Se busca culpable pero nadie mira a las plataformas: así actuaron Meta y TikTok en la crisis de Ceuta
En las redes circularon bulos, falsas promesas y se organizaron parte de las convocatorias que terminaron llevando a miles de personas hasta la frontera, señalan los expertos consultados. Meta afirma a 'Público' que activó su Protocolo de Política de Crisis tras las entradas a Ceuta y que sus equipos han eliminado contenido que incumplía sus normas.
Público, , 18-08-2026Mientras la mirada se ha concentrado en Marruecos, en la presión migratoria y en el refuerzo de la frontera, una pieza decisiva de la emergencia humanitaria en Ceuta ha quedado en un segundo plano: las redes sociales. Fue allí donde circularon los bulos, se difundieron las falsas promesas y, según los expertos consultados por Público, se organizaron parte de las convocatorias que terminaron llevando a miles de personas hasta las puertas de la ciudad autónoma.
La idea de que la frontera estaba abierta o de que bastaba con cruzar a nado para poder quedarse en España llegó a las pantallas de decenas de miles de personas que buscaban una oportunidad para llegar a Europa. WhatsApp y Facebook se convirtieron en algunos de los principales canales de difusión de estos mensajes y la desinformación se cruzó con la permisividad de las autoridades marroquíes los días 30 y 31 de julio hasta terminar conformando el cóctel perfecto que desembocó en una llegada de 70.000 personas a Ceuta.
La movilización, sin embargo, no surgió de la nada. Parte de los mensajes que circularon esos días llevaban semanas gestándose en las redes. Hay que remontarse al 8 de julio, fecha en el que el Tribunal Supremo dictó una sentencia que decía que no podían aplicarse devoluciones en caliente a las personas que entraran a nado en Ceuta o Melilla. En Facebook se difundió que esta sentencia garantizaba que aquellos que entrasen a nado tenían permitida su estancia a España. Esto era un bulo ya que en realidad sólo significa que su posible expulsión debe realizarse bajo el procedimiento ordinario de devolución.
Iago Moreno, sociólogo por la Universidad de Cambridge, explica que WhatsApp y Facebook tuvieron un papel especialmente relevante porque son dos de las plataformas más utilizadas en Marruecos y donde más se difundió este bulo. A partir de ahí, la información comenzó a desplazarse entre grupos y perfiles marroquíes, acompañada de comentarios que animaban a los jóvenes a intentar el cruce. Según Maldita.es, el 60% de las publicaciones analizadas sobre este asunto fueron compartidas el mismo día, el 30 de julio, precisamente cuando comenzaron a producirse las llegadas masivas a Ceuta. La información se movió también a otras redes como Instagram y TikTok que, según el experto en desinformación Marcelino Madrigal, junto al mensaje de que no se podía expulsar a quienes cruzaran a nado, aparecieron otros bulos como que España necesitaba trabajadores o que quienes tuvieran un título educativo podrían quedarse.
Es importante recalcar que estos migrantes huían de la falta de oportunidades, la pobreza, la persecución o la represión. Algunos, además, habían recorrido ya buena parte del continente africano en busca de una oportunidad para llegar a Europa, por lo que se aferraban a cualquier posibilidad que les permitiera alcanzar su destino.
Aunque para Moreno no se trata solo de una llegada improvisada desde las redes. “Existen muchos indicios que apuntan hacia Marruecos, entre otras razones porque las autoridades marroquíes disponían de capacidades para supervisar los espacios digitales en los que se estaban organizando estos movimientos”, apunta el experto. El sociólogo recuerda que esas capacidades ya habían sido utilizadas durante las protestas de la llamada Generación Z, que también recurrieron a técnicas de movilización digital que el propio régimen censuró.
Sin embargo, insiste, en que hay una responsabilidad mucho más clara y demostrable: el de las propias plataformas. “El problema no es solo quién creó o difundió la convocatoria, sino que los sistemas de control de las redes no actuaron como deberían ante unos contenidos que, como se ha visto, podían tener víctimas mortales”, sostiene, al recordar que 145 migrantes han perdido la vida intentando llegar a Ceuta este 30 y 31 de julio.
“El control de Meta ese día no estaba funcionando como tenía que funcionar y hubo una dejación de funciones en el análisis de esas redes. Al final, la única responsabilidad que podemos probar es la de las plataformas y es, curiosamente, esa la que no se está discutiendo”, añade.
Moreno lamenta que, pese a los años de debate en los distintos países sobre la necesidad de regular unas tecnologías que pueden exponer a los menores a trastornos de conducta alimentaria, nuevas formas de acoso y violencia, en este caso apenas haya habido discusión sobre el papel de estas plataformas. “Estas plataformas han servido para empujar a miles de menores a poner en riesgo su vida cruzando la frontera”, denuncia.
