“¿Por qué Estados Unidos mató a mi hijo?”: el dolor de las familias de los migrantes bombardeados en Yemen
Un año y medio después del ataque que mató a 68 etíopes, los seres queridos de las víctimas siguen esperando justicia y los supervivientes conviven con graves secuelas
El País, , 07-09-2026Cuando Mearig Gebreselassie, de 24 años, tomó en octubre de 2024 una peligrosa ruta migratoria desde Etiopía hacia Arabia Saudí, su sueño era tener una vida mejor en esta monarquía rica en petróleo. Cuatro meses después fue capturado por agentes de seguridad fronteriza en Rago, una zona de alto riesgo situada en Yemen, país de tránsito prácticamente obligatorio para quienes salen desde el cuerno de África con destino a la península arábiga. Gebreselassie fue aprehendido en una región sobre la que diversas organizaciones de derechos humanos han alertado desde hace años, ya que los uniformados saudíes suelen abrir fuego real de manera indiscriminada contra los migrantes que intentan cruzar de un país a otro.
Tras pasar cuatro meses en la cárcel, el 28 de abril de 2025 este joven acabó convirtiéndose en una de las víctimas mortales de un letal ataque aéreo estadounidense contra un centro de detención controlado por las autoridades hutíes en Saada, en el noroeste de Yemen. Aquel día, al menos 68 migrantes africanos murieron y 47 resultaron heridos, según informó el canal de televisión del grupo armado y confirmó posteriormente Naciones Unidas.
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200 km
Su muerte devastó a sus padres en el distrito de Tsirae, en la región etíope de Tigray, asolada por la guerra. Gebreselassie había hablado por última vez con ellos apenas dos días antes de morir. “Nos liberarán pronto, no os preocupéis por mí”, les había asegurado.
A última hora de la tarde del 29 de abril, estos se enteraron por sus vecinos de que el chico había muerto en el bombardeo. “Lo que le ocurrió a nuestro hijo es una tragedia impactante que nosotros, como familia, todavía encontramos difícil de creer”, cuenta la desconsolada madre de la víctima, Aberu Tsadik, durante una visita de este periódico a su casa de Tigray. “Su muerte se ha convertido en un dolor que no cicatriza para nosotros”, añade con un hilo de voz.
El dolor que siente la familia de Gebreselassie no es único, sino que refleja la experiencia de muchos hogares en el país de África oriental, donde las familias continúan perdiendo a sus jóvenes por los peligros de la ruta migratoria del Golfo y los ataques extranjeros en la zona, sin que haya una rendición de cuentas por parte de las autoridades responsables.
Reconocimiento tardío
Tras más de un año de silencio, el Pentágono reconoció recientemente que los ataques aéreos del ejército estadounidense contra militantes hutíes en Yemen el año pasado causaron muertes y víctimas civiles, incluidos migrantes etíopes, según una evaluación interna del Departamento de Defensa de Estados Unidos compartida con el Congreso unos meses antes.
En un informe de 11 páginas enviado al Congreso el 10 de agosto, el Pentágono concluyó que tres ataques estadounidenses en Yemen en abril de 2025 habían causado, con una probabilidad superior al 50%, 153 muertes civiles y 243 heridos.
Para Muez Gidey, investigador en Ciencia Política y Paz y Seguridad de la Universidad de Mekele, el reconocimiento oficial estadounidense marca un cambio crucial. “Proporciona una base formal para exigir una investigación independiente e imparcial sobre los protocolos de selección de objetivos, los fallos de inteligencia y las posibles violaciones del Derecho Internacional Humanitario (DIH)”, afirma en conversación con este periódico. “Los supervivientes y las familias de las víctimas tienen inequívocamente derecho tanto a una justicia integral como a una compensación económica”, coincide Gidey, el investigador.
El reconocimiento llega después de que organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch (HRW) y Amnistía Internacional (AI) exigieran una investigación oficial por parte de las autoridades estadounidenses. Sin embargo, no ha habido avances perceptibles hacia la justicia y la reparación, y los supervivientes siguen luchando contra graves traumas físicos y psicológicos, según un informe de AI publicado el 28 de abril de 2026.
“Los funcionarios estadounidenses no han logrado exigir responsabilidades a nadie ni siquiera aclarar el estado o el resultado de las investigaciones. Las familias de quienes murieron en el ataque contra el centro de detención en Yemen siguen privadas de información básica sobre lo sucedido y continúan sin obtener justicia para sus seres queridos”, señala el documento. Este también subraya que los supervivientes deben recibir “una reparación plena, efectiva e inmediata”.
EL PAÍS ha hablado con tres migrantes etíopes gravemente heridos en el mortífero ataque. Uno permanece en Yemen y otros dos ya han regresado a Etiopía, pero todos dependen ahora del apoyo de sus familias para sobrevivir. Aseguran que todos los migrantes muertos y heridos eran varones etíopes, muchos de ellos de poco más de 20 años. La documentación de Naciones Unidas señala que todos los fallecidos y heridos eran etíopes, salvo al menos un eritreo. Entre las víctimas estaba Gebreselassie, un joven cuya ambición era cambiar su propia vida y aliviar las dificultades económicas de su familia.
Meareg Gebreselassie y Fitsum Kidane, que perdieron la vida en un ataque aéreo estadounidense contra un centro de detención en el noroeste de Yemen, bajo control de los hutíes, el 28 de abril de 2025.
Cedidas
“¿Por qué EE UU mató a mi hijo?”, pregunta Tsadik en un susurro, con los ojos llenos de lágrimas. “Nunca pensé que mataría a mi pobre hijo sin ninguna razón”. EL PAÍS ha contactado con el Departamento de Estado de EE UU para solicitar información, pero no ha obtenido respuesta.
