La huida de Marruecos a Ceuta esconde historias de mujeres y niñas sin derechos, homosexuales perseguidos o activistas silenciados
Las razones de la fuga no son solo económicas. En el país se vive un descontento por la represión contra quienes transgreden alguna de las tres líneas rojas: el rey, el islam y la unidad territorial. "Esto es la prueba de que todo el mundo quiere irse de Marruecos. Los que tienen estudios y medios se dirigen a Canadá y el resto a Europa", declara a 'Público' el periodista marroquí Ali Lmrabet.
Público, , 16-08-2026La escapada por mar a Ceuta jugándose la vida de al menos 72.000 personas, muchas de ellas con pasaporte marroquí, no se debe solo a la diferencia de renta per cápita, a la pobreza y a la falta de oportunidades laborales en su país, sino también a la opresión que sufren allí.
“Esto es la prueba de que todo el mundo quiere irse de Marruecos. Los que tienen estudios y medios se dirigen a Canadá y el resto, la inmensa mayoría, a Europa. Si nadie lo entiende es porque no quiere entenderlo”, explica a Público el periodista marroquí Ali Lmrabet.
Realmente, hay que plantearse los motivos por los que una generación de marroquíes ha llegado a considerar Ceuta, a pocos kilómetros de su casa, como una puerta de salida, sabiendo además que muchos pueden morir en el intento de entrar a nado.
La respuesta no está solo en los salarios bajos, el desempleo o la falta de oportunidades en el país vecino, sino también en la falta de libertades. “En Marruecos no hay ninguna libertad, es pura dictadura”, lamenta un rifeño exiliado en Euskadi desde 2017, cuando Rabat encarceló a los jóvenes que salían a manifestarse en Alhucemas exigiendo un hospital, una universidad y trabajo.
Los presos políticos continúan llenando las cárceles por transgredir alguna de las tres líneas rojas: el rey, el islam y la unidad territorial. En estos momentos, en las prisiones marroquíes cumplen condena los presos saharauis del Campamento de la Dignidad, rifeños del Hirak y jóvenes del reciente movimiento de protestas GenZ212. Por ello, gran parte de estos colectivos vive refugiado en Europa donde ha pedido asilo político.
Se van “por la situación socio-económica, por la falta de libertades y de un futuro mejor. Todos ansían una vida digna acompañada de libertades fundamentales. Algunos dicen: ‘Si los occidentales viven mejor por qué yo no’. Es un resumen simple de lo que está pasando”, asegura Ali Lmrabet.
De tal manera que no todos los jóvenes cruzaron a Ceuta por una vida económicamente mejor. Una parte está huyendo de un país en el que las expectativas vitales están limitadas también por la falta de libertades, la represión y el control social.
La represión cambia sus maneras
A pesar de que se supone que políticamente el rey Mohamed VI lidera una etapa de liberalización, las condiciones son peores que cuando comenzó a reinar hace 27 años.
En estas décadas de reinado, la represión ha cambiado sus maneras. Ya no consiste únicamente en meter a alguien en prisión, hay campañas de desprestigio, vigilancia digital, restricciones para viajar, intimidación de familiares y utilización de acusaciones relacionadas con la vida privada, según han documentado organizaciones internacionales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional.
Es cierto que ha conseguido dotar a las ciudades principales de grandes infraestructuras, conectándolas con el primer tren de alta velocidad en África, ha mejorado y restablecido sus relaciones con grandes aliados como Estados Unidos, Israel, China y Rusia, pero sigue pendiente un apartado fundamental para el bienestar social: el respeto de los derechos humanos y las libertades individuales.
En Marruecos ser madre soltera supone el repudio familiar y social, las relaciones sexuales fuera del matrimonio están prohibidas, abortar fuera de los supuestos legales convierte a una mujer en delincuente y la homosexualidad sigue penalizada, en los pueblos siguen casando a las niñas y se practican matrimonios coránicos. Estas uniones religiosas sin una base legal perjudican a las mujeres , a veces abandonadas por sus maridos sin ningún tipo de compensación económica.
