Ceuta y Melilla son defendibles, pero no pueden resistir solas

Las guarniciones dificultan un golpe rápido, aunque la alerta, los accesos y la decisión política marcarían el desenlace

La Razón, Esteban García Marcos, 14-08-2026

Ceuta y Melilla cuentan con fuerzas capaces de oponerse a una incursión y ganar tiempo. Ninguna de las dos ciudades podría sostener sola una guerra prolongada. Marruecos tendría a favor la cercanía y la posibilidad de concentrar tropas junto a la frontera. España conserva una ventaja conjunta en el aire y en el mar. La defensa se decidiría fuera de las murallas.

El margen depende de tres requisitos: detectar a tiempo la amenaza, mantener abiertos los accesos desde la Península y asumir que un ataque local afectaría al conjunto del Estado. Sin ellos, la geografía castiga con dureza, al ser dos territorios que están aislados del resto del espacio nacional.

Ceuta

ocupa alrededor de 20 kilómetros cuadrados y tiene 83.600 habitantes. Su mejor seguro está al otro lado del Estrecho: Algeciras queda a pocas decenas de kilómetros y la línea marítima mueve al año un volumen elevado de pasajeros, vehículos y mercancías. Esa cercanía facilita el envío de refuerzos y suministros. La pega es que la ciudad carece de aeropuerto convencional y el helipuerto sirve para trasladar personas, heridos o material urgente. Nunca podrá reemplazar a los ferris para el transporte pesado o el trabajo que haría un Airbus A400M al mover mucho material a gran velocidad.

Combustible y alimentos

Melilla reúne 86.800 habitantes en unos 14 kilómetros cuadrados. Dispone de aeropuerto y de rutas marítimas con Málaga, Almería y Motril. Parece una red más variada. Sin embargo, todas las mercancías pesadas terminan pasando por el mismo puerto. El avión da una salida parcial. El combustible, los alimentos y el material de gran tonelaje seguirían llegando por mar,

a una distancia bastante mayor que la que separa Ceuta de Algeciras.

Las dos son ciudades, no bases aisladas. En un ataque habría que mantener hospitales, agua, electricidad, telecomunicaciones y orden público mientras decenas de miles de civiles buscan protección. La desalación reduce la dependencia de recursos hídricos exteriores, pero liga el agua a la energía, al combustible y a los repuestos. Si falla una pieza de la cadena, el problema se extiende a las demás.

Las guarniciones elevan el precio de cualquier intento de ocupación.

Ceuta y Melilla albergan unidades de La Legión, Regulares, Caballería, Artillería, Ingenieros y apoyo logístico. Las páginas oficiales de Defensa detallan esa estructura. No publican una cifra operativa actualizada ni revelan cuántos efectivos estarían disponibles en un día concreto, pero se han movilizado más tropas para el último asalto a la frontera, por lo que es de esperar que no fuera sostenible a largo plazo la cifra que se acumula actualmente.

Su cometido sería impedir una entrada sin oposición y ganar tiempo hasta la llegada de apoyo. Para aguantar una campaña larga necesitarían a la Armada, al Ejército del Aire y del Espacio y a las unidades enviadas desde la Península. También harían falta inteligencia, comunicaciones seguras y una cadena de mando capaz de reaccionar antes de que un incidente quedara consumado.

Marruecos partiría con la ventaja local. Puede desplazar fuerzas por carretera dentro de su territorio y mantener líneas de abastecimiento mucho más cortas.

Sus Fuerzas Armadas han incorporado carros Abrams y helicópteros Apache, operan cazas F – 16

y avanzan en drones y defensa antiaérea. Los 25 F – 16 Block 72 autorizados por Washington todavía no constan públicamente como entregados. Una autorización de venta de EE UU tampoco equivale a un sistema listo para combatir, ya que es un proceso mucho más largo.

España juega con más cartas si la mirada se amplía. Cuenta con una fuerza aérea mayor, fragatas de defensa aérea, submarinos, buques anfibios y medios logísticos de los que Rabat no dispone en la misma combinación. El submarino S – 81 Isaac Peral participó este año en una operación de alta intensidad de la OTAN. La operación «Presencia Reforzada» reunió medios terrestres, navales, aéreos, cibernéticos y espaciales en el Estrecho y el mar de Alborán.

Las cifras presupuestarias pesan. El Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI) calcula que

España destinó 40.200 millones de dólares a defensa en 2025, frente a los 6.300 millones de Marruecos.

La relación supera el seis a uno.

