La jubilación del 'baby boom' pasa de largo en Lugo y Zamora: son las únicas provincias que tienen menos pensionistas que en 2011
Décadas de emigración y marasmo productivo se añaden al retraso de la jubilación forzada por la baja cuantía de la pensión para explicar el declive: "Todo el mundo se va: los hijos y también los padres". El fuerte aumento del número de trabajadores extranjeros no consigue mejorar las ratios entre cotizantes y pensionistas en ambas provincias, que siguen teniendo las más bajas de España.
Público, , 07-09-2026La tan anunciada jubilación del baby boom, en Zamora y Lugo, ni está ni se la espera. Ambas provincias españolas son las únicas donde cada vez hay menos pensionistas. Según las últimas cifras del Ministerio de Inclusión y Seguridad Social, en agosto Zamora tenía 43.935, un 4,5% menos que en 2016 y un 7,7% menos que en 2011. En Lugo hay 96.196 pensionistas, un recorte del 3,1% respecto a hace 10 años y un 4,3% por debajo de los que había hace tres lustros. Sólo León se les acerca en el retroceso: tiene los mismos pensionistas que en 2016 y sólo un 0,8% más que en 2011.
Por el contrario, en el resto del país el número de pensionistas ha crecido un 18,8% en los últimos 15 años y un 11,2% respecto a 2016. Donde más, en Canarias, un 44,8% desde 2011.
La tendencia nacional al alza es el resultado inevitable del progresivo envejecimiento de la población y de la llegada a la edad de jubilación de cohortes más numerosas, producto de la explosión de nacimientos ocurrida en España en los años 60 y 70. Pero de esa dinámica se han descolgado al menos dos de las provincias que, con Ourense y León, forman el cuadrilátero de la despoblación del noroeste. La España vaciada no sólo se está quedando sin jóvenes; también sin jubilados.
Estas cuatro provincias llevan años sufriendo un auténtico cataclismo demográfico: las muertes superan a los nacimientos desde los años 80. La caída de la tasa de natalidad ha sido general en España desde 1975, de forma que el crecimiento vegetativo –la diferencia entre el número de nacimientos y el número de defunciones– es de -2,37%, de acuerdo con la más reciente estadística del INE, referida a 2024. Y lleva ocho años siendo negativo. Sólo tres comunidades –Balears, Madrid y Murcia– y las dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla, registran más nacimientos que muertes. Por el contrario, Lugo, Zamora y Ourense tienen los peores saldos, todos de dos dígitos negativos: -10,15%, -11,17% y -11,28%, respectivamente. León se acerca, con –9,13%. Es decir, quintuplican la media nacional.
Que, además de pocos, los habitantes de estas cuatro provincias son mayores, muy mayores, y su número se acrecienta, es un hecho conocido, pero también alarmante. Casi el 45% de los trabajadores zamoranos tiene más de 50 años, 11 puntos porcentuales más que en 2012, según constatan las estadísticas de afiliados a la Seguridad Social. En Lugo son el 41%, nueve puntos más que hace 14 años. Si se atiende a la población general, los mayores de 65 años en Lugo representan el 30,25% del censo, de acuerdo con las estadísticas de la Xunta de Galicia. Pero esa cifra es sólo una media. En pueblos de la montaña como Navia de Suarna se elevan al 51%. Allí la media de edad es de 62 años. En Cervantes y Pedrafita supera los 60 años. Tanto en Lugo como en Zamora la edad media de sus habitantes alcanza los 50 años.
Ni industria, ni vacas, ni vías de comunicación
Así que, en buena lógica, también debería haber cada vez más pensionistas. Pero no es así. Porque el marasmo de décadas de vaciamiento, no sólo demográfico sino también laboral, tiene su traducción en el hecho de que “cada vez menos generaciones están llegando a la jubilación”, analiza Manuel Quiñoá, secretario general de CCOO en Lugo.
“Las empresas han ido desapareciendo casi todas, los hijos emigran a otros sitios y la actividad económica es muy pequeña: en la periferia de la capital han cerrado todos los comercios, en el centro debe de haber más de una decena de tiendas cerradas…”, resume con pena Teo Movilla, secretario general de la Federación de Pensionistas de CCOO en Zamora. “Aquí había una fábrica de galletas…”, recuerda refiriéndose a Galletas Reglero, que ahora se hornean en Toro. Pero no existe industria, tampoco relevo generacional en pueblos sin bar ni colegio. Incluso se ha recortado el número de funcionarios, al mismo ritmo que han ido desapareciendo los servicios públicos según menguaba la población a la que debían atender.
