Erige Sehiri: "Cuando algo es demasiado difícil de escuchar, nos desconectamos de la realidad"
La directora de "Prometiendo el cielo" hace un retrato de la inmigración subsahariana en Túnez
La Razón, , 21-08-2026Erige Sehiri
no buscaba hacer una película sobre la actualidad política de Túnez. Al menos, no al principio. Cuando comenzó a escribir
“Prometido el cielo”
, su segunda película después de “Entre las higueras”, la directora franco – tunecina quería
volver a fijarse en quienes suelen quedar fuera de plano. Pero la realidad terminó entrando por la puerta grande.
“La historia que estábamos escribiendo se vio atrapada por la realidad”
, reconoce. La película llega hoy a los cines españoles convertida, casi sin quererlo, en
un retrato de la inmigración subsahariana en Túnez
y de las tensiones que la atraviesan.
Sehiri llevaba años interesándose por estas comunidades. En 2016, mientras trabajaba en un documental, conoció a jóvenes procedentes de Senegal, Congo y Costa de Marfil que habían llegado a Túnez para estudiar. Descubrió entonces una realidad que suele quedar eclipsada por el relato de la inmigración hacia Europa:
“Alrededor del 80 % de los migrantes africanos viajan dentro de las fronteras del continente. Solo el 20 % emigra a Europa”.
Aquellos encuentros dieron forma a la película y a sus protagonistas: Marie, una periodista convertida en pastora; Jolie, una estudiante con los papeles en regla; Naney, una mujer que dejó atrás a su hija en Costa de Marfil; y Kenza, una niña superviviente de un naufragio en el Mediterráneo. Esta última apareció prácticamente al final del proceso de escritura. Sehiri conoció durante su investigación a personas que intentaban cruzar el mar y supo de una niña de cinco años que había muerto en un naufragio. “Me quedé devastada cuando supe que había fallecido, y quise devolverla a la vida y rendirle homenaje a través del personaje de Kenza”, explica.
La niña se convierte así en el centro emocional de la película, pero también en un espejo para las tres mujeres. Todas viven una forma distinta de desarraigo y han dejado vínculos familiares atrás.
Kenza, huérfana y de origen incierto, “es hija de todas”
, dice la directora. Para cada una representa algo distinto: “Para Marie, un peligro; para Naney, un desafío; para Jolie, un premio de consolación”.
Hay algo especialmente interesante en la manera en que Sehiri aborda el trauma. Como documentalista, había observado cómo algunas personas que habían vivido experiencias extremas se desconectaban durante una conversación, incluso hasta quedarse dormidas. De ahí nace una de las escenas más delicadas de la película, cuando Kenza se queda dormida mientras Marie pinta para ella un futuro posible. "
Cuando algo es demasiado difícil de escuchar, nos desconectamos de la realidad"
, explica.
Y ahí está quizá la clave de “Prometido el cielo”: en lugar de convertir la inmigración en un asunto abstracto, Sehiri la aterriza en cuatro vidas concretas. Mujeres que conviven, se necesitan y se enfrentan, mientras intentan averiguar cuál puede ser su lugar en un país que tampoco termina de ser suyo.
“Basculamos entre la solidaridad y la individualidad”
, resume la directora. Juntas, pero cada una por su cuenta.
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