Le Pen propone erradicar el velo islámico en las calles de Francia

La líder de la extrema derecha gala no quiere renunciar a sus medidas más polémicas, pese a las críticas de sus rivales y las dudas en su partido

Diario Vasco, Enric Bonet, 02-09-2026

La ultraderechista Marine Le Pen ha empezado el curso político y electoral en Francia bajo el foco de la polémica. Su partido (Agrupación Nacional) ha reivindicado en los últimos días una de sus propuestas históricas: la prohibición del velo islámico en el espacio público, incluso en la calle. Y los rivales de la favorita de cara a la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2027 (18 de abril, con la segunda ronda el 2 de mayo) no han dudado en criticar la idea.

«Multaremos a las mujeres que lleven el velo (…), de la misma manera que multamos a aquellos que no se ponen el cinturón de seguridad», dijo el domingo Jean – Philippe Tanguy, uno de los diputados lepenistas más mediáticos, en una entrevista en BFM TV. Con esas palabras, recordó que Agrupación Nacional ha recuperado esta polémica iniciativa, que había abandonado temporalmente en las elecciones legislativas del verano de 2024, cuando la derecha radical acabó tercera pese a la victoria que le otorgaban los sondeos.

Francia prohibió en 2004 los símbolos religiosos ostentosos (cruces, kipás y velos) en escuelas e institutos. En 2011, entró en vigor otra ley que multa a las mujeres que lleven en el espacio público un velo islámico integral, como el burka o el niqab. Pero el partido de Le Pen propone desde 2012 ir más allá. Quiere ilegalizar el pañuelo que cubre el cabello para «combatir el islamismo».

La medida, de llevarse a cabo, vulneraría varios principios básicos de la Constitución de la Quinta República y de la Convención Europea de Derechos Humanos, entre ellos la libertad religiosa o la igualdad de los ciudadanos ante la ley. «Me cuesta imaginar que el Consejo Constitucional permita una prohibición a secas de un símbolo religioso en la calle», aseguró Mathieu Carpentier, profesor de Derecho Público en la Universidad Toulouse Capitole, en declaraciones al diario ‘Libération’. Ante las serias dudas jurídicas y la controversia política, Agrupación Nacional sostiene que solo aplicaría esa ilegalización si fuera aprobada por la mayoría de los franceses en un referéndum.

La apuesta por una consulta popular no ha apaciguado las críticas de los rivales de la líder ultra. Bruno Retailleau, candidato de la derecha tradicional de Los Republicanos, tacha la propuesta de «populista» y «demagógica». «Me parece muy problemática a nivel jurídico. Si se prohíbe el velo musulmán, también debe prohibirse la kipá y a las monjas que se cubran el cabello», asume el exministro del Interior. La ecologista Marine Tondelier denuncia su «carácter racista». Y Jean – Luc Mélenchon, aspirante de la Francia Insumisa (afines a Sumar o Podemos), reprocha a Le Pen que quiera crear «una ‘Policía del vestido’ como en Irán».

Más sintomáticas que las críticas de sus rivales son las dudas expresadas por representantes de Agrupación Nacional, formación gestionada de manera vertical y con mano de hierro por su líder. Pocas horas después de las declaraciones de Tanguy –conocido por su cercanía a Le Pen–, Andréa Kotarac, otro de los portavoces lepenistas, las matizó y dijo que «no multarán a las mujeres con velo el día después de las elecciones».

Al número dos de la formación, Jordan Bardella, tampoco se le ha visto cómodo con una medida difícil de aplicar, teniendo en cuenta que hay centenares de miles de francesas musulmanas que llevan el velo, a diferencia del burka, que es una prenda mucho más marginal. Según el diario ‘Le Monde’, el eurodiputado admitió que no le «convence» esta prohibición durante una reunión programática en abril. Pese a sus dudas, al final se ha impuesto el criterio de Le Pen y su voluntad de satisfacer a su electorado tradicional, claramente favorable a la ilegalización del pañuelo.

La ‘rentrée’ política está marcada por las tensiones entre Le Pen y Bardella. Desde que el Tribunal de Apelación de París rebajó en julio la condena por el caso de los falsos asistentes del Parlamento Europeo y le permitió presentarse a las presidenciales, la líder ultra no ha dudado en mostrar su autoridad ante su número dos, que esperaba sustituirla.

Por un lado, ha ignorado las reticencias de su delfín sobre la prohibición del velo y sobre la rebaja de la edad mínima de jubilación de 64 a 62 años. Por el otro, expulsó del partido a François Durvie, consejero económico de Bardella y cercano a una parte de las élites empresariales, por haber intentado convencer al número dos de que mantuviera su candidatura. Una serie de decisiones que pueden alejar el lepenismo de los votantes de la derecha tradicional.

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