Un paisaje parecido describen Manuel Quiñoá y Lois Neto López, su homólogo del sindicato CIG, en Lugo: faltan industrias –"No sabemos cuánto va a durar la factoría de aluminio de Alcoa, en la costa", advierte el primero– y apenas hay alguna factoría agroalimentaria en el centro de la provincia, mientras cierran explotaciones ganaderas y se destruye empleo en el sector primario –"no hay vacas", denuncia el segundo–. “Se produce un efecto en cadena: primero se van los hijos y los pensionistas van detrás”, lamenta Lois Neto.
Además, las vías de comunicación están muy lejos de lo necesario. Lugo no tiene conexión ferroviaria directa con Santiago, distante sólo 100 kilómetros por carretera. En tren se tarda entre dos horas y media y tres, según la hora del convoy, porque hay que hacer transbordos en Ourense o A Coruña. La nueva estación intermodal de Lugo, que ha costado 60 millones de euros, aún no tiene fecha de inauguración. Tampoco se ha terminado la A-54, la autovía Lugo-Santiago, a la que siguen faltándole 16 kilómetros, el tramo entre Melide y Arzúa, 18 años después de que fueran adjudicadas las obras.
Jubilados en la emigración: pensiones en el País Vasco
Por tanto, las oportunidades laborales también son limitadas. Los empleos del sector servicios son muy precarios, critica Lois Neto, “con muchos trabajadores a tiempo parcial y fijos discontinuos; es decir, con salarios bajos”. “Tenemos convenios colectivos caducados desde hace más de 10 años”, protesta Manuel Quiñoá. Y no son pocos los que ofrecían sueldos por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Las fuertes subidas del SMI en los últimos años han forzado ahora su mejora. Lo mismo ocurría con los convenios de oficinas y despachos o de comercio en Zamora, apunta por su parte Teo Movilla.
“Así que todo el mundo se va”, resumen con tristeza y rabia los responsables sindicales sobre sus respectivas provincias. “No hay población activa, no hay vida”, sentencia Lois Neto sobre Lugo. Zamoranos y lucenses llevan décadas emigrando a ciudades con más servicios y mejores ofertas de trabajo. Y muchos de ellos se han jubilado allí, en el País Vasco, en Catalunya, apunta Juan Escudero, secretario provincial de UGT en Zamora. Esos pensionistas no figuran en las estadísticas de estas dos provincias, sino donde cobran la prestación. De hecho, sólo entre 1975 y 2023, Zamora perdió el 29,3% de su población; Lugo, el 20,7%. Ourense expulsó a 127.000 habitantes, el 29,4% de su población, según el informe 50 años de evolución económica, social, empresarial e institucional de las provincias de España, elaborado por la Cámara de Comercio de España y el Consejo General de Economistas de España.
Ese mismo estudio explica el declive de ese cuadrilátero del noroeste como una “contracción estructural de la base demográfica y laboral”. El empleo tradicional, especialmente agrario, fue desapareciendo, pero no encontró suficientes actividades sustitutivas, por lo que no fue posible retener a la población en los límites provinciales o atraer a nuevos trabajadores. Y eso que, desde 1975, los mayores aumentos porcentuales del peso del empleo en el sector servicios se produjeron precisamente en las provincias más agrícolas. En concreto, en Ourense creció 50 puntos porcentuales; en Lugo, 45,7 puntos; en León, 44,9. En Madrid, sólo aumentó 25,9 puntos porque ya estaba muy terciarizada.
La inmigración no es suficiente
Tampoco la inmigración ha contenido la hemorragia demográfica de estas provincias, pese a que los extranjeros se han instalado en ellas con intensidad. Si el número de ocupados ha crecido en Lugo un 8,3% desde 2011, los afiliados foráneos a la Seguridad Social han aumentado nada menos que un 144,7%. En Zamora, la afiliación total subió un 5,8% entre 2011 y 2026, mientras que la de extranjeros se disparó un 72,3%. En León, los ocupados son ahora un 7,7% más que hace 15 años; los ocupados extranjeros, un 91,4% más. La inmensa mayoría de ellos están empleados en la atención a domicilio, son mujeres que cuidan a los jubilados zamoranos y lucenses. “Algunos están ocupados también en la hostelería, en la capital y en Sanabria, donde hay turismo”, concede Teo Movilla sobre los trabajadores extranjeros en Zamora. En Lugo algunos trabajan en la ganadería, donde ya están empezando a aparecer las macrogranjas de vacas, el modelo de cría extensiva que ya es la norma para el porcino, advierte el responsable de la CIG en la provincia. Son explotaciones que crean poco empleo, lo mismo que los parques eólicos, añade.
