Nervios y miedo entre familias migrantes acampadas en las calles de Ceuta: “Damos vueltas para encontrar dónde dormir”
Jóvenes que duermen en el polígono de El Tarajal aseguran que les están tirando sus pertenencias y varias mujeres cuentan que les han dicho que se tienen que ir el jueves
El País, , 02-09-2026“Ojalá no nos lo hubieran dicho”. El martes a las siete de la mañana, un grupo de mujeres migrantes se presentó en una de las naves del Polígono de El Tarajal de Ceuta en las que trabajaban agentes de Policía Nacional a decirles que un empleado de seguridad les había avisado de que el jueves a mediodía ya no podían seguir acampados en sus calles. Les dijeron que se calmaran y se sentaran, pero aseguran que no les dieron ninguna explicación. Cuando vieron que no las atendían, empezaron a dar vueltas por la ciudad autónoma, para ver dónde podrían instalarse. Farah Dayay y Nihad, dos mujeres marroquíes emigrantes de 40 y 26 años con niños de 14 y cuatro años a su cargo, estaban entre ellas. “Hemos estado dando vueltas para encontrar dónde dormir, hemos preguntado en el Príncipe, en Sidi Embarek [donde los vecinos tienen campamentos para mujeres y niños] pero nada, tenemos miedo de lo que vaya a pasar con nosotros”, decía Dayay. Fuentes del Gobierno aseguran a EL PAÍS que no consta ningún operativo de desalojo previsto en esta zona para ese día.
El suelo de este polígono, muy cercano a la frontera con Marruecos, se ha convertido en esta crisis migratoria en uno de los grandes asentamientos informales de la ciudad, junto con el de la playa de El Trampolín. Hace una semana, la ONG Luna Blanca repartió 850 comidas en esta zona industrial, en la que crecen desde hace un mes chabolas hechas con neumáticos, palés y plásticos. En la playa del Trampolín, que ya fue desalojada el 20 de agosto para llevar a 1.400 personas que pernoctaban allí a dos centros de acogida temporal del Ministerio de Migraciones, han vuelto a brotar decenas de tiendas artesanales. Cálculos no oficiales estiman que duermen allí unas 1.000 personas, aunque acuden muchas personas más a la hora en la que Cruz Roja reparte la comida. La cifra estimada de migrantes que hay en la ciudad va de los 6.000 a los 12.000, en función de las fuentes. Es muy difícil tener una foto fija, porque los principales implicados no dejan de moverse y todavía hay muchos viviendo en las calles o escondidos en zonas de monte.
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El temor y los nervios de los migrantes del polígono de El Tarajal se han activado en una semana en la que el Gobierno ha abierto nuevas plazas de acogida temporal. Esos recursos se han creado por razones humanitarias. Les brindan unos servicios básicos como techo, higiene y comida, mientras se estudia su situación legal en el país. También permitirán aproximarse a la cantidad de personas que siguen en la ciudad. En el caso de los menores no acompañados, cuya tutela debe asumir la Ciudad Autónoma, el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, ha informado de que han sido filiados 1.612 que llegaron entre el 30 y el 31 de julio, pero que todavía se desconoce la cifra exacta.
El lunes ingresaron en estos centros del Gobierno 800 personas: 500 adultos que entraron en el recinto del embolsamiento (un aparcamiento al aire libre con tiendas de campaña con capacidad ampliada gracias a la colocación de grandes carpas) y 300 mujeres y niños que se han instalado en un recinto provisional situado en el Centro Ecuestre de Ceuta, conocido como La Hípica. Unas 70 menores no acompañadas que estaban vigiladas por los vecinos de Sidi Embarek fueron acogidas este martes en una de las naves que la ciudad autónoma ha acondicionado en la ciudad. El Gobierno asegura que ya dispone de 3.400 plazas y que la cifra subirá a 6.000 “en los próximos días”, cuando estén listos los nuevos recintos en parcelas del Puerto de Ceuta o en el acuartelamiento K-8.
