Ceuta y el falso dilema

La crisis desatada en la ciudada autónoma corre el riesgo de convertirse en otra coyuntura para la mera disputa de relatos

El País, Diego S. Garrocho, 31-08-2026

Una de las consecuencias de la polarización es que los debates complejos acaban reducidos a una lógica binaria. El “conmigo o contra mí” suele ser algo más que una absurda imposición identitaria: se convierte en una servidumbre conceptual que nos impide fiscalizar a los propios y condena la conversación a quedar resumida en falsos dilemas.

Siguiendo la inveterada costumbre de la opinión pública española, la crisis de Ceuta corre el riesgo de convertirse en otra coyuntura para la mera disputa de relatos. A un lado están quienes subrayan, como hizo incluso el presidente Sánchez durante los primeros momentos, la violación de la soberanía territorial de la nación. Al otro, quienes intentan circunscribir la entrada de miles de personas a una crisis humanitaria. Entre ambos extremos desiguales se abre un debate político sobre lo que pudo o no hacer el Gobierno y sobre la diligencia con la que se está gestionando una de las mayores crisis de nuestra democracia.

No hay que elegir. Se puede mostrar una extraordinaria sensibilidad ante la experiencia crítica que sufren las personas en situación irregular que permanecen en la ciudad autónoma, especialmente los menores y las mujeres, sin suspender la exigencia de responsabilidades a un Gobierno que ha mostrado una actitud abiertamente negligente. Reclamar un trato digno para cualquier ser humano que haya puesto los pies en territorio nacional no impide asumir como propios la inquietud y el malestar de los ciudadanos ceutíes, cuyas condiciones de vida se han transformado súbitamente para mal.

Que el presidente del Gobierno lleva casi un mes sin comparecer ante los medios y no ha suspendido sus vacaciones es un hecho. También lo es que dos ministros de tanto peso como Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles han ofrecido versiones mutuamente excluyentes sobre el papel de nuestros servicios de inteligencia en esta crisis. Ninguno, hasta el momento, se ha responsabilizado por lo ocurrido.

Intentar empañar el debate político y la debida rendición de cuentas mediante alusiones a la extrema derecha, la guerra cognitiva, los influencers ultraconservadores, Aznar o las conspiraciones tecnológicas es una estrategia tan extravagante como ineficaz. Se puede y se debe exigir un trato humano para quienes cruzaron una frontera, muchos de ellos movidos por la desesperación. Con la misma intensidad es imperativo exigir responsabilidades políticas a quienes han sumido a Ceuta y a su población en una situación desesperada.

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