Arrimar el hombro ante la crisis de Ceuta: “El hartazgo de todos no va reñido con la humanidad”

Las asociaciones vecinales que han asistido a mujeres, niños y personas vulnerables comienzan a respirar con las primeras acogidas, pero todavía ven lejos el final de la crisis

El País, Juana Viúdez, 01-09-2026

La población de Ceuta ha afrontado la crisis migratoria de formas diferentes. Algunos de sus vecinos se han remangado y han arrimado el hombro ante la presencia de miles de migrantes en sus calles, entre ellos personas muy vulnerables, como mujeres y niños, a los que han intentado proteger de malos tratos, vejaciones o abusos sexuales. Asociaciones de vecinos, como las de El Príncipe, Sidi Embarek o Loma Colmenar, barrios de la periferia de la ciudad y de mayoría musulmana, llevan un mes echando el resto mientras llegaban los refuerzos de las administraciones. Se han organizado para atender a los más desfavorecidos, en polideportivos o llevándolos a la Policía o a centros de menores, al tiempo que mediaban en los conflictos que esta crisis generaba entre sus vecinos. Sus teléfonos no han dejado de sonar, se sienten exhaustos, pero se han mantenido. La ONG Luna Blanca, que lleva más de 35 años enfocada en erradicar el hambre y la exclusión social en las barriadas más vulnerables de la ciudad, está entre ellos. Su portavoz, Halima Ahmed, resume perfectamente el sentir de los líderes vecinales y las razones de estas semanas de esfuerzo: “El hartazgo que todos tenemos con esta situación no va reñido con la humanidad”.

Halima Hamed: “De cuatro ollas sacamos cinco”
Este lunes fue el primer día desde el 30 de julio que Halima Ahmed había podido descansar. “Hemos trabajado durante todo el día, sin horario, ha sido un no parar”, resume Ahmed, que además de portavoz, es educadora social.

Hace poco más de una semana, el domingo 23 de agosto, Ahmed salía de la cocina industrial de su organización, situada junto a la mezquita Sidi Embarek, con los datos del reparto de comida de ese día en la cabeza: 450 comidas para el recinto vecinal de El Príncipe, 300 para el polideportivo de la Reina; ambos ocupados por mujeres, chicas menores y niños. Otras 894 comidas iban para el centro de acogida del Embolsamiento de Loma Colmenar, dependiente del Gobierno, y 850 para un asentamiento informal del Polígono de El Tarajal. De sus fogones partieron 2.500 comidas para migrantes. “De cuatro ollas sacamos cinco, pero milagros no hacemos”, decía bromeando. “Empezamos con nuestros recursos y ahora son las empresas que gestionan los espacios de acogida o la ciudad autónoma quienes nos lo han encargado”, explica.

Reparto de comida, el domingo 23 de agosto, en el Polígono de El Tarajal.
Joaquín Sánchez
La Luna Blanca, que ya daba el almuerzo a un centenar de familias ceutíes sin recursos, y a otro centenar de mayores y discapacitados, así como a personas que viven en la calle, añadió nuevas bocas que alimentar. Cada día reciben las mermas, productos sobrantes, que les llevan supermercados de la ciudad y ven qué pueden aprovechar. También les llegan donaciones de la Península e ingresos muy pequeños, “de dos euros o de cuatro euros” de particulares de Valencia o Cataluña. “Aunque sea pequeño, es lo que tienen, bueno es, superagradecidos”, comenta.

Junto a su sede tienen una carpa que habían usado como comedor social. Como estaba vacía, dieron cobijo a 30 familias de madres con sus hijos. En una de las habitaciones del edificio duermen otra treintena de menores migrantes en colchonetas. “Los chicos se han puesto la camiseta verde de la ONG y nos ayudan a repartir la comida”, cuenta. Este día también echaron una mano en la cocina, partiendo judías.

La portavoz de Luna Blanca lamenta la imagen de esta semana en la que varias personas intentaron frenar el reparto de comida de Cruz Roja en su ciudad. “Alguna persona sobrepasada nos ha increpado, diciéndonos que somos parte de la culpa de que [los migrantes] estén aquí”, comenta. “A un repartidor, que es ceutí, le han dicho que se vuelva a su país”, añade. También se queja de que algunos medios hayan desprestigiado su labor atribuyéndoles acciones falsas. “Somos los primeros que les aconsejamos que se vayan a su país y mucho más ahora que el presidente ha echado por tierra sus planes diciendo que no se irán a la Península”, añade.

