El bumerán migratorio de Meloni se vuelve contra Italia

Alemania, Austria y Suiza reclaman la devolución de solicitantes de asilo que llegaron a Europa a través de territorio italiano tras la entrada en vigor del nuevo pacto comunitario

Diario Vasco, Darío Menor, 19-08-2026

Italia lleva años negándose a aceptar el regreso de migrantes desde otros países de la UE, pero con la entrada en vigor del nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo el pasado mes de junio, Alemania, Austria y Suiza han comenzado a exigir la devolución de extranjeros que desembarcaron primero en territorio italiano. La primera ministra, Giorgia Meloni, que consideró que se imponía en Bruselas su política de ‘mano dura’ frente a la inmigración irregular, contempla ahora cómo ese acuerdo puede convertirse en un dolor de cabeza para su gabinete.

Primero Berlín y luego Viena y Berna (que no forma parte de los Veintisiete, pero suscribió parte de la resolución) han mostrado su intención de hacer valer una de las cláusulas del pacto para enviar de vuelta a Italia a los solicitantes de asilo que llegaron al Viejo Continente a través de las fronteras italianas. Las autoridades suizas anunciaron este martes que pretenden devolver hasta a 650 personas, pero el Ejecutivo de Roma se niega a aceptarlas al afirmar que sólo puede hacerse cargo de los solicitantes de asilo llegados después de la entrada en vigor del acuerdo europeo. Austria, además, informó este miércoles de que ha realizado ya cuatro expulsiones en este contexto.

Buena parte de los migrantes que desembarcan en Italia tras cruzar el Mediterráneo Central acaba luego marchándose a otros países europeos. Las cifras desde 2012 son imponentes: Alemania habría recibido a 150.000, Francia a 120.000 y Suiza a 60.000, según el ISPI, uno de los más prestigiosos institutos de investigación de Roma. Sólo un porcentaje mínimo de esas personas fue mandada de vuelta a territorio italiano, pero la situación parece haber cambiado radicalmente con la entrada en vigor del nuevo Pacto de Migración y Asilo. Lo confirmó el ministro del Interior austríaco, Gerhard Karner. «Ahora existe la posibilidad de poner a disposición de la persona extranjera un billete de tren o de autobús» para su retorno.

«En las próximas semanas están previstos los primeros envíos. Iniciaremos con algunos casos individuales porque no queremos sobrecargar el sistema. Es algo que va en interés tanto de Italia como de Suiza», anunció Nicolás Cerclé, portavoz de la Secretaría de Migraciones del país alpino, en declaraciones a la televisión nacional Rsi. Según prevé el Tratado de Dublín, las solicitudes de asilo deben tramitarse por regla general en la primera nación europea a la que llegan los extranjeros, pero Meloni se negó a readmitir a los migrantes desde otros Estados europeos tras asumir el poder en octubre de 2022. Antes las devoluciones se hacían igualmente con cuentagotas.

«Hay 650 personas que hipotéticamente se podrían transferir a Italia», advirtió Cerclé, anunciando que «próximamente» se negociará la contribución económica de Berna a Bruselas para afrontar esta cuestión. El nuevo pacto establece además que los países que eludan la reubicación de migrantes deberán pagar 20.000 euros por persona a un fondo común de la UE destinado a ayudar a las principales naciones de llegada, como Italia, España o Grecia.

La aplicación del acuerdo abre un nuevo escenario que Estados como Suiza o Alemania han demostrado que pretenden aprovechar para reactivar el principio básico del Tratado de Dublín. Antes de los anuncios de Berna y Viena, las autoridades germanas ya trataron de retomar las devoluciones hacia Italia disponiendo la entrega de la somalí Faduma Abdirisaq Warsame, desembarcada en Lampedusa a principios del pasado marzo tras cruzar el Canal de Sicilia. Esta joven de 22 años no tardó en proseguir el viaje desde la pequeña isla italiana y, a finales de ese mes, presentó su solicitud de asilo en territorio germano, donde residen su madre y su hermano, afirmando que dejó su país para escapar de un matrimonio concertado.

El caso de Faduma, que de momento goza de la acogida que le brinda una organización eclesial, se ha convertido en un símbolo del camino de vuelta hacia Italia que pueden afrontar a partir de ahora muchos migrantes que atraviesan el Mediterráneo Central.

La oposición política no ha tardado en criticar al Gobierno de Meloni por no prever la reactivación de los retornos de extranjeros indocumentados que impulsa el nuevo pacto. Osvaldo Napoli, del partido centrista Azione, señaló que las intenciones que ya han mostrado Suiza y Alemania demuestran que el acuerdo supone «un bumerán» para los intereses de Italia. Napoli, además, consideró que no eran más que una «demostración de fuerza» los controles en puertos y aeropuertos para los viajeros procedentes de España, introducidos por Meloni el pasado 31 de julio después de la llegada de decenas de miles de inmigrantes irregulares a Ceuta. «Me parece un suicidio político aprobar reglas que antes no respetábamos y que ahora imponen a Italia aceptar la devolución de los migrantes que llegan a su territorio», señaló por su parte Matteo Villa, investigador del ISPI, en declaraciones al diario ‘La Repubblica’.

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