El ascenso de la ultra AfD amenaza con abrir a Putin las puertas de la política alemana
La extrema derecha parte como favorita en las elecciones que se celebran este domingo en la región de Sajonia-Anhalt, donde muchos añoran la era comunista
Diario Vasco, , 06-09-2026En la oficina de campaña de Hans – Thomas Tillschneider, en Querfurt, sobre su mesa de trabajo, luce una taza negra con una estrella roja bajo la que está escrito «Ejército ruso». Asegura que no recuerda quién se la regaló. En cualquiera de los Bundesländer (Estados federados) occidentales, este detalle sería impensable. Pero en el territorio de la antigua RDA, la Alemania comunista, donde hasta hace 30 años se aprendía ruso como lengua vehicular en el colegio y se promovía la imagen del inquilino del Kremlin como padre protector, es sólo uno de tantos.
«Nuestros enemigos no están en Moscú, sino en Magdeburgo, en Berlín, en Bruselas», dice Tillschneider, que ocupa el número tres de la lista electoral de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones regionales de Sajonia – Anhalt que se celebran este domingo y ha redactado gran parte de las 246 páginas del programa de esta formación antieuropea y prorrusa para un territorio con dos millones y medio de habitantes. Las encuestas avanzan que superará el 40% de los votos.
«Diplomacia, ¡que hablen entre ellos!», respondía el pasado martes Ulrich Siegmund en un acto de campaña a la cuestión de qué medidas debería tomar el Gobierno alemán contra Rusia. «Debe preguntarse qué ha traído el rumbo de Occidente contra Moscú en los últimos años», sugería el candidato a presidente regional de AfD. «¿Qué se ha conseguido con eso? ¿Qué impacto ha tenido en el curso de la guerra? ¿Cuántas vidas se han salvado?… Ni una sola».
Ulrich presenta a AfD como la opción del «no a la guerra» y acusa reiteradamente a la coalición de gobierno de Berlín, compuesta por los conservadores de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Friedrich Merz y los socialdemócratas del SPD, de «arrastrar a Alemania» a un conflicto extranjero. Ante los recientes ataques híbridos rusos en territorio germano, como el incidente con drones cargados de explosivos en el aeropuerto de Leipzig, Siegmund justifica que, «en una secuencia continua de hostilidad, mientras seguimos echando leña al fuego, es lógico que en algún momento haya algunas contra – reacciones». «No hay que olvidar que millones de personas pierden la vida en ambos bandos», relativiza ante los últimos sucesos acaecidos en el país detrás de los que se sospecha que estaría el Kremlin.
En los mítines de campaña de AfD, que suelen terminar entonando el himno de la RDA («resurgidos de las ruinas, mirando hacia el futuro», dice la letra), estos argumentos son muy aplaudidos, junto a las promesas de deportaciones masivas, la prohibición de los símbolos LGBTI y la separación de niños alemanes y refugiados en los colegios. «Queremos un mundo en paz, en el que los trabajadores vivan tranquilos y con cada uno en su lugar, no esas complicaciones que llevan a la guerra y que van a tener como consecuencia que Rusia se enfade con nosotros», explica Kristina Riegler, profesora de Educación Infantil de 49 años, durante una barbacoa electoral con salchichas en Jerichow.
«Los rusos nos trajeron la paz en 1945. Y no empezaron la guerra, la terminaron, lo cual muchos no entienden o no quieren entender. No puedo verlos como enemigos. Sería una ventaja para nosotros volver a tener relaciones estrechas con Rusia», argumenta otro asistente, Ralf Kiesewetter, de 61 años, convencido de que «todos los ciudadanos ucranianos deberían estar agradecidos a los rusos por haber iniciado la invasión en 2022».
En todos estos argumentos trasluce una nostalgia de la RDA difícil de entender desde los Länder occidentales, que desde 1991 han transferido casi 1,9 billones de euros al territorio oriental para su equiparación económica y social. Muchos habitantes de Sajonia – Anhalt, sin embargo, creen que vivían mejor con los rusos. «Era una vida muy austera, pero nos llevábamos bien y recibíamos apoyo del Estado. Ahora estamos inundados de inmigrantes que son favorecidos por encima de lo propios ciudadanos», dice Bernd Pfeffer, panadero jubilado de 68 años, «¿Puedo hablarle abiertamente? Los alemanes tenemos que luchar por todo, y los no alemanes se quedan con todo en sus manos sin dar golpe».
Soportado por este sustrato sociológico, el partido de extrema derecha populista AfD parece estar a punto de abrirle al Kremlin las puertas de Alemania. Si gana las elecciones y logra formar gobierno, sus representantes podrían viajar a Moscú en misión oficial y su ministro regional del Interior tendría acceso a información altamente sensible de la Oficina para la Protección de la Constitución, la agencia de Inteligencia germana, con datos sobre capacidades militares, fuerzas de seguridad y protocolos de defensa. El presidente ruso, Vladímir Putin, tendría así el acceso a la política interna alemana con el que sueña desde que era agente del KGB destinado en Dresde, en su juventud.
Estos contactos, en todo caso, ya se vienen produciendo. Varios líderes de AfD, especialmente en Sajonia – Anhalt, donde este domingo acuden a las urnas, han mantenido reuniones con figuras destacadas del Kremlin en viajes a Rusia y eventos organizados por instituciones de ese país. Hans‑Thomas Tillschneider, por ejemplo, es invitado habitual en las fiestas de cumpleaños de Putin en la embajada rusa en Berlín.
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