es de recibo que se haya tenido que esperar 20 días para que se hayan activado las medidas humanitarias con personas muy vulnerables, en una situación de muchísima exposición, con niños y niñas, con familias, con mujeres solas que están protegiendo a sus hijos en situación de calle y también teniendo en cuenta la situación de la propia población ceutí, no sólo de las personas migrantes. Por tanto, nos ha faltado autocrítica, nos ha faltado una visión con Marruecos mucho más contundente.
Nosotros consideramos que esa política de concesiones y de evitar confrontaciones con Marruecos es un fracaso y, a la vez, ya fue un grave error modificar la posición española sobre el Sáhara, pensando que eso facilitaría el control de las fronteras. Lo sucedido en Ceuta debe ser un punto de inflexión para regresar a unas posiciones previas y con garantías en cuanto al pueblo saharaui y replantearnos de una vez la relación de vecindad con Marruecos. La intervención ha sido insuficiente y consideramos que el foco tendría que haber estado en otro lugar.
P: ¿Cuál es la mayor laguna de expuesto por el Gobierno? Gabriel Rufián, por ejemplo, le pedía responsabilidades a Marruecos, que al menos desde la parte socialista del Ejecutivo no se le está reclamando…
R: Por supuesto, pedir y depurar responsabilidades y exigir una investigación profunda de lo ocurrido y, a partir de ahí, tomar decisiones en cuanto a nuestra relación con Rabat. También autocrítica, insisto, respecto a la gestión, porque creo que ha habido una crisis de gestión y, a diferencia de nuestra ministra de Infancia [Sira Rego, también de Sumar], que desde el primer día estuvo al pie de cañón tratando de poner sobre la mesa soluciones, hemos visto una ausencia absoluta hasta muy tarde del Ministerio de Inclusión e incluso del Ministerio de Interior y, en términos generales, hasta nombrar un mando único casi agotando el mes de agosto.
“Hemos visto una ausencia absoluta hasta muy tarde del Ministerio de Inclusión e incluso de Interior y, en términos generales, hasta nombrar un mando único casi agotando el mes de agosto”
Por otro lado, creo que hace falta una firme crítica al modelo de política de externalización de fronteras, que es lo que nos lleva a esta vulnerabilidad y a esa situación de dependencia frente a terceros países que no respetan los derechos humanos; convertirlos en socios estratégicos nos deja en una situación de dependencia muy preocupante.
P: No pondría la misma nota al Gobierno, distingue entre Sumar y socialistas a las claras.
R: Sin lugar a dudas, ha habido una enorme diferencia en cuanto a cómo se ha visto que el Ministerio de Infancia y Juventud ha actuado desde el primer momento y ha estado ahí pese a todas las dificultades que le están poniendo, tanto desde la parte socialista del Gobierno como desde las comunidades autónomas gestionadas por el PP, impidiendo los traslados de menores. Y esos traslados son fundamentales para tener un gesto real de resolver la crisis que hay en Ceuta y para demostrar la solidaridad con la población ceutí.
P: Ha dicho Sánchez que la relación ahora con Marruecos debería ser diferente si se constata algún tipo de implicación en lo ocurrido, ¿pero cómo tiene que ser? ¿Es un socio fiable o no lo es?
No, hoy no es un socio fiable y hay que replantearse de una vez la relación que tienen con él en España y en la UE. Marruecos es un socio estratégico para ambos y lo sabemos, por su cercanía, por su lugar territorial, tenemos una relación económica, comercial, energética, de seguridad y de vecindad que es importante. Pero, desde luego, lo que sí tenemos que plantear es qué tipo de relación queremos tener con ellos, porque cooperación no significa subordinación, que es lo que estamos sufriendo ahora. España y la UE tienen que cooperar con Marruecos, pero no puede condicionar nuestra política migratoria ni puede utilizar los flujos migratorios como instrumento de presión.
“Cooperación no significa subordinación, que es lo que estamos sufriendo ahora con Marruecos”
Y aquí Ceuta nos deja una lección muy importante, una relación estratégica no puede convertirse en una relación de dependencia. Y Marruecos, sin lugar a dudas, en primer lugar, no respeta los derechos humanos ni para su pueblo, ni tampoco para las personas migrantes, y no puede ser el gendarme que controle nuestras fronteras. Por tanto, hay que hacer una revisión profunda de nuestras políticas de control de fronteras y de esa relación con un socio que desde luego a quien está garantizando determinadas cuestiones o intereses es a Estados Unidos e Israel. No nos cabe duda de los intereses que EEUU tiene en estos momentos en el Estrecho para poder controlar toda la gestión de petróleo y el fracaso que está teniendo en el Estrecho de Ormuz, con Irán, demuestra que su interés en el Estrecho de Gibraltar es muy alto.
P: Lleva días insistiendo en que esto no sólo es una crisis migratoria, que hay muchos flancos más. Ahora habla de EEUU e Israel. ¿Todo esta presión llega a Bruselas?
