La doble cara de la crisis en Ceuta: inmigrantes enfermos en la calle y camas hospitalarias libres
La titular de Sanidad, que pide no asociar inmigración con enfermedad por ser xenófobo, admite la crisis humanitariaLos cinco pasos del Gobierno para desincentivar el intento de cruce masivo que frenó Rabat
La Vanguardia, , 17-08-2026Si se recurre a las frías cifras, como hizo ayer la ministra de Sanidad, Mónica García, Ceuta no está sufriendo ningún colapso sanitario tras el último asalto a la frontera. La presión asistencial en la ciudad autónoma ha ido descendiendo desde el primer día del cruce masivo, cuando se atendió a 1.149 personas: el pasado sábado se registraron 193. El Hospital Universitario de Ceuta ha ampliado su capacidad hasta las 212 plazas, de las que en torno a la mitad están ahora mismo vacías. Son 101 los pacientes ingresados, pero los inmigrantes que ocupan una cama no llegan a la treintena.
En cambio, sobre el terreno, en los puntos de la periferia de la ciudad, en los que aún permanecen hacinados cientos de inmigrantes, aflora otra realidad: personas heridas y enfermas sin asistencia sanitaria por miedo a que una visita al médico se convierta en su pasaporte de expulsión.
Uno de esos márgenes en los que habitan los inmigrantes son las naves de El Tarajal, que hace años eran el epicentro del llamado comercio atípico, con el que miles de mujeres llevaban mercancías a hombros de un lado a otro de la frontera. Las famosas porteadoras. Ahora, sin presencia policial ni militar permanente, ni siquiera en las inmediaciones, las aceras del polígono se han transformado en un campamento de hileras de chozas, en el que las vallas de obra hacen de paredes y las sábanas sirven de techo. Si el grueso de inmigrantes subsaharianos se concentran en la playa de El Trampolín, que sigue a rebosar, este punto congrega a familias marroquíes, con niños, que se niegan a volver a su país. No son refugiados, sino inmigrantes económicos, que aprovecharon la última avalancha para cruzar a España. Lo demuestra una lona blanca sobre la que ellos mismos han pintado un “tenemos oficio, inviertan en nosotros”.
Pasados unos minutos de las 11:00 horas, las calles que parecían deshabitadas empiezan a hervir. Se ha corrido la voz de que una caravana de Médicos del Mundo acaba de llegar. Es la segunda vez que acude. El sábado, 16 días después del cruce, la organización internacional pudo realizar allí su primera asistencia sanitaria. Tal ha sido el abandono a estas personas que los sanitarios atendieron heridas infectadas que los migrantes se hicieron el día que cruzaron irregularmente. Médicos voluntarios, ayudados por intérpretes de oenegés, llegan donde no lo hace el Estado. Dos filas. En una los chavales; en otra las mujeres. Aunque los problemas se repiten en una y otra: cortes en las piernas, infecciones en la piel o traumatismos en la cabeza, gastroenteritis o fiebre. Tras pasar la revisión vuelven a sus hogares improvisados. No hay ni un solo baño público portátil en el polígono. Tampoco una ducha.
Tras la caravana de Médicos del Mundo llega un equipo de Save the children, que cifra en más de 4.000 los menores que continúan fuera del sistema de protección de Ceuta, pendientes de ser identificados, localizados y derivados a los servicios sociales. Los adolescentes corren hacia ellos tras ver las libretas y bolígrafos de los voluntarios. “Yo menor, menor, menor”, repiten. En menos de una hora, la lista repleta de nombres y apellidos alcanza el centenar. Y a las colas improvisadas para poner orden no paran de sumarse más y más chicos.
La titular de Sanidad, que ayer defendió desde Ceuta no asociar inmigración con enfermedad por ser xenófobo, sí admitió la crisis humanitaria. Que existe en Ceuta un riesgo de salud pública derivado del hacinamiento de los extranjeros situando el peligro epidemiológico en un nivel “moderado” para los migrantes y “bajo” para los ceutíes. Mónica García confirmó que han sido detectados por ahora dos casos de tuberculosis: uno de un menor que llegó ya con diagnóstico y tratamiento iniciado en Marruecos, y otro de un paciente ceutí con síntomas de la enfermedad. También informó de la existencia de “algunos casos” de Mantoux positivo, la prueba que detecta posible exposición a la tuberculosis o vacunación previa, que están siendo derivados al hospital para pruebas adicionales, y 18 casos de gastroenteritis.
A preguntas de los periodistas, de por qué el Gobierno no está siendo capaz de atender a las personas que permanecen en las calles de la periferia si, sobre el papel, no hay colapso sanitario ni déficit de profesionales médicos, García contestó que “la actuación sanitaria más urgente” está fuera del hospital y fuera de los centros de salud, pasando en primer término por “dar condiciones de salubridad a los migrantes, agua, higiene, aseo y comida”. “Albergarlos, darles techo”, resumió en la rueda de prensa ofrecida 17 días después del cruce.
El Gobierno central ha pedido a las autoridades de la ciudad autónoma que habiliten y cedan más espacios donde los inmigrantes puedan permanecer en condiciones mínimamente humanas, que puedan prevenir posibles brotes, además de realizar un adecuado control epidemiológico. No está siendo tarea fácil. Con unos ánimos cada vez más caldeados, con los habitantes de los barrios de la periferia denunciando el agravio con respecto al centro de la ciudad, que luce recuperado, los vecinos se niegan a que se acondicionen instalaciones para inmigrantes cerca de sus casas. Ya la semana pasada, después de que el presidente ceutí, Juan Vivas, propusiese crear un centro para confinar migrantes hasta su expulsión, decenas de personas salieron a la calle para mostrar su rechazo a que la antigua Fábrica de Harinas fuese el lugar elegido por la proximidad a varias zonas residenciales.
La semana en la que se cumplen 20 días del cruce en el que murieron al menos 141 personas, según las organizaciones humanitarias, arranca hoy con un consejo de gobierno extraordinario que ha convocado Vivas para adoptar “las decisiones que se estimen pertinentes”. Así rezaba un escueto comunicado en el que también se alertaba que Ceuta, que ayer recuperó la normalidad en su frontera tras el blindaje militar de Marruecos, “está en peligro”.
Por su parte, la Moncloa mantiene hoy su presencia en la ciudad autónoma con la visita de la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, quien tiene en agenda conocer el dispositivo de atención humanitaria, además de reunirse con Vivas para abordar las necesidades de la ciudad”. Es la sexta ministra que aterriza en Ceuta tras estallar la crisis el pasado 30 de julio. Ya han pasado por la ciudad Fernando Grande – Marlaska, Ángel Víctor Torres, José Manuel Albares, Margarita Robles y Sira Rego.
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