"Queremos votar" contra el trauma emocional de Ceuta
El Mundo, , 03-09-2026Gascón calificó de golpe posmoderno el simulacro de referéndum que la Generalitat organizó el 1 de octubre de 2017. El campo semántico del trauma emocional colectivo (ha habido muchos: el 98, el 17, el 21…) siguió creciendo el pasado 30 y 31 de julio, cuando 70.000 personas entraron en Ceuta en lo que la oposición calificó de “invasión híbrida”.
Hasta este miércoles, los miles de inmigrantes que siguen en Ceuta han resquebrajado la vida de quienes viven en la ciudad española, sí, española, que es lo que querían reivindicar este miércoles los ciudadanos que fueron a Cibeles. Se esperaba una respuesta sin bandos ni peleítas entre las derechitas pesadas.
Iban a ir, claro, Feijóo y Abascal, pero también Iván Espinosa de los Monteros, además de los socialistas Lobato y Tomás Gómez.
También acudieron Ayuso y Almeida, las dos cabezas del PP en Madrid. Hubo una ovación cerrada cuando llegó Cayetana Álvarez de Toledo, tan importante en aquella manifestación del 17 que lo cambió todo. La acompañaban Boadella, Rafael Hernando, Sergio Sayas…
Del golpe posmoderno del 17 en Cataluña a la guerra híbrida del verano del 26 hubo un cambio de Gobierno (y Sánchez se hizo presidente), y a muchos de los que aeste miércoles fueron a la concentración de Cibeles les parece lógico que la consecuencia de formar gobierno con los sediciosos de 2017 (y con los que nunca condenaron el terrorismo de ETA) haya sido la sensación de abandono que muchos tienen en Ceuta, además de la aparente sumisión a Marruecos. Sobre las siete de la tarde ya iba llegando mucha gente a Cibeles. Estaban las señoras de siempre con sus banderas y bastantes jóvenes con los colores pintados en la cara.
Hubo mucho “Viva España” y “Pe-dro Sánchez, hijo deputa”; también algún “traidor”, pero no estaba el ambiente ni el día para frivolidades ni para los “me gusta la fruta” de otras concentraciones. El calor abrasaba y los abanicos se agitaban con cierta ansiedad. “Ceuta no se vende, Sánchez se defiende”, coreaban antes del “Pe-droSánchez, dimisión”. “Sánchez traidor, Ceuta es español”. Él les corregiría: española. .
El calor apretaba pero la plaza fue llenándose poco a poco. Los lemas eran los de siempre, pero se cantaban con una sensación muy distinta del hooliganismo del que a veces hacen gala los ultra activistas profesionales. Cuando se preguntaba, muchos hablaban de defender la libertad y la democracia, de las niñas violadas que ha habido en Ceuta. La mayoría no cayó en el fanatismo propio de este tipo de actos. Al contrario: no se escuchó ni un grito racista. Ni un “putos moros”, ni “negros”, ni “más ni menas”. Sí hubo algún “España cristiana, nunca musulmana”, muy minoritario.
Paradójicamente, la celebración del Mundial estaba dolorosamente cerca. La inoperancia del Gobierno ante la entrada incontrolada de los inmigrantes podría haber sumido a los asistentes en ese proverbial pesimismo que sigue a nuestros traumas emocionales. Sin embargo, los ciudadanos solo gritaban “¡queremos votar!, ¡queremos votar!”, sabiendo que eso es precisamente lo que no quiere Sánchez. Eché de menos un “Viva Vivas”. Habló el alcalde. No se escuchó desde donde estábamos. Daba igual. El deber de no perder (como en el 23) era el mensaje.
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