De forma paralela a esos trabajos, corre el miedo y la incertidumbre de unos migrantes que se resisten a abandonar su sueño de futuro a pesar de que el Gobierno haya dicho que lo más probable es que la mayoría sean devueltos a Marruecos porque entraron por motivos económicos y no es uno de los supuestos para conceder asilo. Tanto Farah Dayay y Nihad, como Yennet, de 37 años, y que llegó semanas antes de la gran entrada de finales de julio con su hija de 17 años, no entendían cómo era posible que ya hubiera mujeres con hijos en recintos del Gobierno y que ellas siguieran en aquellas calles. “La noticia nos ha vuelto locas, no sabemos dónde meternos”, decía angustiada Farah.
Conforme se avanzaba por las calles de El Tarajal, varios grupos de jóvenes contaban que las brigadas de limpieza del municipio les estaban tirando sus pertenencias. Ayoub, de 18 años, era uno de ellos. “He dormido con estos chavales porque me he quedado sin el palet y la lona que usaba para resguardarme, además de la ropa y el móvil. La verdad es que no he visto quiénes han sido.” Unos 50 metros más adelante, Ussama, de 23 años, cuenta que vino la Policía a mediodía del lunes y que les apartaron de la zona para que unos operarios se llevaran todo. “No quiero volver a Marruecos, tengo dos niños de cinco y tres años y quiero que vivan aquí. Vivir allí es como estar en un país en guerra, el Gobierno no ayuda”, dice Ussama. Los jóvenes, en torno a una veintena, aseguran que tienen miedo de dormirse por las noches, de que les terminen sacando por la fuerza.
Ussama, de 23 años, sentado en la silla, junto a un grupo de migrantes, este martes, en el Polígono de El Tarajal.
Javier Hernández
Los ceutíes también sufren sus miedos. Este mismo martes, a las 13.00, medio centenar de docentes y padres de alumnos de la escuela infantil Nuestra Señora de África se han concentrado en un solar en la trasera de la antigua cárcel de Los Rosales para protestar por la apertura de un espacio de acogida de migrantes junto a la guardería. Al grito de “seguridad para nuestros niños” pedían que se reconsiderara la decisión. “Se supone que traemos a los niños a un lugar seguro. Esto se puede convertir en una zona con tumultos, cargas policiales, como la que ocurrió ayer en la zona del embolsamiento, en la que hubo disparos al aire, discusiones entre ellos, peleas”, argumenta una de las madres.
Docentes y familiares de niños del centro infantil Nuestra Señora de África, durante una protesta contra la ubicación de un centro de migrantes justo al lado, este martes.
Javier Hernández
Al comienzo de la concentración, a las 13.00, una excavadora trabajaba en la zona, pero media hora después se había retirado. Los protestantes estuvieron cerca de una hora mostrando su rechazo. “No estamos en contra de los centros de acogida, pero este no es el sitio adecuado”, añadía una de las docentes que pedía que no figurara su nombre. “Es de sentido común”, añadía otra madre.
Ceuta celebra mañana martes 2 de septiembre el Día de la Ciudad con unos actos institucionales en los que la crisis migratoria marcará el discurso del presidente Juan Jesús Vivas (PP). Por la tarde se ha convocado una manifestación muy simbólica que busca poner el foco en la situación que atraviesa su población y recabar el apoyo y solidaridad de centenares de poblaciones de la Península, donde también hay previstas concentraciones. Detrás de ella se encuentran la organización civil Foro Ceuta Siglo XXI y la Federación de Vecinos. “Será pacífica y apolítica”, precisa Jesús Bollit, miembro de Foro Ceuta Siglo XXI.
Los ceutíes llevan más de una semana calentando motores, especialmente desde que se echaron a la calle al saber que el Gobierno pretendía utilizar los polideportivos como centro de acogida temporal para los migrantes. En las calles se palpa la indignación por el verano de espanto que han pasado, en el que muchos niños han quedado encerrados, sin disfrutar de sus parques, o sin su ansiada feria, que fue suspendida porque la ciudad quedó tomada con la entrada multitudinaria de más de 70.000 migrantes. “Lo que queremos, únicamente, es vivir como el que vive en Cuenca, en Albacete o Guadalajara. Aquí hay 85.000 personas que tienen las mismas ilusiones que puede tener usted, los mismos problemas y la misma necesidad de un futuro estable”, resume Bollit.
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