Ceuta
Diario Vasco, , 14-08-2026A los españoles se nos acumulan este verano los problemas, y a los gobernantes se les plantea, como nunca, la disyuntiva entre estar al pie del cañón o concederse un descanso que les será reprochado. Más allá del afán de algunos por fastidiarles las vacaciones, o de si estas, por su confort y su uso de recursos públicos, se ajustan o no a lo que la situación del país demanda, la sensación que sobrevuela las crisis que se van sucediendo, y que nuestros lectores no eluden, es que a una sociedad que vive enfrentada consigo misma las adversidades la castigan con más dureza que a la que está unida para afrontarlas. Mejor les iría a los ceutíes, compatriotas a quienes debemos apoyo –y de paso, a los marroquíes engañados y ahogados en Ceuta–, si entre nosotros imperase una mayor conciencia del bien común.
¿Por qué la he elegido…?
Porque nunca está de más tener presente que la realidad no ofrece a todos la misma cara.
En una tertulia radiofónica el moderador pone sobre la mesa la noticia de que muchos españoles recurren este verano a créditos para marcharse de vacaciones. Los tertulianos se echan las manos a la cabeza: cada día disponemos, creen, de menos recursos para disfrutar de un asueto sin que se resientan nuestros bolsillos. Luego entrevistan a un asesor financiero que remarca que endeudarse para este fin no es en absoluto recomendable. Pero a ninguno le oigo decir que muchas personas se ven abocadas a que les presten dinero para unas vacaciones porque se ha creado una presión social que hace sentir mal a quien no puede permitírselas. Incluso se ha acuñado un término para referirse a este mal de la modernidad: ‘pobreza vacacional’. Los habrá que en diciembre aún recordarán las vacaciones de agosto. Pero no por los maravillosos atardeceres.
Inma Miravet Campos. València
Apenas han transcu – rrido días del «soy español, español, español» y el subidón tras la victoria en el Mundial de Fútbol. Todos lucíamos con orgullo la camiseta de España por haber sido el mejor equipo, unido y con las ideas claras. Pero inmediatamente el devastador fuego asoló España y pasamos por la peor crisis migratoria sufrida en Ceuta con la incursión de miles de marroquíes, la mayoría jóvenes y adolescentes, en busca de un futuro, inexistente en su país, que se ha cobrado la vida de decenas de personas. No, ante el fuego y la inmigración no jugamos en equipo, ahí impera el acoso y derribo al oponente sin sentimiento de política de Estado. De este modo perdemos todos, pierde España. Está claro que en equipo somos más fuertes. ¿Por qué tanta crispación y odio? Rememos en la misma dirección, mejor nos irá. | Francisco José Eguibar Padrón. Madrid
El saber, dicen, no ocupa lugar, pero no conozco un dicho que exprese lo que te cambia por dentro leer y tomar conciencia. Te puede llegar a estropear canciones que fueron himnos de verano. Cuando en las fiestas de tu pueblo cantas aquella de mi admirado Sabina y gritas que «controlaban tres fulanas, pero a mí me reservaban los encantos de Maruja, la cachonda» o con Fito afirmas que Mariela «tenía los ojos verdes y un negocio entre las piernas» se te acaba atragantando la letra. Menos mal que lo haces con amigas; que miras a los ojos de esa mujer que te lleva acompañando ya más de media vida. Que juntas habéis comentado libros feministas, que sabe quién es Amelia Valcárcel o Ana de Miguel; que habéis entendido que el único camino es el abolicionismo. Y entonces sonríes con ella, te abrazas, dejas de cantar ese trozo machista y ves el lado bueno; que vais madurando en la misma dirección sintiendo intacta la conexión de cuando coreabais esas mismas canciones con quince años. Y sientes que la sigues queriendo como cuando disfrutabas con ella de aquellos maravillosos veranos que, parecía, iban a ser infinitos.| Carmen Blanco Álvarez. Madrid
Vengo de regar dos arbolitos que hay a doscientos metros de mi casa. Parece que no les llega el agua del Ayuntamiento. Cada vez veo menos árboles en las ciudades. A finales de los ochenta se impuso la tendencia de sustituir las replacetas con árboles por losas de cemento. Hoy en determinadas avenidas solo veo torres de pisos y tal vez setos de aligustres adornando, pero poquísimos árboles, y la gente refugiada en casa con los aires acondicionados. Ahora que nuestros montes están achicharrados, se debería revisar la situación de los bosques y las zonas verdes de la ciudad. Que podamos sentarnos a la sombra de un frondoso árbol en alguna de nuestras plazas sin necesidad de salir a los pueblos para distinguir una acacia de un platanero. | Adela Benito Gil. Zaragoza
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