Odiseo en su palacio de verano
Sánchez sólo necesita una Penélope y Calipso no podrá retenerle por siempre en Lanzarote. Moncloa siempre fue la Ítaca a la que regresar. ¿O fue La Mareta?
La Razón, , 20-08-2026Estamos los maridos heterobásicos muy concernidos estos días por el estado de salud de Hossam Hassan, el seleccionador de fútbol de Egipto que trata de recuperarse del apechusque que sufrió en la cafetería de un hotel de lujo donde pasaba las vacaciones con una de sus dos esposas. Ah, la poligamia. Ese arcano para el hombre occidental, entre sugestivo y aterrador.
Si la mayoría no nos sentimos a la altura de la santa a la que embaucamos con zalamería antes de desparramar todos nuestros defectos cotidianos, cuán complicado debe ser eso de gestionar dos pistas al mismo tiempo. Hassan creyó tener controlada la situación al irse de vacaciones con Dina, la esposa con la se lleva bien, dejando en casa a Howaida, a la que tiene de uñas por motivos que ellos sabrán. Sin embargo, Howaida decidió presentarse en la cafetería para darse de bofetones con Dina. Por más que el Islam permita tener hasta cuatro esposas, jamás tuvo más razón Diana de Gales cuando aseguró que en una pareja tres son multitud.
El corazón del seleccionador de Egipto, ya castigado por el mangazo arbitral ante Messi, no pudo soportar el combate de la UFC que se marcaron sus dos parientas a ojos de todo el mundo y cayó al suelo desmayado. En ese jardazo contra el duro adoquín hemos viajado todos los maridos heterosexuales con una pizca de empatía.
Uno se imagina a Pedro Sánchez leyendo en La Mareta la noticia del percance de Hassan, analizando los pros y los contras de la poligamia aplicados a su propio caso, como buen narcisista, y seguramente vivir un escándalo así en un hotel de lujo no sería lo peor para el presidente. A Pedro lo que le debe generar dudas sobre la poligamia es su capacidad para multiplicar las posibilidades de imputación judicial vía matrimonial.
Si una sola esposa le ha salido a cuatro imputaciones, cómo para arriesgarse a tener una segunda que tal vez también le hubiese obligado a guardar diez días de reflexión en Moncloa, en lugar de cinco. No, la poligamia no parece tener papeletas de convertirse en alguna de las propuestas con las que Sánchez nos pueda epatar en este año electoral que ya calienta motores.
El zar de Pozuelo saborea cada segundo en su palacio de verano, sabedor de que puede ser el último, encorajinado por lo errático del enfoque de su pasada estancia estival en Lanzarote. Hace un año, Sánchez salió de La Mareta rumbo a Madrid, convencido de que boxear contra el fantasma de Franco y presentarse como la némesis de Trump sería una buena idea. Un verano después, es un tipo arrinconado en Europa, los consejos de Zapatero cotizan a la baja y la corrupción le tiene acorralado. La marea de las imputaciones ya ha llegado a los tobillos de Juan Manuel Serrano, el mayordomo fiel.
Sánchez necesita quemar los últimos cartuchos. De momento, ha mandado a Óscar Puente a las puertas de Zarzuela a gritar el nombre de Felipe en un sucedáneo de Iliada sanchista, pero falta encontrar la manera de sacar partido en la crisis migratoria de Ceuta: un traslado de centenares de niñas marroquíes a la península, justo en este preciso momento, confrontado con la Bruselas que ahora exhorta a devolver los niños no acompañados, tratando de ahogar a PP y Vox en la laguna del reparto autonómico, sería buena gasolina para comenzar la odisea electoral.
Sacar a las niñas de Ceuta de forma urgente evitaría tener que sentar en una misma mesa al gobierno ausente y al socio fiable. De tener un problema con Marruecos a creárselo a la oposición, desafiando a Bruselas. Tras 20 días de guerra de broma, la trinchera ceutí detecta un atisbo de blitzkrieg.
El Gobierno prometió que ningún inmigrante de la avalancha pisaría la península y ahora pretende incumplir esa palabra, tras haber exhibido su indolencia con inusitada desvergüenza. Un zar que no sale de su palacio de verano, mientras Ceuta arde en la hoguera de todos los pecados sanchistas. Niñas que han buscado la protección de los agentes policiales como cachorros indefensos; una ministra de Sanidad a la que prepararon la versión Potemkin del hospital para que pudiera negar el colapso; una titular de Migraciones que reconoce no saber el número de inmigrantes que deambulan por la calle; unos ministros que dejan vacía la silla del Senado, contraviniendo la ley de hierro que recuerda que en política espacio que tú dejas libre lo ocupan tus adversarios.
La indolencia es tan manifiesta, el pasotismo es tan sangrante, que se hacen apuestas sobre qué contarán las crónicas de 2027. O el Gobierno ha entrado en barrena y Ceuta ha sido la curva en la que se salió o el sanchismo es el perro viejo que entendió que agosto no cotiza en el mercado demoscópico y que la clave está en guardar fuerzas para la noche de Champions. No, Sánchez no incluirá la poligamia como nuevo derecho social. Él sólo necesita una Penélope y Calipso no podrá retenerle por siempre en Lanzarote. Moncloa siempre fue la Ítaca a la que regresar. ¿O fue La Mareta?
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