Ignorar los malestares
La Vanguardia, , 08-09-2026Les pido que me dejen ser un poco demagogo. Pero mientras el fin de semana en Valencia debatíamos sobre el intolerable insulto que el presidente de la Diputación de Valencia, Vicent Mompó, dedicaba a la ministra Diana Morant, con el apelativo de “lameculos”, en Europa se abría una falla, en el Land de Sajonia – Anhalt, que puede ser el principio del fin del modelo europeo y de los valores que han sostenido Europa desde 1945. Porque el resultado de las elecciones ha otorgado la victoria a la ultraderecha de la AfD, una formación situada en las posiciones más extremas de la derecha radical europea y próxima a Moscú. Mientras, la socialdemocracia alemana ha entrado en la marginalidad y las derechas tradicionales de la CDU y la CSU corren el riesgo de seguir el mismo camino no solo en algunos Länders, también en las próximas elecciones legislativas.
Toda la prensa europea analizaba ayer los factores que han llevado a que una parte de Alemania apoye en masa a un partido que, además, mantiene posiciones que relativizan el pasado nazi. Y no oculto mi sorpresa de que la mayoría de los análisis que se trasladaban desde los grandes partidos socialdemócratas y conservadores europeos buscaban culpar a “otros”, e incluso tratando a los votantes de esta formación de, poco menos, que estúpidos. Pocos eran los analistas que introducían la autocrítica y señalaban la evidencia de que ni la socialdemocracia europea ni las fuerzas conservadoras de raíz cristiana han sabido dar una respuesta a los malestares que han acabado enquistándose en nuestras sociedades, porque son malestares reales. Con el añadido de que, sobre algunos de estos malestares, no ha habido voluntad siquiera de abordarlos, por miedo o por temor a perder una presunta superioridad moral.
Sucede con la inmigración. Al margen de la manipulación de las redes sociales y de cómo las fuerzas populistas hiperbolizan el asunto, la realidad es que en la sociedad crece este malestar que exigía de la izquierda y la derecha democrática una respuesta capaz de combinar la defensa de los derechos humanos con la sostenibilidad de los servicios públicos, así en Sanidad, Educación, Transporte o Seguridad. Se ha hecho lo contrario, permitiendo que los “ultras” acaben abanderando una preocupación que les está catapultando. Pero, como señalaba Joan Romero ayer en Levante – EMV, hay más, porque nada se ha hecho para resolver de manera efectiva el problema de la vivienda, de la financiación o para reducir la polarización. Bien al contrario, seguimos con los grandes partidos enfrentados, generando más desesperación en los ciudadanos. Lo de ayer en Alemania no es el principio, lleva años sucediendo, pero puede acabar siendo el final del modelo de convivencia conocido. Si los partidos tradicionales no vuelven a escuchar a sus sociedades, Europa confirmará demasiado tarde que la ultraderecha creció mientras los demás miraban hacia otro lado.
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