La convocatoria del 15 de agosto
Tras la llegada de 70.000 personas durante los últimos dos días del mes de julio a Ceuta, aquella primera experiencia fue la que alentó a una segunda entrada, según explican los expertos, al contar con un relato digital lleno de vídeos de quienes habían conseguido cruzar que se mezclaron con falsas promesas y bulos.
En los grupos de WhatsApp y Facebook a los que han tenido acceso medios de verificación de datos como Maldita.es o VerificaRTVE, los migrantes se organizaban para planear esta nueva llegada. En los chats se hablaba incluso de detalles logísticos sobre cómo llegar sin saber nadar, qué llevar o cómo evitar los refuerzos policiales. Además también había un mercado real donde se ofertaban servicios de lanchas, motos acuáticas o botes hinchables para alcanzar Ceuta. “No había un movimiento de ayuda para cruzar, lo que había en realidad era un espolio, un mercadeo donde solo se buscaba ganar dinero”, apunta Madrigal.
Este tipo de mensajes generan muchas interacciones en las redes sociales lo que se traduce en beneficios para las propias plataformas. Los algoritmos de las propias también están diseñados para retener la atención del usuario y cuando un vídeo de este estilo genera muchos comentarios compartidos o se ve hasta el final, el sistema asume que es interesante y lo empuja a los móviles de cientos de miles de usuarios.
Para que un contenido de este tipo no siga circulando sin control existen los moderadores, es decir, los encargados de detectar cuando un vídeo o mensaje no sigue las reglas de la plataforma bien sea por inducir a conductas peligrosas, ser un bulo o un delito de odio. Aquí el problema está, según explican los expertos, en que las compañías están reduciendo su plantilla. “Históricamente Meta hacía poca moderación, pero desde que llegó el señor Trump la instrucción es muy clara: se acaba con los moderadores. Ellos argumentan que es por libertad de expresión, cuando en realidad es para ahorrar costes y, por supuesto, para aumentar sus propios beneficios”, apunta el experto, que recuerda que hace unos meses se despidió a todo un departamento de moderadores de Meta en Barcelona.
Una problemática que va en aumento porque los pocos equipos que quedan solo hablan inglés. “En este caso y otros similares hemos visto que se producen problemas porque no había gente que estuviese moderando los contenidos en otro idioma que no fuese inglés”, señala Moreno.
“Las redes sociales antes nos permitían comunicarnos y, a cambio, se quedaban con nuestros datos. Ahora se quedan con nuestros datos y lo que nos permiten es que nos odiemos, que nos odiemos profundamente, porque pasamos horas insultándonos unos a otros mientras ellos hacen caja”, manifiesta Madrigal.
Meta activó un protocolo tras las llegadas a Ceuta
No obstante, el pasado 15 de agosto el escenario fue muy distinto al que vimos el 30 y 31 de julio. La alerta ante la posibilidad de una nueva entrada masiva llevó a la Unión Europea, Meta y TikTok a establecer un canal rápido de intercambio de información y cooperación con verificadores de hechos para tratar de detectar y frenar los contenidos relacionados con la convocatoria.
Meta asegura a Público que activó su Protocolo de Política de Crisis (CPP) y creó un equipo interno multidisciplinar. “Tenemos un equipo monitorizando la situación en Ceuta en tiempo real y eliminando contenido que viole nuestras políticas, incluyendo contenido que ofrece, facilita o busca servicios de tráfico de personas”, señala un portavoz de la empresa.
La compañía afirma que sus equipos han eliminado contenido que incumplía sus normas, incluidos varios grupos de Facebook y cuentas de Instagram, por vulnerar sus políticas sobre tráfico de personas, conducta odiosa y violencia e incitación. Además, asegura que sus socios externos de verificación de hechos en Europa trabajaron para identificar y desacreditar contenidos que contenían desinformación. Para facilitar esta labor, la compañía estableció un “evento de tendencia” relacionado con la situación en Ceuta, con el objetivo de que los verificadores pudieran localizar con mayor rapidez los contenidos relevantes. Cuando estos verificadores determinaban que una publicación era falsa, Meta asegura que la etiquetaba como tal y reducía su distribución en el feed para limitar su alcance.
La compañía también destaca su colaboración con el Código de Conducta de la UE sobre Desinformación. En este contexto, asegura haber acordado un mecanismo mejorado de intercambio de información y cooperación para reducir el impacto de la desinformación en la crisis de Ceuta. Este mecanismo establece un punto de contacto específico para que los firmantes del código, entre ellos la Comisión Europea y los verificadores de hechos, puedan señalar rápidamente contenidos relacionados con la crisis y adoptar medidas cuando considera que incumplen sus políticas. Público también se puso en contacto con TikTok para conocer su valoración pero no obtuvo resultado.
Marruecos desplegó en esta segunda ocasión los medios necesarios para impedir un nuevo intento masivo de entrada en territorio español e incluso vetó la presencia de los EFE y RTVE mientras llevaba a cabo cargas para impedir la entrada de migrantes, la mayoría de ellos subsaharianos, a territorio español.
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