Diana Montoya: «Viví en la calle con 19 años y acabé montando mi propia empresa»

Llegó a Madrid desde Medellín (Colombia) para ayudar a su familia y hoy dirige un centro de estética en Chamartín y su propia línea de cosmética

La Razón, Redactora jefa de Madrid, 24-08-2026

El caso de

Diana Montoya

, nacida en Medellín (Colombia) y madrileña de adopción, no es común. La suya es una historia de superación, resiliencia, emprendimiento, integración y, sobre todo, coraje. Llegó a Madrid con 19 años, vivió dos meses en la calle y hoy es empresaria del sector de la estética y la cosmética, con un centro en el distrito de Chamartín. Con 17 años, cuando ya había empezado a estudiar Contaduría Pública en la universidad en Colombia, tuvo que hacerse cargo de sus dos hermanos y de su madre tras marcharse su padre de casa. «Soy la mayor y, en nuestro país, la carga suele caer mucho en el hijo mayor», cuenta. Pero la situación se complicó cuando les comunicaron que tenían que hacerse cargo de una deuda de su padre si no querían perder la casa.

«Llegué a tener cinco trabajos y yo ya no tenía ni más manos ni más tiempo. No podía afrontar una deuda económica, mantener a una familia, pagar colegios…Ya no podía más».

Un familiar que vivía en España le habló de la posibilidad de venir y no se lo pensó. Como muchos otros inmigrantes, empezó limpiando. «Llegué con la ilusión de poder seguir ayudando a mi familia, salvar la casa, pagar la deuda y evitar que nos la quitaran». Pero las cosas no fueron tan rodadas. A los tres meses de llegar a Madrid se quedó, literalmente, en la calle.

«Tenía la ropa metida en una maleta que había dejado debajo de un coche abandonado». Dormía durante el día en un banco y por la noche permanecía vigilante. «Afortunadamente, nadie intentó hacerme nada», dice.

«Había

muchísima incertidumbre, mucho miedo y mucha soledad.

Intentaba cambiarme de ropa pocas veces y me organizaba para poder ducharme o limpiarme un poco en un McDonald’s o en un Burger King. No había nada más. Era la calle. Además, me caducó el billete con el que podía haber regresado a casa. Me daba miedo pedir ayuda a la Policía. Venía de un país muy conflictivo, con mucha violencia. Estaba sola, tenía 19 años y no conocía a nadie. La única persona en la que confiaba era en mí», relata a LA RAZÓN.

Lo que realmente la salvó fue una casualidad.

Nada más llegar a Madrid había conocido, durante la larga espera para entrar a un

concierto de Ricky Martin

, a una joven de su edad que le contó que vivía cerca de la

parada de Metro de El Carmen. Era prácticamente la única persona que conocía en la ciudad. Sin móvil y sin saber cómo localizarla, Diana acudió durante días a aquella estación y esperó junto a la boca del Metro hasta que finalmente la vio salir acompañada de su madre. Les contó su situación y la acogieron temporalmente en su casa, donde durmió en un sofá a cambio de ayudar con las tareas domésticas. También la ayudaron a encontrar trabajo.

A partir de ahí empezó, poco a poco, a recomponer su vida. Cuidó niños y trabajó como recepcionista en una peluquería, donde comenzó a poner en práctica los conocimientos de estética que traía de Colombia. Después pasó por varios centros del sector hasta que decidió tener su primer hijo (es madre de tres). Pero «hay sitios en los que eso no encaja bien». Aquello cambió su rumbo.

Decidió establecerse por su cuenta y «darme una oportunidad». Empezó atendiendo a domicilio y, poco a poco, el boca a boca hizo el resto. Empezó con apenas dos clientas y, con el tiempo, abrió un pequeño estudio en Menéndez Pidal, el primer paso antes de dar el salto empresarial. Hoy Diana Montoya tiene su propio centro en la calle Francisco Suárez y cuenta también con una línea propia de cosmética. «Echo la vista atrás y flipo», dice cuando repasa su vida.

Diana Montoya

Cedida

Una ciudad de acogida y muy segura

►Pese a las dificultades que ha sufrido, Diana siempre ha visto Madrid como una ciudad de acogida para las personas procedentes de otros países. Pero si hay algo que valora por encima de todo es la seguridad que ofrece. También le sorprende el cambio que se ha producido con la inmigración. «Antes éramos el “sudamericano”, y ahora se habla de latinos o hispanoamericanos. Este concepto ha cambiado mucho». Tiene muy claro que «cuando eres inmigrante, vienes a trabajar y haces las cosas bien, la gente te acoge. Es una realidad». Y si hay algo que también poner en valor es la rica gastronomía madrileña.

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