El ataque estadounidense también destrozó a la familia de Fistum Kidane. Kidane, el menor de una familia de cinco hijos, había vivido con sus padres hasta que cayó en manos de traficantes de personas y partió hacia Yemen en 2018, a los 16 años.
“Su muerte ha dejado a nuestra familia sumida en una profunda conmoción y dolor”, reconoce su hermano, Gebrehiwot Kidane, en una entrevista telefónica en la que también explica la inmensa tristeza de sus padres, obligados a llorar su pérdida sin un entierro adecuado. “El alma de mi madre quedó destrozada desde que él murió”.
Vivos, pero con graves discapacidades
El bombardeo no solo aplastó las esperanzas de jóvenes migrantes; también dejó a muchos supervivientes enfrentándose a discapacidades permanentes como amputaciones, graves daños nerviosos, así como lesiones en la cabeza, la columna vertebral y traumas.
Entre los supervivientes se encuentra Kibrom Gebremichael, de 27 años. La guerra en Tigray fue lo que le llevó a plantearse emigrar. El conflicto comenzó en 2020, tras meses de creciente enfrentamiento político entre el Gobierno federal del primer ministro Abiy Ahmed y el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF), que gobernaba la región. Gebremichael se unió a las fuerzas armadas tigriñas, que combatían contra el ejército federal, apoyado por antiguos aliados como las fuerzas eritreas y las fuerzas regionales y milicias amhara. Cuando se acordó un alto el fuego en 2022, Gebremichael regresó a casa, pero no pudo encontrar trabajo, ya que los dos años de guerra habían destruido todo en la región. Desesperado, acabó emprendiendo la peligrosa travesía marítima hacia Yemen.
Kibrom Gebremichael, Asgedom Meberahtom y Haben Tuemzgi, supervivientes que resultaron heridos en un ataque aéreo estadounidense contra un centro de detención en el noroeste de Yemen, bajo control de los hutíes, el 28 de abril de 2025.
Cedidas
Tras sobrevivir sin heridas a dos años de intensos combates en el norte de Etiopía, Gebremichael se convirtió después en una de las víctimas del bombardeo aéreo del ejército estadounidense. Fue rescatado de entre los escombros, ya que había quedado enterrado hasta el cuello. Sufrió graves lesiones en la pierna izquierda, donde aún tiene metralla incrustada en el hueso. Debido a la falta de atención médica adecuada, su estado sigue empeorando.
“Estoy postrado en cama y dependo de mi familia”, explica, para luego describir la miseria de su realidad actual. “Cuando estoy solo, caigo en la desesperación. Me pregunto cuál es ya el sentido de mi vida”.
Antiguo comerciante, Gebremichael emigró a Yemen hace dos años. Su plan era sencillo: ahorrar, regresar a casa, ampliar su negocio y mantener a su familia. Pero la vida no ha resultado como soñaba. Ahora cree que EE UU, la nación más poderosa del mundo, destruyó su futuro.
“Mi vida ha quedado arruinada por la América de Trump”, dice con una voz cargada de angustia y desesperanza. “Hace unos años era un hombre autosuficiente que mantenía a una familia. Ahora mi vida está en manos de otros; eso me duele profundamente”.
Asgedom Mebrahtom, otro superviviente etíope de 32 años, relata que resultó herido en ambas piernas y en la mano izquierda, y que ahora vive con dolor constante. “Cuando me fui de casa tenía dos piernas; podía correr y trabajar cuando quisiera. Ahora ya no puedo hacerlo”, lamenta. “EE UU mató mis sueños y me arrebató el futuro. A veces desearía haber muerto”.
Haben Tuemzgi, que actualmente se encuentra en Adén, Yemen, sufrió graves lesiones en ambas piernas y en las manos. Sus heridas requieren atención médica continua, pero el coste del tratamiento está completamente fuera de su alcance. “Tenía muchísimos sueños, pero EE UU puso mi mundo patas arriba”, denuncia en un mensaje de voz enviado por WhatsApp. “Nunca imaginé que acabaría siendo una carga para mi familia”.
Un carro de combate dañado en los combates entre el Gobierno etíope y las fuerzas de Tigray, fotografiado cerca de la localidad de Adwa, en Etiopía.
J.M.
Aunque Yemen sigue inmerso en una guerra civil, el número de migrantes indocumentados que viajan desde Etiopía continúa aumentando. Según un nuevo informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), unas 50.600 personas abandonaron Etiopía por la Ruta Oriental durante el primer trimestre de 2026, utilizando cada vez más caminos alternativos y enfrentándose a la explotación por parte de traficantes. Muchos de estos migrantes proceden de Tigray, la región anteriormente devastada por la guerra, donde la crisis humanitaria sigue siendo extrema.
La pobreza crónica, el elevado desempleo juvenil, los conflictos persistentes en muchas partes de esta nación de África oriental y ahora también la creciente tensión entre Etiopía y Eritrea siguen impulsando a los jóvenes a buscar la migración irregular, incluso frente a riesgos gravísimos.
Ha pasado poco más de un año desde el ataque estadounidense, pero el dolor sigue siendo reciente en las remotas aldeas del norte de Etiopía. Mientras las familias lloran a sus hijos perdidos, los supervivientes soportan la agonía diaria de heridas que no han cicatrizado, y todos ellos continúan esperando respuestas. “Nuestros hijos fueron asesinados por una razón que ellos desconocían. Buscamos justicia”, ruega Tsadik, madre de Gebreselassie.
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