R: Bruselas se ha puesto de perfil, ha gestionado la crisis pésimamente y se ha impuesto un cálculo partidista y miope. La reacción sabemos que está relacionada con el ciclo electoral que viene en breve y que a muchos países nos va a afectar, porque tenemos elecciones regionales en Alemania y el próximo año en Francia, en Italia, en Polonia, en España… Hay un nerviosismo enorme y la materia migratoria es fundamental en todo esto.
“Bruselas se ha puesto de perfil, ha gestionado la crisis pésimamente y se ha impuesto un cálculo partidista y miope”
Desde luego, la posición de la Unión Europea se ha visto en Ceuta, pero ya estamos viendo no sólo ahora sino mucho antes, que la Comisión Europea es muy cobarde con los fuertes, en este sentido me refiero a EEUU y a Israel, y muy agresiva con los que son más débiles. Ya nos gustaría haber visto la misma reacción que se produjo con Bielorrusia cuando hubo un flujo importante de personas migrantes y cómo rápidamente la Comisión reaccionó de forma inmediata. Sin embargo, todavía estamos esperando que un solo responsable o representante de la Comisión pise Ceuta.
Estrella Galán, eurodiputada de Sumar, en una protesta sobre derechos laborales.
Estrella Galán, eurodiputada de Sumar, en una protesta sobre derechos laborales.Sumar / Cedida
P: No somos Polonia ni Marruecos es Bielorrusia, pero ¿cuál cree que es la principal razón por la que se nos ha tratado así? ¿Es puramente electoral? ¿Conveniencia? ¿Es ir contra Sánchez?
R: En primer lugar, yo creo que hay una revancha contra el Gobierno de España en particular. Había ganas contra el único Gobierno progresista que queda en la Unión Europea. Y, en ese sentido, se han ajustado cuentas, Ceuta ha sido un espacio perfecto para ajustar cuentas. Se la han cobrado a España por parte de las instituciones europeas y también de los Estados miembros, por múltiples cuestiones. Entre ellas, las políticas migratorias, el proceso de regularización, que sigue coleando siempre que se puede y que nos lo reprochan de forma constante.
Ahí está la carta que enviaron al principio los 22 Estados miembros, así como las declaraciones posteriores, por ejemplo, de aquel primer ministro de Suecia que reprochaban a España estos procesos de regularización como si esto pudiera tener algún efecto en el resto del territorio europeo y en el espacio Schengen. Esto es profundamente incierto y, además, creo que es una forma de manipular la información. Pero hay también otras decisiones de España que han generado malestar, como el 5% exigido por Trump para la OTAN, en gasto en defensa, siendo España el único país que se negó y que muchos países han vivido con una traición a la solidaridad europea, y también, y no podemos obviarlo, por su posición respecto al genocidio [de Israel en Gaza]. Esto ha sido una oportunidad para hacerle pagar a España como país que se ha plantado frente a Israel, que se ha plantado frente a EEUU y que está luchando contra el avance de la ultraderecha.
“Esta ha sido una oportunidad para hacerle pagar a España como país que se ha plantado frente a Israel y EEUU y que está luchando contra el avance ultra”
P: Esa postura con Ceuta va en sintonía con el nuevo Pacto de Migración y Asilo, que está endureciendo las fronteras en la UE. ¿Cómo valora su puesta en marcha progresiva? Hay ONG que dicen que superan las líneas rojas del derecho internacional.
R: Bueno, aquí soy bastante crítica. Desde luego, el pacto, que se trató de presentar como la gran solución europea al problema migratorio, ha demostrado que en absoluto es una alternativa, sino todo lo contrario. Europa ha construido durante años una política migratoria basada en la securización y la externalización de fronteras y el pacto sólo viene a consolidar esa lógica. De hecho, nada más empezar la legislatura, dado que el pacto se había aprobado en la anterior y había que desarrollar todos los reglamentos, lo primero que se hizo fue desarrollar o aprobar esos reglamentos más duros y acabamos de aprobar ese reglamento de retorno, que es una barbaridad, que permite abrir centros de expulsión en terceros países sin ninguna garantía, lo que yo llamo “Guantanamos europeos”.
El pacto únicamente ha servido como sostén a esas políticas que sólo pretenden generar expulsiones, expulsiones y expulsiones. Hay una profunda obsesión en el Parlamento Europeo por parte de las derechas y me refiero al PP y los tres grupos de ultraderecha, en esas expulsiones de las personas migrantes, como gran respuesta a la seguridad europea, cuando eso está claramente demostrado que va a ser un fracaso.
P: ¿Y ahí donde queda la Europa de las libertades y los valores fundacionales de los tratados? ¿Se está perdiendo el alma de Europa?
R: Sin lugar a dudas. Europa en estos momentos ha perdido el norte y esa bandera de la defensa de los derechos humanos. Los valores europeos no pueden ser simplemente una declaración institucional. Una verdadera prueba de que los valores europeos se demuestra sobre todo en situaciones difíciles, y ahora lo hemos visto, la solidaridad ha brillado por su ausencia. Cuando hay crisis y cuando hay miles de personas y cuando hay presión política, es cuando hay que estar al pie de cañón y no dar la espalda a un socio o a otro.