Abdellah Mustafa: “Había jovencitas a las que les prometían de todo”
Abdellah Mustafa, presidente de los vecinos de Sidi Embarek, se dio cuenta, apenas una semana después de la gran entrada del 30 y el 31 de julio de que tenían que intervenir. “Había jovencitas deambulando, se iban con personas que les prometían de todo, era un caos, era irrespirable. Estaban expuestas a cualquier cosa”, resume. El seis de agosto acogieron a 55 personas, el segundo día iban 60 y el tercer día 195, 132 de ellas menores. El presidente de los vecinos, de apenas 26 años, ha aprendido a gestionar entre 30 o 40 conflictos al día, y se ha rodeado de una gran cantidad de voluntarias, entre ellas su madre, Karima Mustafá, que han puesto orden en las vidas de las migrantes. Entre su campamento, hoy desplazado a la carpa de la Luna Blanca, y el de los vecinos del Príncipe, han llegado a asistir a unas 800 personas.

Abdellah Mustafa, en la carpa de la organización Luna Blanca, el pasado 26 de agosto.
Joaquin Sanchez
Su madre fijó horarios de entrada y salida para que las más de 300 mujeres y niños no molestaran a los vecinos. En un tour rápido de sus instalaciones, cuando estaban en el polideportivo del barrio de La Reina, explicaba su sistema de duchas, que parecían probadores de mercadillo, y en las que las mujeres se aseaban con una manguera. Tenían limitado el tiempo. “Si no, se pasaban el día bajo el agua”, dice con una sonrisa. Las mujeres voluntarias se movían detrás de un mostrador, donde apilaban productos de aseo y paquetes de comida. “Hemos roto los cepillos de tanto limpiar el suelo del polideportivo”, contaba.

Ahmed Enfed-dal: “Pensamos que iban a ser tres o cinco días”
Ahmed Enfed-dal, presidente de los vecinos del Príncipe, es otro de los líderes vecinales que lleva un mes de infarto. “Tras la avalancha, vimos que había niñas que se iban a los montes y decidimos que se quedaran en la asociación”, detalla. “Creíamos que iban a ser tres o cinco días, para darle tiempo a las instituciones que se movieran, pero siguen en unas condiciones que no son dignas”, cuenta. Este lunes, su campamento respiró con la salida de 180 mujeres adultas con niños, embarazadas y mujeres solas a un centro de acogida del Gobierno, situado en la sede de la Hípica. Pero todavía les quedan 350 menores migrantes no acompañadas. Hay días que cuentan con 10 o 15 voluntarios y otros solo cuatro o cinco, resume. “Sin todas las organizaciones que nos han ayudado, como Luna Blanca, Elin, Sur Acoge, Humanitarios sin fronteras, Mujeres en zona de conflicto, no habríamos podido aguantar. Estamos muy cansados, yo soy un fantasma, no sé ni cómo camino, pero ya que nos hemos metido, hasta que no se vaya la última niña, no vamos a parar”.

Rafael García: “Que den un recinto en las mejores condiciones y hagan lo que tengan que hacer”
“Reclamamos que recojan a estos señores, que les den un recinto donde estar en las mejores condiciones y que hagan con ellos lo que tengan que hacer”, esgrime Rafael García, presidente de los vecinos de Loma Colmenar, un barrio con una fuerte presencia de migrantes, en el que además se ha ubicado el centro de acogida del embolsamiento. García, agotado de mediar en conflictos, tiene el corazón sobrecogido por lo que ha vivido este mes. Habla de mujeres durmiendo en la calle con sus hijos en un cartón. Después se pasa a la rabia: “¿Y los niños? Que no sabemos dónde llevarlos. Tenemos más de 200 niños en la barriada y nadie sabe qué hacer con ellos, ni en menores ni en la Policía. Están durmiendo en la calle, niños de siete a 17 años”, reclama. “Tuve que llevar a uno el otro día que estaba medio muerto, la criatura, menos mal que me lo cogieron. Esto es una locura, no sabes por dónde tomar. Esto va para largo”, se lamenta.

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