Empieza el baile prusiano

La apabullante victoria de AfD en Sajonia-Anhalt radicalizará a las extremas derechas europeas

La Vanguardia, Enric JulianaEnric Juliana/Madrid, 08-09-2026

Sajonia abre el baile, decíamos la semana pasada en el primer Penínsulas de este curso. Nos referíamos a un largo ciclo electoral que va a ser determinante en América y Europa. Elecciones generales en Brasil (4 de octubre). Elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos (3 de noviembre). Elecciones parlamentarias en Suecia, Letonia, Italia, España, Grecia y Polonia entre 2026 y 2027. Elecciones presidenciales en Francia en la primavera del 2027. Elecciones regionales en Alemania, que irán mostrando gradualmente el pulso de un país atormentado por el riesgo de una grave decadencia industrial. Este es el calendario. Están en juego la intensidad del segundo mandato de Donald Trump, el equilibrio de poderes en Estados Unidos y la fibra de la nueva internacional de extrema derecha, cada vez más influyente en el mundo. Está en vilo el principal país de América Latina. Y el porvenir de la Unión Europea gira en la ruleta. No es poco.

Empieza el baile y suenan marchas prusianas. Se veía a venir, así lo apuntábamos la semana pasada, pero el puñetazo de este fin de semana en el estado federado de Sajonia – Anhalt resuena en toda Europa. La política convencional alemana ha sido humillada por un joven partido de ultraderecha que hace dos años no fue admitido en la plataforma Patriotas por Europa por sus posiciones ambiguas respecto al periodo nazi, que inquietaban especialmente al Reagrupamiento Nacional francés de Marine Le Pen. Tampoco los quería Georgia Meloni en su grupo parlamentario europeo (Conservadores y Reformistas), compartido con los ultranacionalistas polacos del partido Ley y Justicia y otros grupos menores de la República Checa, Suecia, Dinamarca y Finlandia. Hasta la fecha, Vox se ha mantenido formalmente a distancia de Alianza para Alemania (AfD), pero ha seguido con atención sus pasos.

Un partido alemán que pide poner fin al examen de conciencia por el periodo nazi pone en guardia a mucha gente. Hace dos años, AfD daba cierto miedo a otros partidos de la derecha dura. Su contundente victoria en Sajonia – Anhalt va a cambiar muchas cosas. Serán admitidos en salones que hasta ahora les estaban vetados. Tendrán más apoyo de la actual administración de los Estados Unidos.

Seguramente van a poder gobernar. AfD no ha alcanzado la mayoría absoluta, pero ha reventado el cuadro superando el 43% de los votos, con el consiguiente hundimiento de la conservadora CDU, partido del canciller federal Friedrich Merz. Es probable que puedan obtener apoyo del singular partido BSW, formación soberanista que se declara de izquierda y contraria a la inmigración, que ha logrado superar la barrera del 5%. Las siglas BSW responden en alemán a Partido de Sahra Wagenknecht, fundadora de la formación después de escindirse de Die Linke, grupo equivalente al Podemos español en sus tiempos más vigorosos. La señora Wagenknecht militó en el SED, el partido comunista de la antigua República Democrática de Alemania, y está casada con Oskar Lafontaine, antiguo líder del ala izquierda del SPD, que en 2007 abandonó a los socialdemócratas para fundar Die Linke. Es probable que AfD pueda gobernar con algún tipo de acuerdo parlamentario con BSW, lo cual puede convertir la antigua provincia sajona del Reino de Prusia en un singular laboratorio político: programa duro de la extrema derecha, fiscalizado por excomunistas contrarios a la inmigración masiva.

Quizás sea la mejor salida para el canciller Merz, en horas muy bajas después de la humillación sufrida por su partido. La CDU no ha podido ir más allá del 17% de los votos. La CDU está perdiendo la Alemania del Este. Aplicar el cordón sanitario a un partido que acaba de superar el 40% podría ser contraproducente.

