Las palabras no son inocuas, ¡reflexionen!
La Vanguardia, , 07-09-2026Al margen del origen de la “violación de la integridad territorial de España” por parte de más de 70.000 personas procedentes de Marruecos, la realidad es que la permanencia de un número indeterminado de ellas 40 días después (solo han sido expulsadas 200 según afirmaba el ministro Torres en una entrevista en La Vanguardia ayer) está creando un problema que no se puede dejar pudrir. Hay que hacer pedagogía. No hablo de Ceuta, donde la indignación ciudadana y el miedo son comprensibles ante la situación que vive, si no del resto de España, donde la inmigración, hasta hace poco, no se veía como un problema.
En septiembre del 2024 primero, este julio después, el CIS colocó la inmigración como el primer problema para los españoles, en reacción a llegadas más frecuentes, por ser verano, o este julio, coincidiendo con el proceso de regularización. Cuál es la razón de que los españoles consideren la inmigración uno de los principales problemas que tiene España y sin embargo se conviva con los inmigrantes de una manera natural y sin problemas en la mayoría de los casos. Es seguro que el barómetro de agosto elevará esa preocupación, ya que han quedado al descubierto las debilidades españolas en la salvaguarda de sus fronteras.
Pero hay más razones, y algunas dependen de nosotros mismos o, mejor dicho, de nosotros, periodistas, de los líderes sociales, y sobre todo de los dirigentes políticos, porque las palabras no son inocuas. Lógicamente no hablo de todos los políticos. No he oído a ningún dirigente de Sumar o del PSOE decir, como ha dicho el diputado de Vox José María Figaredo que había que “cazarlos a todos, uno por uno”, en referencia a los inmigrantes que habían entrado en Ceuta, y todavía no se ha desdicho, ni lo hará, porque están en consonancia con otras muchas de dirigentes de su partido, en especial Santiago Abascal. Ha sido el PP quien se ha apuntado a la teoría de la invasión y, por lo tanto, llaman invasores a los inmigrantes. Se empieza así, y las palabras se repiten por los ciudadanos sin pensarlas, pero calan, y empieza un caldo de cultivo del que llegaremos a arrepentirnos.
No debemos admitirlo. En España, la inmigración se ha incorporado a nuestras vidas poco a poco, forman parte ya de nosotros, incluidos todos esos ciudadanos ahora residentes españoles, que trabajan con nosotros y para nosotros. Fueron 1.200.000 las solicitudes de regularización, de las que han sido admitidas a trámite unas 600.000, y resueltas ya positivamente 340.000. Pero viven con nosotros desde hace más de dos años, trabajan, sus hijos van al colegio y han encontrado en España un lugar donde vivir.
Algunos parecen empeñarse en que la inmigración sea un problema, más cuando los españoles lo aceptan con más normalidad que los dirigentes políticos. No son invasores. Si después de 40 días durmiendo al raso, sin techo, malcomiendo y malviviendo hay entre 8.000 y 10.000 personas dispuestas a resistir en esas condiciones, no vienen a invadir nada, sino a buscar una vida mejor, aunque se hayan equivocado en el método.
España ha venido demostrando que no hay un rechazo a la inmigración. Por lo menos así lo recogían estudios sociológicos encargados por la ONG porCausa, aunque también subrayan que la opinión pública española es excesivamente vulnerable a los picos informativos en relación con la inmigración, con lo que una abundancia de noticias sesgadas, tendenciosas o alarmistas que se repiten intensamente, refuerza las opiniones xenófobas, por un tiempo limitado. De nuevo, las palabras, que no son inocuas.
Por cierto, de las solicitudes de regularización que se han presentado en el actual proceso, un 23% son colombianos; los marroquíes son un 13%, y en tercer lugar, los venezolanos. El 67% de esas peticiones presentadas proceden de países de la América Latina. ¡Reflexionen!
(Puede haber caducado)