La memoria contra el fascismo

Deia, Igor Barrenetxea Marañón, 20-08-2026

DE un tiempo a esta parte parece que Europa ha optado por olvidar una parte de su propio oscuro pasado. En Italia, la figura de Mussolini vuelve a erigirse como un símbolo positivo para algunos sectores de la población; en Francia, la ultraderecha se abre camino, apostando por un discurso que poco o nada envidiarían las antiguas autoridades de Vichy, colaboradoras del exterminio judío; en Alemania y Austria, los ecos del nazismo se endulzan como si, en realidad, hubiese sido un periodo próspero, y no hubiesen protagonizado la mayor de las barbaries conocidas: el Holocausto. Así mismo, en España, Vox y ciertos grupúsculos de extrema derecha con un acerado planteamiento de xenofobia, racismo y chovinismo patrio aspiran a rescatar los mitos salvadores del franquismo, buscando la manera de humillar a las víctimas de sus políticas de la venganza. En muchas otras partes, con distintos modelos, como EE.UU., Argentina o El Salvador, la situación no es mejor, viendo como la reacción está dispuesta a sustraer a la democracia sus valores de tolerancia, pluralidad y libertades, cercenándolas para el disfrute de los afines. Es como si las advertencias que nos traen a colación las crudas experiencias del pasado hubiesen resultado vanas. La Historia nunca se repite, pero, lamentablemente, eso no significa que no se cometan parecidos errores. De otra manera, el ayer siempre regresa porque no deja de fascinarnos, conforma nuestras identidades, otras, en cambio, se reaviva como un peligroso fuego purificador que sólo trae peligrosas manifestaciones de furia y horror.

Entre esta fascinación y horror, hay lugares concretos, cargados de memoria, que siempre estarán adscritos al desgarrador siglo XX como necesarios avisos y reconvenciones. Por ejemplo, en Austria, en la localidad de Braunau am Inn, tras mucho debate, la casa natal de Hitler ha acabado convirtiéndose en una comisaría de policía. Precisamente, para evitar que fuese un lugar de culto para la nueva hornada de fascistas. En Alemania, un país muy sensible con aquel terrible periodo, la apuesta de los distintos gobiernos alemanes, educar en una comprometida memoria histórica contra el nazismo, a través de exposiciones, publicaciones y centros de representación, no ha evitado que haya quien no deje de blanquearlo. De hecho, uno de los pocos lugares singulares de aquella época seguía siendo una parte del mastodóntico búnker de Hitler, bajo la antigua Nueva Cancillería del Tercer Reich, en Berlín. Aunque su acceso es restringido, todavía se pueden visitar las antiguas salas de hormigón armado y respirar el aire húmedo y opresivo de aquellas dependencias. En la actualidad, se pretende erigir sobre el mismo un bloque de viviendas, en un área privilegiada al encontrarse cerca de la famosa Puerta de Brandeburgo y del Memorial del Holocausto. Pero el borrar definitivamente una de las últimas huellas del pasado nazi de la ciudad ha provocado cierta controversia entre los grupos memorialistas debido a que de hacerlo es perder uno de los escasos registros materiales del Tercer Reich. Aunque, el Senado de Berlín, tras aprobar el plan urbanístico, ha exigido al propietario del terreno, previo a la demolición, que documente el lugar, no lo consideran suficiente.

La otra parte del gran búnker, la más simbólica, donde pasó sus últimos días Hitler y se acabó suicidando, el 30 de abril de 1945, no lejos del anterior, es hoy en día un aparcamiento, evitando que se convirtiera un santuario para los neonazis. Así y todo, la asociación Berliner Unterwelten colocó una placa indicativa. Saber para recordar bien. Cierto es que la política seguida por los distintos gobiernos berlineses ha ido encaminada a ir borrando las incómodas huellas de dicho oscuro periodo, pero eso implica que puede llevar a un punto en que no quede nada de aquel contexto tan singular y tenebroso. Por eso, se pide que se conserve, incluso construyendo el bloque de viviendas, pues la estructura del búnker subterráneo estaba diseñada para soportar un edificio más pesado del que se pretende levantar encima. Otro dato, de los 14 búnkeres del Berlín nazi, sólo se conservan, actualmente, tres. No son muchos, en relación, a que aquellos espeluznantes hechos que marcaron para siempre la memoria alemana y europea.

El futuro de Cuelgamuros De manera distinta, también en España han corrido ríos de tinta y se han dado agrias polémicas en torno al futuro de Cuelgamuros (Valle de los Caídos). Una comisión de experto ofreció varias soluciones que iban desde volarlo, porque es un recordatorio de los horrores del franquismo, a su resignificación, que es la opción que acabó por consensuarse. Antes se exhumaron los restos de José Antonio, primero, y los de Franco, a continuación, con cierta pompa por sus afines. Sin duda, era vergonzoso que fuésemos el único estado de la Europa democrática en donde se conservaran los restos de un dictador en un mausoleo erigido, para más inri, sobre los féretros de tantos miles de seres de cuya muerte fue responsable. Todavía, en la actualidad, el proceso de convertir Cuelgamuros en un lugar de representación de la Guerra Civil y las crueldades del régimen está lejos de haberse completado. Cierto es que la complejidad conjurar ese ayer y educar y concienciar a las nuevas generaciones sobre unos hechos en los que, como con el fascismo europeo, mitos y falsedades prevalecen, se ve reflejado en la cruda realidad del auge de ciertas fuerzas políticas que beben de la misma fuente corrompida de aquel macabro totalitarismo. De ahí que la memoria democrática sea tan necesaria. Si bien, hay que puntualizar una memoria sin Historia es incompleta, y viceversa, de ahí esta interdependencia, para recordar y aprender. Es, por eso, que es tan relevante que ciertos edificios o lugares se conserven y se entienda su valor histórico como el Coliseo o la Acrópolis de Atenas, como la Mezquita de Córdoba o la Torre Eiffel. Todos ellos forman parte de un legado cultural compartido. Pero, además, de manera un tanto diferente, por penoso que resulte (y así debe ser) hay otros inmuebles o espacios igual de cruciales que deben velar por un imborrable humanitarismo ético como el Memorial del 11 – S, la Escuela de las Américas, Guernica o Auschwitz entre otros, cual muros de contención contra los nuevos y temibles fascismos intolerantes.

Doctor en Historia Contemporánea

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