Experimento AfD con posible apoyo crítico de la BSW. Ambas formaciones son hostiles a la inmigración y tienen otro relevante punto en común: quieren amistad con Rusia y dejar de ayudar a Ucrania. Uno de los puntos del programa de AfD es el refuerzo de la enseñanza del idioma ruso en Sajonia – Anhalt, como en tiempos de la RDA. Vladímir Putin debe estar sonriendo en Moscú. El teniente coronel Putin fue jefe de la estación del KGB en la ciudad de Dresde, que pertenece al vecino estado de Sajonia, también en la Alemania del Este. Un día tuvo que quemar papeles y empaquetar apresuradamente sus pertenencias porque Mijail Gorbachov, secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, había decidido abandonar la tutela de la URSS sobre la Europa del Este, confiando en que Occidente le ayudaría a financiar sus reformas, cosa que no ocurrió. Rusia se retiraba del este de Europa sin pegar ni un solo tiro, sin imponer siquiera condiciones a la reunificación de Alemania. Putin y la mayoría de los jóvenes oficiales del KGB lo consideraron un gravísimo error.

La guerra de Ucrania es en buena medida consecuencia de aquel momento. El puñetazo electoral de este fin de semana en Sajonia – Anhalt podríamos decir que también. Las fuerzas políticas alemanas que pactaron los términos de la reunificación en 1991 (la CDUCSU y el SPD, democristianos y socialdemócratas), apenas han sumado el 26% de los votos en la antigua Sajonia prusiana, un Lander pequeño, con 2,1 millones de habitantes, envejecido (48 años de edad media), con pocos jóvenes, con pocos inmigrantes y con los salarios más modestos de Alemania. Permítanme una precisión al respecto. Ya quisieran muchas regiones españolas tener la renta per cápita de Sajonia – Anhalt (36.517 euros), superior a la media española (32.633 euros). El desasosiego de las sociedades es difícil de medir en cifras absolutas. La dialéctica entre pasado y futuro suele ser determinante. La evolución de las expectativas regula poderosamente el estado de ánimo de las personas y de los grupos sociales. En las sociedades más decepcionadas suele percibirse un doloroso contraste entre las glorias del pasado y las incertidumbres del futuro.

(En la actualidad hay tres estados federados con el nombre de Sajonia en Alemania: la Baja Sajonia, en el noroeste, cuya capital es Hannover; Sajonia (capital, Dresde) y Sajonia – Anhalt (Magdeburgo), en el este. La Sajonia que ha votado este fin de semana fue provincia del Reino de Prusia y se fundió con el antiguo ducado de Anhalt en 1945, bajo supervisión de la Unión Soviética. Anhalt fue el territorio alemán en el que, en 1932, el Partido Nazi ganó por primera vez unas elecciones. Quisiera agradecer a Mari – Paz López, corresponsal de La Vanguardia en Alemania, su paciencia y generosidad explicándome estos días algunas de las claves de la división territorial de Alemania, auténtico paseo por la historia de Europa).

Un pasado glorioso, un futuro incierto. AfD ha superado la barrera del 43% alimentando dos nostalgias: la grandeza de Prusia y la vida tranquila en la República Democrática Alemana. Se ha escrito muchas veces que la RDA heredó y asimiló buena parte del espíritu prusiano: disciplina, método, sentido del deber, estatalismo. Sus soldados vestían uniformes de corte prusiano y desfilaban con el paso de la oca. Hagamos Prusia grande de nuevo. Seamos fuertes y disciplinados como Prusia. Vivamos tranquilos como en la RDA. He ahí la fórmula AfD. Lo han petado.

Sajonia – Anhalt, lo recordamos la semana pasada, fue cuna del fraile agustino Martin Lutero, padre de la Reforma Protestante, giro rigorista del cristianismo romano. También nacieron allí el pintor Lucas Cranach (el Joven), austero retratista de la Reforma, el compositor Händel, el filósofo Friedrich Nietzsche, creador del mito del Superhombre (el individuo que sabe dejar atrás la moral del rebaño para crear su propia escala de valores); y el príncipe Otto von Bismarck, el Canciller de Hierro, ministro principal de Prusia que llevó a cabo la gran unificación alemana de 1871, convirtiéndose en el primer canciller del Imperio Alemán. Bismark creó el primer sistema moderno de Seguridad Social en el mundo en 1880. Combatió a los socialistas y a la vez impulsó un sistema de protección, pagado por empresarios y obreros, que ofrecía seguro de enfermedad, seguro de accidentes de trabajo y una pequeña pensión para la vejez.

