Laetitia Ky, la artista que usa su cabello para reivindicar la identidad precolonial de África: “El pelo era un superpoder y yo lo quería reclamar”
La escultora y activista de Abiyán pasó de no saber cómo lidiar con su pelo a convertirlo en el hilo conductor de su trabajo, con el que reflexiona sobre el racismo y el colonialismo y que siguen millones de personas a través de redes sociales
El País, , 02-09-2026La primera vez que Laetitia Ky (30 años, Abiyán, Costa de Marfil) se aplicó alisador en el cabello tenía 5 años. Su madre le enseñó a hacerlo desde muy pequeña, cada tres semanas antes de que sus raíces naturales empezaran a brotar. Así lo hizo durante años, porque era una práctica muy común entre las mujeres de su país. Pero, a los 16, tuvo un accidente: el producto le quemó la parte frontal de la cabeza y tuvo que cortarse todo el pelo.
Ky considera este acontecimiento el origen de su despertar creativo. “Cuando mi cabello natural empezó a crecer no sabía como contenerlo ni cuidarlo. Fue como una crisis existencial no saber lidiar con el”, recuerda la artista que hoy es conocida por su fotografía, pintura, escultura, performance y actuación. Fue en una de sus búsquedas en internet cuando dio con mujeres negras que usaban el pelo natural. Desde ese momento Ky empezó a cuestionarse todo: “Descubrir esta comunidad (extendida sobre todo en Estados Unidos) fue como caer en un agujero infinito. No sabía que alguien con cabello como el mío podía ser feliz”, asegura en una videollamada. Ky recuerda que desde entonces no hubo marcha atrás, solo quería aprenderlo todo sobre negritud, historia, discriminación y colonialismo.
El cabello fue, desde entonces, el hilo conductor de su trabajo que publica en redes sociales y que le ha abierto una gran audiencia: casi seis millones de seguidores en Tik Tok y otro medio en millón en Instagram. Sus fotografías empezaron a llamar la atención en Costa de Marfil, pero fue cuando recreó una serie de retratos de lo que se suponía que había sido el cabello pre colonial en África Occidental, cuando saltó a la escena internacional. “Eran peinados impresionantes, provocativos, grandes y llamativos, y me ayudaron a hacerme una idea de cómo era el mundo antes de que Costa de Marfil se convirtiera en una colonia francesa.” Entonces comenzó a peinarse diferente, a hacerse moños geométricos que después se convirtieron en esculturas mucho más elaboradas: “El pelo cumplía una función muy importante en las sociedades precoloniales. Usaban los peinados para representar su religión, edad, clase social, identidad étnica, estado civil y riqueza. Era un superpoder, y yo lo quería reclamar”.
Laetitia Ky tomó una serie de fotos de mujeres africanas tomadas durante la época colonial para recrearlas.
CEDIDA
Hace casi 10 años que Ky empezó a monetizar con su trabajo tras cautivar al mundo de la moda, y comenzar a recibir ofertas de agencias, fotógrafos y galerías. Hace cinco que se convirtió en expositora en distintos lugares del mundo, no solo de fotografía sino de pintura. Además escribe y actúa, y ahora vive en Nueva York. Llegó con un visado de artista, pero en diciembre de 2025, Estados Unidos anunció un bloqueo migratorio parcial a 39 países, 26 africanos —entre ellos Costa de Marfil—, alegando razones de seguridad nacional. “Ha sido muy complicado todo. Quiero estar aquí porque Nueva York es el centro de artes más importante del mundo, pero también quiero volver a casa para ver a mi madre, a mi hermana y a mis amigos, y no sé cuándo podré hacerlo.”
A Ky le resulta inevitable transmitir lo que siente en sus piezas. Cuando estaba en Costa de Marfil por ejemplo, todo lo que pintaba era una respuesta inmediata a comportamientos machistas que observaba. “Recuerdo que sentía una urgencia inhumana de pintar. Era insoportable si no sacaba las idea de mi organismo”, cuenta emocionada en la videollamada con este diario. Cuando estudiaba en Mónaco, en cambio, sus estímulos creativos cambiaron mucho. “No sentía ningún tipo de angustia, ni pulsión. A mi alrededor todo era bello y yo tenía ganas de experimentar”, dice entre risas. Ahora siente un bloqueo creativo: “Cuando las cosas se ponen difíciles y estás en modo de supervivencia, es muy difícil crear. La política actual da miedo, se siente la inseguridad, y luego está la soledad que sentimos todos los que migramos”.
El pelo cumplía una función muy importante en las sociedades precoloniales. Usaban los peinados para representar su religión, edad, clase social, identidad étnica, estado civil y riqueza. Era un superpoder, y yo lo quería reclamar
A lo largo de su carrera, muchas personas la han contactado para agradecerle por tratar de redefinir la negritud, el cabello, la esclavitud y el racismo. Otras más para amenazarla de muerte y tratar de diagnosticarle problemas mentales y experiencias traumáticas. “Leía mensajes que me acusaban de ser un demonio y de estar desquiciada”. Compartir su arte le colgó una etiqueta de activista, que por momentos desearía quitarse de encima. “A veces quiero que me vean como una artista y nada más. También porque, como alguien que intenta vivir de su trabajo, quiere evitar que la encasillen”. Ky cree que entró a las redes demasiado joven, y que no estaba preparada para afrontar todo lo que vino tras exponerse al mundo real, especialmente, dice, porque su herramienta de trabajo es su cuerpo. “Tenía 20 años, trataba de encontrar mi lugar en el mundo a través del arte, y en internet ya me identificaban como alguien con una opinión política importante”.
Pieza de la artista Laetitia Ky
CEDIDA
En uno de sus cuadros aparece una mujer parada al borde de una bañera rodeada de azulejos rosas. Su pareja está sentado dentro del agua, y ella derrama su sangre sobre el. En la descripción de la pieza, que ha sido expuesta en varias galerías, Ky reflexiona sobre la menstruación y la pureza, “¿Qué título le pondrían?“, escribe en una publicación en su cuenta de Instagram. Los comentarios toman varias direcciones: ”Me encanta esto", o, “¿Todo bien en casa?“. “Sé que son provocativas. No sé qué decirte. Esas son las imágenes que tengo en la cabeza, y no compartirlas nunca ha sido una opción”, zanja la artista. “Trabajo mucho con el cuerpo de las mujeres y sus funciones corporales, y tengo una idea muy clara y radical de lo que es ser una ―que atribuyo a venir de donde vengo― donde a las niñas se les corta el clítoris al año de nacer. Toda mi experiencia como mujer africana radica en mi cuerpo, y esa es una conversación que no todo el mundo quiere tener", afirma Ky.
En un futuro cercano le gustaría publicar un libro en el que ha estado trabajando, que sería su segundo después de hacer su debut con Love and Justice en 2022. Se trata de un cómic de acción inspirado en un comentario que uno de sus seguidores dejó en una de las primeras series de fotografías que compartió, en la que aparecía ella, con un peinado en forma de manos: “Alguien dijo que parecía una superheroína, y eso me encantó. Recordé que cuando se estrenó la película Black Panther hace unos años todos estábamos felices de que por fin África estaba siendo representada. Yo también me alegré, pero pensé en que no dejaba de ser una representación lejana, y no algo cien por cien hecho por nosotros”. Ky quiere contar la historia de una mujer africana, súper poderosa, que utiliza su pelo para luchar contra el crimen en Abiyán, su ciudad: “Quiero hacer algo que no existía cuando yo era más joven. Sería increíble que las niñas que se parecen a mí tengan algo así”.
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