“Europa en estos momentos ha perdido el norte y esa bandera de la defensa de los derechos humanos”
Así que lo que nosotros estamos viendo es que la narrativa de la ultraderecha se ha impuesto, desafortunadamente, y la humanidad han quedado en una segunda línea muy alejada de aquella Europa de los valores y de todos los principios fundacionales que en estos momentos no están en la agenda política.
Estrella Galán, eurodiputada de Sumar, escucha una intervención en el salón de plenos del Europarlamento, en Estrasburgo (Francia).
Estrella Galán, eurodiputada de Sumar, escucha una intervención en el salón de plenos del Europarlamento, en Estrasburgo (Francia).Sumar / Cedida
P: Estamos iniciando ya el nuevo curso político. ¿Cuáles son los retos principales que se van a afrontar en España y en Europa?
R: Hay muchos, muchos retos. Lo primero es resolver la emergencia de Ceuta, pero hacerlo sin convertirlo en una guerra cultural, que es lo que en estos momentos está sobre la mesa. Ceuta necesita recursos, necesita solidaridad, necesita coordinación, apoyo europeo y solidaridad territorial. Y, sin lugar, a dudas la primera medida tiene que pasar por trasladar a las personas al territorio peninsular. Esa va a ser la única solución para resolver la emergencia.
Otro de los retos es replantearse la relación con Marruecos y con todos esos países que están en estos momentos cuestionando nuestras fronteras exteriores. Hay que tener relaciones que exijan el respeto a los derechos humanos y desde luego que nos hagan menos dependientes. Europa se debería cuestionar también el reto, el modelo migratorio que ha puesto en marcha. El pacto y las políticas migratorias de Europa no pueden convertirse en necropolíticas y en maquinarias de control, retorno y externalización, y hay que seguir solidaridad, vías legales y seguras, una política de visados realistas y garantías efectivas de protección. No podemos estar hablando de las luchas contra las mafias, que es una frase bastante utilizada, y de migración regular, sino se ponen en marcha vías regales y seguras.
Entre todos, también tenemos que tratar de frenar la normalización del discurso de la ultraderecha, porque incluso en los medios de comunicación toda esa narrativa y esos marcos de narrativa bélica sean impuestos, deliberadamente al final hemos asumido esas palabras como masivas, ataques híbridos que responden a guerras, cuando lo que estamos viendo es que lo que hay son personas vulnerables. Y tenemos que impedir que su marco conceptual y su narrativa se convierta en el lenguaje común de la política, porque al final son ellos quienes ganan la batalla.
“Tenemos que impedir que el marco conceptual y la narrativa de la ultraderecha se convierta en el lenguaje común de la política, porque al final son ellos quienes ganan la batalla”
Por último, hay que recuperar una agenda real que llegue a los ciudadanos, porque si dejamos que toda la política y todas las narrativas giren alrededor de la inmigración con un carácter negativo, estaremos permitiendo que la extrema derecha decida cuáles son las preguntas que debemos contestar y que debemos hacer en cada momento.
P: ¿Y qué tiene por delante la izquierda europea, cuando las derechas de todo signo se unen? Parecía que había una mayoría de consenso democrática, pero se inclina a la derecha…
R: En estos momentos, ese equilibrio está roto, absolutamente roto. El Partido Popular Europeo ha acabado con el cordón sanitario y pacta todo lo que le interesa, y que es claramente, roza lo antidemocrático, con la ultraderecha sin ningún problema, ya no hay pudor, y ahí tenemos un gran problema. Insisto, la extrema derecha ya no necesita gobernar, ya no necesita ser mayoría, sólo necesita activar al PPE, y lo estamos viendo también en España, para que ejecute las decisiones que ellos toman, así que en ese sentido creo que el PPE tiene una profunda responsabilidad en el futuro de Europa, en ver si quiere seguir apostando por un proyecto europeo basado en derechos, o si finalmente va a entregar todas las armas a la ultraderecha.
En cuanto a políticas, nosotros consideramos que la verdadera alternativa es llevar a cabo una política migratoria que gestione la movilidad humana, vamos poniendo el foco en los derechos humanos en lugar de intentar simplemente hacerla desaparecer o alejarla de nuestras fronteras, para no ver, o que no esté, que nos dé igual cómo se controlan los frutos migratorios. Hay que gestionar las entradas con garantías y con derechos, y abrir vías legales y seguras.
Creemos que es fundamental en este espacio impedir que el derecho internacional se rompa, como lo hemos visto en Gaza, y cuando ya se han traspasado todas las líneas, o cuando se han roto todas las barreras de las garantías y los derechos con un genocidio y la Comisión Europea todavía no se ha pronunciado al respecto, pues el riesgo es muy profundo.
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