El 63,6% de los pensionistas de Ourense cobran una prestación inferior al SMI; en Zamora, el 58,8%.
El 63,6% de los pensionistas de Ourense cobran una prestación inferior al SMI; en Zamora, el 58,8%.David Zorrakino / Europa Press
Sin embargo, el empuje del empleo extranjero, más joven que el autóctono, no ha conseguido mejorar la tasa de dependencia. El aumento de la afiliación a la Seguridad Social, que supera los 22,35 millones de personas, ha elevado a 2,5 la ratio nacional entre el número de cotizantes –ocupados y parados– y el de pensionistas. Sin embargo, en Lugo sólo hay 1,35 cotizantes por cada jubilado; en Zamora, 1,44. León se queda con 1,38, según datos de la Seguridad Social facilitados a la agencia Efe. Pero la ratio más baja de España es la de Ourense: sólo 1,14, pese a que la afiliación de extranjeros se ha disparado un 159,5% desde 2011. Los economistas consideran necesario que haya dos cotizantes por cada pensionista para garantizar la sostenibilidad del sistema.
Loli Vieiro, secretaria general de la Federación de Jubilados de UGT en Lugo, apunta a otro motivo para explicar la caída del número de pensionistas en su provincia. “Muchas mujeres del baby boom empezaron a trabajar tarde, a partir de los 30 años, por lo que no han cotizado lo suficiente cuando llegan a la edad de jubilación, así que la retrasan”, sostiene. Ocurre con muchas profesoras, que esperan incluso hasta los 70 años, asegura. También en la sanidad o en otras profesiones “menos físicas”.
El 60% de los pensionistas, por debajo del SMI en Zamora
No es de extrañar ese retraso, si se tiene en cuenta que las pensiones de estas provincias vaciadas son de las más bajas de España. Resultado de salarios también más modestos. El 58,8% de los pensionistas zamoranos cobra una prestación inferior al SMI –1.221 euros al mes en 14 pagas–, pero en Lugo y Ourense son muchos más los jubilados precarios: el 63,6% y el 67%, respectivamente. Por tanto, están entre 10 y 20 puntos porcentuales por encima de la media nacional, que es del 48%.
Pero muchas de esas pensiones ni siquiera superan los 900 euros, resalta Nieves García Galán, responsable de la Federación de Jubilados de UGT en Zamora. En toda España, 3,4 millones de personas aún cobran prestaciones por debajo de 1.000 euros. Otra muestra de la precariedad de estos pensionistas es que son más en estas provincias los que perciben los llamados complementos de mínimos, la cantidad que se añade a la pensión cuando ésta –por la escasa cotización durante la vida laboral– no alcanza el mínimo legal. En Zamora lo cobran el 37,8% de los pensionistas y en Lugo el 32,6%, cuando la media nacional se queda en el 22,2%.
“Con esas pensiones es imposible pagar una residencia privada, que cuesta al menos 1.750 euros al mes”, protesta Nieves García Galán. Zamora sólo tiene dos residencias públicas dependientes de la Junta de Castilla y León, en la capital y en Benavente. Otras 23 están repartidas por la provincia y son de competencia municipal. Pero las privadas suman 40. “En total, son 2.700 plazas públicas, por lo que el déficit es brutal”, denuncia la sindicalista, que cifra en más de 500 personas la lista de espera en la provincia. “Hay gente que lleva más de un año esperando por una plaza”, asegura.
Todos los consultados para este reportaje coinciden en reprochar a las administraciones su “falta de voluntad política” para revertir décadas de abandono. “¿Qué empleos puedes crear en pueblos con 70 habitantes y todos muy mayores?”, se enoja Teo Movilla. Lois Neto carga contra las políticas “erráticas” de la Xunta: impulsan modelos que “esquilman los recursos mientras los beneficios escapan” fuera de Galicia y no redundan en la población. La letanía de recriminaciones es parecida en ambas provincias: “Lugo no cuenta para Madrid”, zanja Neto. “Somos la z en todos los sentidos, la última de Castilla y León”, resume Movilla. “Nadie se acuerda de Lugo”, es el lamento de Manuel Quiñoá. Nieves García fantasea con los beneficios que traería a Zamora una red de cercanías “como la que tienen en Asturias, no es una idea tan descabellada”, mientras un Lois Neto más escéptico critica el pobre catálogo de soluciones que manejan las administraciones: “No puede ser que lo único que nos ofrezcan sea convertir los pueblos en parques temáticos para turistas extranjeros, esos anuncios para comprar aldeas enteras”.
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