Ese dinero no se traduce de forma automática en fuerzas listas junto a Ceuta o Melilla, pero da a España más capacidad industrial y económica para una guerra que se alargue.

La cuestión de los peñones

Los peñones plantean otra clase de problema. Chafarinas, Alhucemas y Vélez de la Gomera mantienen pequeños destacamentos sostenidos desde Melilla por mar y helicóptero. Su tamaño impide pensar en una resistencia autónoma durante mucho tiempo. Los soldados sirven de presencia soberana, alerta y freno frente a una ocupación silenciosa. Si una fuerza estatal decidiera aislar una de esas posiciones, la respuesta tendría que llegar desde fuera.

Alborán está administrativamente vinculada a Almería y cuenta con presencia de la Armada. La ausencia de acceso terrestre directo mejora su posición respecto a los peñones pegados a la costa, aunque depende igualmente del suministro exterior. Perejil es un caso aparte: España y Marruecos restauraron en 2002 el estado previo de desocupación y dejaron intactas sus respectivas posturas sobre la soberanía.

El respaldo aliado contiene una situación que podría considerarse paradójica con el artículo 6 del Tratado del Atlántico Norte: limita geográficamente la aplicación del artículo 5 y no incluye de forma clara el suelo de Ceuta y Melilla, situado en África. La OTAN podría reunirse a petición de España mediante el artículo 4 y un conflicto alcanzaría con facilidad buques, aeronaves o territorio peninsular protegido. Aun así, la respuesta exigiría consenso y cada aliado decidiría qué ayuda presta.

La Unión Europea ofrece una base jurídica más directa. El artículo 42.7 del Tratado de la UE obliga a los demás Estados miembros a prestar ayuda y asistencia «con todos los medios a su alcance» a un socio que sufra una agresión armada en su territorio. Ceuta y Melilla son territorio español y forman parte de la Unión, pese a sus particularidades fiscales y aduaneras.

Bruselas, eso sí, carece de un mando militar comparable al de la OTAN y cada capital elige los medios de su asistencia.

Washington ha añadido una nota de complejidad que hace la situación todavía más precaria para España. En un informe de la Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes que acompaña al proyecto presupuestario describió este año Ceuta y Melilla como ciudades administradas por España «situadas en territorio marroquí». La frase no forma parte del articulado, no es ley ni expresa la posición del Ejecutivo estadounidense. Es una señal política que Madrid haría mal en ignorar.

Aún no consta el Plan de Seguridad para Ceuta y Melilla en la Estrategia de Seguridad Nacional

Una invasión convencional sigue siendo muy improbable. Marruecos tendría que aceptar una guerra con un vecino de mayor presupuesto, arriesgar su relación con la UE, dañar un comercio bilateral que supera los 22.500 millones de euros anuales y distraer fuerzas pendientes de Argelia y del Sáhara Occidental. También pondría en peligro la cooperación migratoria, antiterrorista y policial, junto con la organización compartida del Mundial de 2030. A esto hay que añadir que, sobre el papel, las relaciones entre ambos países son buenas y existe un entendimiento y una cooperación por ambas partes. Sin embargo, en los medios se puede escuchar de forma repetitiva que Marruecos actúa en lo que comúnmente se conoce como la zona gris, un punto muy inferior de provocación como para llevar a cabo una escalada bélica, pero que socava la posición del país que recibe su ofensiva.

La presión por debajo del umbral de la guerra resulta más verosímil. La llegada de decenas de miles de personas a Ceuta los pasados días 30 y 31 de julio

desbordó durante horas a una ciudad cuyo número de habitantes es similar al de quienes cruzaron.

El Ministerio del Interior estimó 72.000 entradas y unos 70.000 retornos posteriores; Rabat ofreció cifras inferiores y negó haber organizado el movimiento.No fue una invasión. Los migrantes eran civiles. El episodio mostró, sin embargo, la rapidez con la que pueden quedar saturadas la Policía, la sanidad, el alojamiento, las comunicaciones y el mando político. Y dejó al descubierto un fallo de alerta: el Gobierno admitió que no había anticipado la dimensión de la crisis.

La Estrategia de Seguridad Nacional del año 2021 incluyó un Plan Integral de Seguridad para Ceuta y Melilla. Una respuesta parlamentaria fechada en abril de 2025 reconoció que el documento continuaba en preparación. Tras la crisis de este verano no consta públicamente un plan final, aprobado y ensayado. Cinco años es demasiado tiempo para dos ciudades donde cada hora de aviso cuenta.

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