El mensaje de la imagen

"Sobran las palabras. Ves el desgarro de ciudadanos ceutíes gimiendo por su inseguridad y no necesitas más explicaciones"

Diario de noticias de Gipuzkoa, Juan Mari Gastaca, 15-08-2026

Sobran las palabras. Ves el desgarro de ciudadanos ceutíes gimiendo por su inseguridad y no necesitas más explicaciones. Contemplas las interminables colas de espera de menores inmigrantes sedientos y hambrientos y te imaginas su ansiedad y desolación. Miras un día y otro también la angustiosa expresión del agobiado presidente Vivas en cada una de sus comparecencias y deduces la irritante desatención institucional de que es objeto en su propio país. Son todas ellas imágenes cargadas de mensaje. Ocurre igual con la solemne torpeza de Felipe VI y de su séquito de colaboradores al admitir el posado de salón en Colombia junto a un abyecto fascista, falsario comunicador, sin recato ni descanso alguno para exhibir públicamente su adhesión a ideologías incompatibles con la salud demócrata.

Los gestos tampoco pasan desapercibidos. Lleva carga intencionada el descanso estival de Pedro Sánchez en La Mareta, más conectado a los preparativos del eclipse que a la afrenta marroquí. Un silencio ininterrumpido posiblemente para no molestar ni al dictador vecino ni a sus servicios de espionaje. Una ausencia, en definitiva, entendida por sus críticos como una penosa insolidaridad con el pueblo invadido o, desde otros ámbitos, tal vez como una simple expresión desconsolada de la clamorosa ausencia de medidas urgentes y eficaces para reconducir el conflicto. Nadie se imagina semejante parsimonia presidencial ante una afrenta de gravedad semejante que ocurriese en cualquier otra comunidad autónoma.

Paiporta pesa lo suyo en el subconsciente de Sánchez. Aquella huida sobre el cenagal en la tragedia de la Dana valenciana le marcó sobremanera. El palmario rechazo que generó su figura quizá sirva de ocasional explicación para entender ahora esta ausencia. Parece obvio asegurar que su presencia asociaría un riesgo de seguridad nada recomendable. Al tiempo, quizá aporte la disculpa silenciosa para justificar el clamoroso retraso sine die de La Moncloa en conceder su placer al viaje de Felipe VI. A él, desean recibir la inmensa mayoría de los atemorizados vecinos, comerciantes y autoridades de esta ciudad autónoma, “españolísima”, según la ministra de Defensa.

No atraviesan su mejor momento las relaciones entre la Corona y el Gobierno de izquierdas. Cuando el rey reclamó más medidas de seguridad para impedir invasiones del territorio patrio, la petición desagradó a los interpelados. Cuando por su cuenta y riesgo el monarca expresó sin vacilaciones que acudiría a Ceuta, algunos entendieron que había traspasado sus competencias a sabiendas. La bofetada no tardó. Bien es verdad que al tuitero ministro Puente se la pusieron en bandeja desde La Zarzuela con la ignominiosa aceptación de esa fotografía tan demoledora por descalificante con J.N. Ahora bien, la intensidad del golpe resulta inaudita para quien un día juró en su cargo lealtad al jefe del Estado. En medio de esta sonora polémica, Sánchez no levantó el móvil para reconvenir a su agresivo compañero. Una moderada posición crítica con la monarquía, avalada con hechos como este de indudable resonancia, apuntala las opciones electorales del sanchismo.

Demasiadas tensiones

A expensas de este 15 – A, el calado de la avalancha magrebí alcanza tal intensidad que agujerea la unanimidad del Gobierno. Lo hace mientras el PSOE y el PP encuentran otra despreciable disculpa para avivar sus discrepancias en ese ambiente de polarización por el que caminan sin demasiada incomodidad. La gravedad de tan desesperada situación, tendente a enquistarse, ha movido el péndulo socialista, demasiado tibio tras el estallido inicial. En algunos casos, la oscilación asoma excesiva como le ocurrió a Albares, capaz de inventarse una nueva regulación al proclamar, rotundo como es él, que todos los inmigrantes irregulares serán devueltos. En otros, descollan las discrepancias como ocurre con Marlaska y Robles cuando responden a su manera a las provocaciones de Marruecos sobre su expansión territorial.

En definitiva, un tema harto peliagudo, sin duda. Demasiadas aristas para encontrar una solución eficaz y de medio alcance de acuerdo con un aliado mucho menos fiable de lo que dicen. Incluso para el PP en un hipotético futuro porque conoce el paño de negativas experiencias anteriores. En el presente, bastante tienen en Génova con lidiar las discrepancias con su socio en varias autonomías –esperadas por todos–, cuando se trata de atender el reparto de los menas. Pero esta vez la sangre de una división explosiva que desearía la izquierda no llegará al río. Ni el origen ni el contexto sociopolítico son iguales. Ahí se encuentra la explicación.

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