Sajonia – Anhalt: un pasado glorioso, un porvenir gris. Por esa brecha ha entrado AfD al galope. Gran aumento de la participación electoral (casi 250.000 votantes adicionales), especialmente acusado en las comunidades rurales, las zonas más afectadas por la despoblación, la disminución de la población femenina y la erosión de la renta. La participación electoral ha aumentado más en aquellos colegios electorales donde AfD ya fue primera en las elecciones del 2021 y en aquellas zonas donde habían tenido cierto arraigo antiguas formaciones marginales de extrema derecha. AfD se aproxima al 50% en los pequeños municipios rurales, gana con holgura en localidades de entre 20.000 y 50.000 habitantes y apenas supera el 30% en las ciudades más grandes, donde verdes y socialdemócratas obtienen sus mejores resultados, según datos recopilados por el investigador alemán Julius Kölzer.

Un partido cuyo principal carburante son los hombres maduros que se sienten frustrados en un medio rural en decadencia, en el que faltan mujeres, acaba de humillar a la coalición que gobierna el país más potente de Europa, un país muy fuerte que vuelve a sentirse inseguro ante el furioso vendaval del mundo digitalizado. La apabullante victoria de AfD en Sajonia – Anhalt ha adquirido un fuerte carácter simbólico. “Los diques van cediendo uno a uno, con una regularidad que debería alarmarnos”, ha escrito el antiguo ministro francés de Asuntos Exteriores, Dominique de Villepin, incansable en las redes sociales. Es muy posible que Francia decida el futuro de Europa en las elecciones presidenciales de la primavera del 2027.

Van a aparecer imitadores de AfD. Vamos a ver una mayor radicalización de las extremas derechas europeas. En Italia ya está sucediendo. Un nuevo partido que ha tomado el nombre de Futuro Nacional, encabezado por el general de paracaidistas Roberto Vannacci, bebe de las fuentes germanas. Vanacci intenta desbordar a la primera ministra Meloni por la derecha, con un programa neofascista sin camuflajes, en el que invoca una Italia anclada en los valores cristianos “romano – germánicos”, propone rebajar impuestos y cotizaciones sociales, sin tocar, aparentemente, las pensiones; y promete mano dura: más autoridad para la policía, fronteras selladas, deportación de inmigrantes y un control sistemático de las emisiones de radio y televisión para que no promuevan la homosexualidad. También propone alejarse de Ucrania. Este verano, Vannacci no ha cesado de promocionarse con el torso desnudo, emulando una célebre estampa de Benito Mussolini en 1925, cuando por primera vez en la historia un jefe de gobierno europeo aparecía desnudo de cintura para arriba en las portadas de los periódicos y en los cines, liderando la “Batalla del grano”, campaña estival para la recolección de trigo.

Meloni, formada políticamente en el Movimiento Social Italiano, ha intentado convertir su formación, los Hermanos de Italia, en el Partido de la Nación, una nueva fuerza central, con raíces en el fascismo, en busca del gran almacén de votos de la Democracia Cristiana. Siempre ha pedido a los suyos no caer en el folclorismo de las camisas negras. Quería ser muy amiga de Trump, pero también de Ursula von der Leyen y de Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo; muy conservadora, gran admiradora de Benedicto XVI y a la vez muy cordial con León XIV. Trump se enfadó con ella porque no le apoyó en la guerra de Irán y al cabo de unas semanas, una mano invisible propulsaba al general Vannacci. La agresividad de Meloni con el gobierno de España inmediatamente después de la crisis de Ceuta tiene que ver con esa coyuntura. Si Vannacci se hace con el 15% de los votos, puede secuestrarla.

La descomunal crisis de Ceuta —aquel inmediato spot de Elon Musk, el 30 de julio, en el que miles de zombis salvajes asaltan las murallas de una ciudad fortificada—, una crisis mal gestionada que mantiene a España en shock. La derrota de la UE en el reciente referéndum en Islandia sobre la reanudación de las negociaciones de ingreso. (Para compensar, Von der Leyen visitó ayer la danesa isla de Groenlandia) Y el batacazo del europeísmo democrático en las elecciones de Sajonia – Anhalt. El curso empieza con banda sonora prusiana. En Washington sonríen. En Moscú, también.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)