Política del miedo

La Vanguardia, Salvador EnguixSalvador Enguix, 21-08-2026

Desde que comenzó la crisis de Ceuta, con la llegada de decenas de miles de inmigrantes por la frontera, se consolida una sensación difícil de ignorar: el miedo marca la agenda política. El miedo a lo que algunos califican de “invasión”, pero también el miedo de los gobiernos europeos al avance de las fuerzas populistas, con las imágenes de la ciudad autónoma inundando los informativos. Y, en medio, miles de personas que permanecen atrapadas en una situación humanitaria cada vez más grave, entre ellos muchos menores y, entre estos, muchas niñas en lamentable situación de inseguridad física.

Porque si algo sorprende de esta crisis es que la razón humanitaria no parece haber sido la prioridad; basta ver la poca atención que ha recibido la cifra de muertos, que debería interpelar a Marruecos. Sucede con el Ejecutivo de Pedro Sánchez: a las 24 horas del asalto a la valla se aseguró que el problema estaba resuelto.. Sin embargo, tres semanas después, la realidad sigue instalada sobre la arena: miles de inmigrantes que se niegan a regresar a Marruecos, sobreviviendo en condiciones de vida precarias y con una ayuda humanitaria que ha llegado tarde. Los hechos, cada vez más duros, han ido siempre por delante de la prevención y respuesta exigible al Gobierno.

Tampoco se conocen todavía cifras oficiales precisas sobre cuántos inmigrantes permanecen en Ceuta. Y los campamentos de atención han comenzado a instalarse cuando las imágenes difundidas por los medios ya habían mostrado con crudeza la dimensión del drama. No es difícil entender las dificultades políticas en este contexto, pero sorprende la manera de reaccionar. Como si el miedo a la reacción de la opinión pública, que será llamada en unos meses a las urnas, hubiera nublado la capacidad de ejercer con rigor y sin confusión la política necesaria.

La UE, donde países como Francia o Alemania otean con preocupación el ascenso de las formaciones ultras, parece cada vez menos dispuesta a hablar de solidaridad, término en riesgo de extinción, y más inclinada a hablar de devoluciones, controles y fronteras. El mensaje de “que los devuelvan” es lanzado directamente por la Comisión Europea mientras España comprueba las contradicciones entre lo que políticamente parece posible y lo que jurídicamente resulta aceptable sobre devoluciones o traslados a la Península, especialmente cuando están en juego menores y cuando los tribunales han cuestionado en el pasado determinadas devoluciones en caliente.

Ceuta ejemplifica la enorme dificultad que supone esbozar una respuesta que conjugue las exigencias sociales con los valores fundamentales de Europa. Agravada por un temor real, pero también hiperbólico, que tan bien manejan aquellos que ansían dinamitar los cimientos de las democracias liberales. Los mismos que no necesitan gobernar para cambiar la política. Les basta con conseguir que los demás gobiernen con miedo.

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