Descontento general
Estas desigualdades llevan a un descontento general. Khadija se colgó de un árbol de la finca familiar con 18 años recién cumplidos porque su padre la obligó a casarse siendo menor con un hombre viudo del pueblo. Las asociaciones de derechos humanos luchan porque haya un organismo que regule estas prácticas al margen del Gobierno.
Otro caso muy mediático en Marruecos fue el de Amina Fiali, que presa de la desesperación, decidió quitarse la vida con un veneno para ratas en Larache con solo 16 años porque varios meses antes la habían obligado a casarse con un hombre a quien ella acusó de haberla violado.
Dos años después, en 2014, se abolió la enmienda del artículo 475 del Código Penal que ayudaba al hombre a escapar al delito de violación casándose con la víctima gracias a la enorme movilización.
Entre las personas que entraron a Ceuta, hay una pareja de lesbianas, Najwa y Khadija, de 20 y 22 años, que han huido de Marruecos para casarse en España y tener hijos, tras tres años de noviazgo a escondidas por miedo a las represalias. Sus familias no conocían su orientación sexual y las consideraban amigas. Contaron su historia de amor en El Pueblo de Ceuta, una vida de “mentiras” con la que han querido romper. Khadija es militar y ha renunciado al Ejército para migrar a España.
Código de Familia discriminatorio
Sin embargo, a este Código Penal obsoleto se suma el retraso en la segunda reforma de la Moudawana o Código de Familia, el mejor ejemplo de la tensión entre modernización y tradición.
Mohamed VI ordenó revisarla en 2023 después de haber anunciado el proyecto un año antes. La reforma introduce avances importantes para las mujeres : reconoce nuevas facultades de tutela de las madres sobre sus hijos y limita algunas de las consecuencias que sufrían cuando volvían a casarse.
No obstante, la igualdad no es completa. La poligamia continúa contemplada en determinados supuestos y la herencia sigue manteniendo diferencias entre hombres y mujeres . La llamada regla del taasib puede hacer que, en determinadas circunstancias, familiares varones hereden bienes cuando una mujer no tiene descendencia masculina.
La cuestión es especialmente sensible porque el propio monarca ha dejado claro que la reforma no puede contradecir los preceptos religiosos. Para las organizaciones feministas, ahí está precisamente el problema.
Una de las activistas más críticas con estos preceptos es Ibtissam Lachgar, fundadora del Movimiento Alternativo por las Libertades Individuales (MALI), que actualmente está condenada a dos años y medio de prisión por publicar en las redes sociales una fotografía suya con una camiseta con el slogan: “Dios es lesbiana”.
Organizarse, protestar y reclamar derechos
La población, que vive en una sociedad con una fuerte brecha entre la modernización económica y las libertades individuales, ha demostrado capacidad para organizarse, protestar y reclamar derechos.
A pesar de la represión, en Marruecos existe una sociedad civil que lleva décadas construyendo espacios de resistencia. Feministas, defensores de los derechos humanos, periodistas, abogados, activistas rifeños y colectivos LGTBI+ han aprendido a organizarse en los márgenes de lo permitido, utilizando asociaciones, redes sociales, campañas internacionales, medios independientes y, cuando es posible, la vía judicial.
Cuanto más complicado les resulta actuar formalmente, más importancia adquieren las redes informales. De esta manera, Internet se ha convertido en un espacio de protesta, porque a través de las redes convocan las manifestaciones, denuncian los abusos y hacen circular los testimonios.
Para terminar con esa difusión en redes, las detenciones se extienden incluso a los activistas marroquíes que residen en Europa. Los dos últimos ejemplos han ocurrido este mismo año. Por apoyar en redes sociales al movimiento juvenil GenZ212, la activista marroquí de 28 años residente en Francia Zineb Kharroubi fue detenida en el aeropuerto de Marrakech en febrero de 2026, y el rapero y cineasta El Mahdi Lyoubi permaneció en prisión mes y medio.
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