El rapto de Europa
Hay que mirar menos a la AfD y más al resto de partidos y a la UE para preguntarles qué han hecho
Canarias 7, , 08-09-2026Nos podemos rasgar las vestiduras ante el resultado de las elecciones en Sajonia-Anhalt (lo que siempre se conoció como Alta Sajonia) y podemos incluso poner la cara del personaje pintado por Munch en el más famoso de sus cuadros, pero no caigamos en el error de Mario Vargas Llosa (qepd) cuando soltó aquello de que había que tener cuidado para distinguir entre «votar bien y votar mal». En una democracia plena nadie puede decir que el electorado votó «mal», porque tan legítimo es el resultado si ganan los de centro como si lo hacen lo que están en la izquierda más extrema o en la derecha más ultra. Incluso si vencen los que cuestionan el propio sistema democrático o tienen intención de desmantelarlo, que de eso en Alemania tienen sobrada experiencia. Esa pluralidad de opciones es una bendición y es también el riesgo de toda democracia.
Dicho lo anterior, quien más pierde con el resultado de las urnas es Europa. El auge de la ultraderecha camina en paralelo con el declive de la Unión Europea, porque tanto en Sajonia-Anhalt como en Italia, Francia, Países Bajos y prácticamente toda la UE, estamos hablando de fuerzas políticas cuyo ideario incluye demonizar la unidad europea y presentarla como elemento que ha influido en el declive de las economías nacionales. Otro de los pilares es el discurso contra la inmigración, que en unos casos se concreta en determinados colectivos y en otros en la tesis cada vez más asentada de que el europeo clásico esto es, el blanco está siendo reemplazado por una invasión de africanos y asiáticos que vienen con otras culturas, otras religiones y, sobre todo, con un deseo oculto de acabar con los valores tradicionales de ‘la Europa de toda la vida’.
Para explicar lo de Sajonia-Anhalt hay que mirar menos a la AfD y más al resto de partidos para preguntarles qué han hecho en estos últimos años, porque la población de ese ‘länder’ sigue anclada en unos dos millones de habitantes, de manera que el 44% que votó a la ultraderecha no es fruto de la llegada de nuevos alemanes extremistas, sino de los alemanes que antaño votaban a otros partidos.
En paralelo, hay que mirar también a Europa, a Bruselas, a la Comisión, al Parlamento y al resto de instituciones comunitarios y preguntarles igualmente qué demonios han estado haciendo en estos años para fomentar un desapego ciudadano que empieza ya a convertirse en rechazo e incluso en odio a la UE.
A la Europa unida no la raptó Zeus transformado en un toro blanco; se la llevaron los propios errores de una UE que, siendo tan necesaria, ha sido tan inmensamente torpe en su caminar. Y la AfD ha jugado sus cartas y ha ganado.
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