Reivindicación de la convivencia con inmigrantes desde Pontevedra: «Venimos a aportar, no a molestar»

Mientras Ceuta arde y el «odio e o medo» se extienden, en la ciudad del Lérez se apuesta porque quienes llegan y quienes reciben se conozcan para que puedan entenderse

La Voz de Galicia, María Hermida, 29-08-2026

ngélica, natural de Colombia, y Pedro, de Venezuela, vinieron a España, a Galicia, buscando porvenir. Su principal preocupación era subsistir; comer y tener un techo en un país que intuían mucho más próspero que los suyos. Pero en el tiempo que llevan aquí —él apenas unos meses y ella ya desde el 2023— no solo se preocuparon y ocuparon con eso. Buscaron integrarse. ¿Cómo? Ambos se acercaron a un colectivo de Pontevedra llamado Boa Vida que, precisamente, busca ser un puente entre quienes llegan y quienes reciben. Y por eso este viernes, con la lluvia gallega calándoles los huesos y las imágenes terribles de Ceuta y los disturbios ligados a la crisis migratoria en la retina, Angélica y Pedro fueron dos de las personas inmigrantes que participaron en una escuela de convivencia; una jornada para conocerse y tratar de entenderse mejor. O, en otras palabras, un canto a la integración. Angélica y Pedro, con una sola voz, reivindicaban: «Venimos a aportar, no a molestar».

En esa escuela, tan efímera —duraba solo un día— como emotiva, les esperaban personas como Pepa Vázquez, trabajadora social y Gemma Vilas, psicóloga con un máster sobre inmigración, miembros de Boa Vida y con una larga experiencia trabajando con personas llegados de otros países. Las dos suspiran pensando en Ceuta y dicen que «o medo e o odio estanse estendendo dunha maneira tremenda e hai que paralos». Son conscientes de que la palabra inmigración implica muchas cosas, muchas aristas. Pero creen que «está habendo un ruído de fondo que o complica todo». Ellas apuestan por cambiar ese estruendo por música. De hecho, la escuela de convivencia arrancó con los asistentes agarrándose de las manos y entonando juntos una canción que habla de tener esperanza.

Luego se pasó del canto a la palabra. Pepa y Gemma fueron de lo particular a lo global. Y Gemma lo explica: «Unha casa, ao fin e ao cabo, é unha pequena comunidade. Un conflito polo mando da tele pode enfrontarse coas mesmas ferramentas que algo máis grave. O importante non son tanto os problemas como a forma que temos de afrontalos». Pepa, por su parte, hablaba de las nuevas formas de convivencia a las que aboca la carestía de la vivienda y de la necesidad de que aprendamos a relacionarnos mejor.

«Pararía a nosa economía»

Ambas, que en los últimos meses tramitaron decenas de expedientes de inmigrantes que se acogieron a la regularización extraordinaria, miran a Galicia y decían: «A realidade é que se eles marcharan agora mesmo pararía a nosa economía. Están sendo o gran piar no coidado dos maiores, por exemplo. Temos unha nova realidade e temos que convivir e favorecer a integración», decían.

Le cedían luego la palabra a quienes pueden hablar con voz propia de lo que significa hacer las maletas metiendo dentro el sueño de una vida mejor. Angélica cuenta que ella, que tenía 48 años cuando emigró, lo que buscaba era la tranquilidad y la seguridad que no había encontrado en Colombia, en la ciudad de Santander. Ella, que está afincada en Vilagarcía, planificó su viaje con bastante antelación y llegó a Galicia con una estancia de estudio que la amparaba también para poder trabajar legalmente. Hizo un FP de transportes y logística y luego trabajó en ese gremio. También pasó por un taller de empleo de carpintería del Concello de Vilagarcía y ahora mismo está en un nuevo proceso de inserción laboral. Angélica dice que siempre tuvo claro que quería integrarse: «Es lo que perseguimos todos. Echo cosas de menos, pero me gusta estar aquí, me gusta saber de la cultura, de la historia…».

Pedro, a su lado, asiente con la cabeza. Él, abogado y educador en Venezuela, vino a Galicia buscando asilo político. Habla así sobre la necesidad de fomentar la convivencia: «Es absurdo pensar que quienes venimos de fuera no queremos integrarnos. Hay que apartar los perjuicios y evitar la doble moral. Porque la realidad es que sin los inmigrantes la economía se para».

Tanto Pedro como Angélica tienen clara una cosa. Por muy duro que se haber emigrado para ellos, no lo será tanto como para otros: «Somos blancos y no somos de religión musulmana. Eso nos lo pone más fácil».

Pedro, que pidió asilo político, y Angélica, que vino de Colombia buscando seguridad, defienden: «Es absurdo pensar que no queremos integrarnos»

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